Opinión / 3 de Mayo de 2015

Bailes de disfraces

Hipocresía viene del griego: “responder con máscaras”. En las PASO porteñas, los opositores mostraron cuánto aprendieron de los K.

Por

Tras la derrota, Michetti negó que pueda ser la vicepresidenta de Macri.

Hay quienes (desde la psicología, la sociología y la politología) celebran que exista la condición humana de ser hipócritas. ¿Qué festejan? Suena fácil: que si todos dijéramos todo el tiempo exactamente lo que pensamos y nos mostráramos siempre tal cual somos, esto sería un monumental despelote sin arreglo y la posibilidad de agradarles a los otros para alcanzar consensos, una utopía de dudosísimo alcance.
Los resultados, sin embargo, ponen en duda la efectividad de tan extendida como supuesta “ventaja”. En cualquier encuesta de opinión pública, desde hace años la mayoría suele asociar la palabra política a “mentira”. El lío parece ser nuestra especialidad histórica. Y los consensos sobre cosas fundamentales, zanahorias para matungos rutinarios.
La hipocresía es una sofisticación de la mentira. Implica, más que decir aquello que no es, cierto adiestramiento en la capacidad de actuar aquello que no se es. El copyrigth original les cabe, como tantas especialidades de lo público, a los griegos. Hypokrisis quiere decir “actuar” o “fingir”. Si desagregamos el término, hypo significa “máscara” y crytes, “respuesta”. Un hipócrita es aquel que desarrolla sus respuestas poniéndose la careta más apropiada para cada ocasión. Pues bien, las PASO porteñas fueron una verdadera fiesta de disfraces.

Partamos de la base de que, en política, hasta el último orejón del tarro se actúa siempre ganador. De lo que sea, hasta de no haber existido pero con una gran experiencia acumulada en tan corto tiempo, como Guillermo Nielsen, el al cabo inexistente candidato de Sergio Massa en la CABA.
Y ya que hablamos de festejos inexplicables, imposible dejar de citar los del Frente para la Victoria en la tarde-noche del domingo 26. Los seguidores de Mariano Recalde se vistieron de “segunda fuerza” mientras les dio el cuero para la pantomima, desplegando un arte que los consagró durante más de una década: exhibirse más por lo que desean ser (o mejor dicho, como desean ser vistos) que como en realidad son.
Porque el segundo de veras era Martín Lousteau, quien también viene haciendo gala de mostrar solo la parte de sí mismo que pretende que sea vista para ser considerado opositor tanto al macrismo como al kirchnerismo. Lo doblemente curioso es que Lousteau pertenece a una coalición encolumnada tras Mauricio Macri vía Elisa Carrió más la UCR y saltó a la fama política primero como presidente del BAPRO (una de las principales cajas K de la primera hora) y luego como ministro de Economía de CFK y autor de la tristemente célebre Resolución 125. A todo eso llegó de la mano de su padrino político, Alberto Fernández, ex jefe de Gabinete de Néstor y Cristina que, al igual que Lousteau ahora, juega a no tener pasado. El periplo despasadizante de ML gozó de un blanqueo mediático candidato a la envidia de Martín Redrado; gracias a sus romances, affaires y casamientos con famosas. En estas PASO, Lousteau ofició de “antisistema” y corrió por izquierda tanto a socios como a ex socios.

Las loas y gestos de cariño para con Gabriela Michetti en los festejos del PRO en Costa Salguero, fueron tan tibios como hipócritas. La pava de la interna estaba demasiado caliente todavía, pero por más que se enfríe tardarán en perdonarla.
Es que Michetti, como Pedro con Jesús, negó tres veces a Macri. Una: al no aceptar lanzarse en territorio bonaerense. Dos: al no aceptar preservarse como candidata a vice. Y tres: al persistir en una precandidatura porteña que, de última, fue su mejor aporte (gracias a su “terquedad”, ahora el PRO irradia democracia interna).
Al agradecer en Facebook a quienes no le soltaron la mano en la campaña, Gaby le dedicó un párrafo especial a su pareja, el lobbysta Juan Tonelli, fundamental en el armado y coordinación de sus equipos. Ni ella ni nadie quieren hablar en público hoy de la soledad que la embarga. Ella la considera impuesta y sus rivales, autoimpuesta. Pero de esa soledad hablan todos y será el tema principal del retiro catártico que el empequeñecido pero naciente “michettismo” tendría este fin de semana en Mar del Plata u otro lugar indefinido al cierre de esta edición.
Digamos con Bertolt Brecht: cuando la hipocresía comienza a ser de mala calidad, es hora de comenzar a decir la verdad.

 

3 comentarios de “Bailes de disfraces”

  1. y?..hay que ir de frente..sincero..integridad absoluta..o sea.. la verdad total, amen de ingenuo e infantil, pretender tamaña utopía es casi hasta irresponsable..Zunino deja vos ser tan hipócrita escribiendo estas gansadas!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *