Economía / 1 de Mayo de 2015

Casi como en el 2001

Sin competitividad por falta de inversión y presión impositiva.

OPERATIVOS. El mercado paralelo de divisas se tranquiliza a fuerza de represión.

El tipo de cambio real no es una medida precisa de la competitividad, ni de su ganancia o pérdida. Por ejemplo, en un escenario de apreciación real, el tipo de cambio sólo mide la pérdida de competitividad generada por “una inflación ganándole al tipo de cambio nominal”. Sin embargo, el tipo de cambio real no capta la pérdida de competitividad que se podría generar por un aumento de la presión tributaria. Es decir, sería como si el tipo de cambio real midiese la competitividad antes del pago de impuestos. En este contexto, a igual tipo de cambio real y mayor presión tributaria, se estaría sobrestimando la competitividad, que efectivamente es menor. Del otro lado, entre dos momentos del tiempo con el mismo tipo de cambio real podría haber una mejora de la competitividad. ¿Cómo? Si en el período entre ambos momentos hay un fuerte proceso de inversión que mejora la productividad, la competitividad aumenta a pesar de enfrentar el mismo tipo de cambio real.

Actualmente el tipo de cambio real contra el dólar se ubica en niveles similares a los del 2001 y de seguir hasta fin de año la actual política de dólar cuasi fijo, el dólar real se deslizaría 6 puntos porcentuales, por debajo del nivel de la salida de la Convertibilidad. Si al efecto de la inflación sobre la apreciación se le agrega el impacto del aumento de la presión tributaria (Nación + Provincias), que se duplicó durante el período de análisis, se puede concluir que actualmente la competitividad efectiva de la economía es menor que en 2001; lo cual explica los actuales problemas del nivel de actividad.

En pocas palabras, la inflación y el aumento de la presión tributaria han conducido a nuestra economía hasta un punto en el que el tipo de cambio real ajustado por incremento de la presión tributaria y la competividad son sustancialmente más bajos que en 2001, afectando negativamente el nivel de actividad.

Precio y dólar atrasado. Justamente, el sector agro exportador, el sector más dinámico de la economía argentina, resulta paradigmático en ese sentido: a pesar de que el precio actual de la tonelada de soja (US$ 350) duplica con creces a su precio anterior a la Convertibilidad (US$150), la competitividad-precio efectiva del sector agro exportador se encuentra hoy en los mismos niveles del 2001. A fin del 2015, la competitividad precio efectiva del sector se ubicaría 11 puntos porcentuales por debajo del nivel de hace 14 años atrás.

¿Cómo puede ser que se siga produciendo con la misma competitividad precio que en el 2001? Sencillo: el sector  ha invertido y aumentó su  eficiencia y productividad. Este salto de la productividad contribuyó a compensar parte de la competitividad perdida por mayor presión impositiva (retenciones) y por el avance de los costos medidos en dólares. La producción de soja, por ejemplo, no solo aumentó por las hectáreas promedio sembradas (+ 43% entre los 90 y los 2.000) sino por un salto en el rendimiento por hectárea.

 

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