Opinión / 7 de mayo de 2015

Ser pobre ¿es cool?

Las modelos de la Villa 31, otro bocado para el fetichismo fashion que se alimenta de marginados.

Por

Guido Fuentes, vecino boliviano de la Villa 31 que creó una agencia con modelos reclutadas en el barrio, está feliz por la convocatoria que dice haber recibido. Los empresarios de alta costura Dolce&Gabbana quieren que tres de sus chicas desfilen para la marca en Milán. Cumplirán así -dice él- el sueño de sus vidas. Montarse a la misma pasarela que pisan las modelos más caras del mundo, aunque las nuestras todavía están viendo cómo costearán los pasajes no incluidos en la invitación (ya que se metían en un experimento clasista, los D&G podrían hacerlo completo); y caminar frente a una platea remilgada que las escrutará como a los aborígenes que llevó Colón a España. Completo estaría el sueño si la reina madre de las fashionistas, Anna Wintour, les hiciera el honor de verlas pasar, aunque más no sea para bajarles el pulgar.

Sueño o pesadilla, al menos las chicas participarían por propia voluntad en el circo de la industria de la moda que, cuando no encuentra ideas más originales, busca inspiración en la pobreza. A otras “musas” ni se les consulta si desean convertirse en fetiches del fashion-victimismo globalizado. Como aquel indigente de Ningbo, que hace un par de años fue consagrado como el hombre más cool de China y líder de estilo para una banda de seguidores web. El pobre Cheng Guorong, un débil mental que deambulaba por la calle con ropa superpuesta, se convirtió en inspiración prêt-à-porter cuando un fotógrafo reparó en el parecido entre su look y  un desfile de -casualmente- Dolce & Gabbana.

El recurso de adjudicarle encanto a la pobreza y simularla en contextos de glamour ya está bastante gastadito. La diseñadora británica Vivianne Westwood ofreció, a su turno, la colección  Homeless Chic y la argentina Jessica Trosman  pudo mostrar sus prendas por primera vez en Milán (¿ciudad marginales-friendly?) gracias a lo que llamó su Homeless Style. La artista textil definió las creaciones  como “vagabundo sofisticado: un mendigo con sentido del diseño que hace sus trajes con bolsas de nylon, pliegues y formas envolventes”.  Capusotto: no nos prives de este personaje.

El fetichismo por los pobres de carne y hueso aparece también cada tanto en algunas revistas de moda que viajan al norte argentino para escenificar sus sesiones fotográficas en decorados naturales. La utilería suele incluir cactus, cacharros de cerámica, telar, y gente de rasgos andinos ataviados en su cancherísima simplicidad. El contraste con el brillo de las tendencias barrocas “da” brutal. Y es brutal.

*Editora Ejecutiva de NOTICIAS.

Seguí a Alejandra en Twitter: @alejandradaiha

 

3 comentarios de “Ser pobre ¿es cool?”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *