Empresas / 13 de mayo de 2015

RED INNOVA

Unir las ideas con el capital

Crece la movida global por el uso cotidiano de tecnología. Cambia la vida de la gente.

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CUMBRE GLOBAL. Las dos ediciones anteriores coparon el Auditorio Buenos Aires con desarrolladores, empresarios e inversores.

“La innovación no está pasando por las grandes empresas, y los ejecutivos lo saben.  Whatsapp, Spotify, Paypal, Netflix… No salieron de Telecom, ni de Sony, ni de un banco ni de una productora de películas, sino de garages. La tecnología barata y de código abierto hace que lo nuevo brote todo el tiempo en todas partes. La gran corporación se dio cuenta de que necesita de los emprendedores para innovar” asegura Pablo Larguía. “Y para eso está pensada nuestra red, para reunir las ideas con el capital”.

Larguía, de Red Innova, sabe de lo que habla. Él mismo es un veterano de los emprendimientos tecnológicos: en 1999 cofundó Bumeran.com, el portal líder en la búsqueda de empleo, que vendió por diez millones de dólares tres años después, con solo 25 años. Pertenece a esa mítica primera generación de fundadores digitales, junto a su hermano Constancio Larguía, Wenceslao Casares, Marcos Galperin y otros que hoy, rozando los cuarenta años, ya son eminencias en su sector. Larguía hizo algo inusual: se dedicó a producir teatro, casi lo opuesto a internet. Pero volcó su pasión por el emprendedorismo en Red Innova, una conferencia de tecnología, creatividad y negocios concebida como un punto de encuentro entre los start ups y la industria.

Mundo de aplicaciones. La edición de Red Innova en Buenos Aires es, en realidad, la número 15 a nivel global: las otras doce sucedieron en Madrid, Nueva York y Sao Paulo. “El objetivo del encuentro es mostrar innovación y visibilizar tendencias, hablar del futuro y promover el networking”, explica. Para eso, están invitados Rafael Stenhausser, presidente de Qualcomm Latam; Marcelo Cabrol, manager del BID; Marcos Galperin, CEO de Mercado Libre; Eduardo Mangarelli, director de Tecnología de Microsoft y también el comediante brasileño Murilo Gun, profesor de Singularity University, y los emprendedores Rodrigo Pérez Weiss y Gino Tubaron, de Darwin Research, que el año pasado crearon una mano ortopédica en impresión 3D gracias a modelos de código abierto. Este año se suma una competencia de start ups para la que fueron seleccionadas treinta finalistas de toda América latina. Ahora bien, ¿todo lo nuevo viene en formato de aplicación? Larguía precisa: “Lo que pasa es que la app es una especie de control remoto universal. Como casi todos tenemos un celular en el bolsillo, los desarrollos tecnológicos más importantes están en el sector móviles: la applicación es apenas el acceso a todo lo que podés hacer. Pero también están pasando cosas muy interesantes en la nube, y en la internet de las cosas”. El emprendedor pasó parte del 2014 estudiando en Singularity University, la selectiva cátedra de innovación del MIT (Massachusetts Institute of Technology), que busca aplicar las nuevas tecnologías a la resolución de problemas estratégicos como la escasez de agua potable o el aprovechamiento energético. Desde esa experiencia, Larguía ve cambios inminentes en la vida cotidiana y la estructura de negocios. “Todo lo creado por seres humanos podría actualizarse a la tecnología de hoy. Todos los objetos se pueden conectar para enviar información. El precio de la tecnología sigue bajando, y el costo de almacenamiento tiende a cero. Cuando arrancamos con Bumeran.com, teníamos que gastar un millón de dólares en Oracle y Sun para comprar servidores. Hoy Amazon Web Services alquila el espacio y permite que miles de jóvenes puedan liberar sus iniciativas con menos capital. Acelera los cambios”, explica.

Futuro y cambios. ¿Cuáles serían las áreas que cambiarán más en los próximos años? Larguía apuesta en primer lugar a la salud y a la biotecnología: “Un hospital hoy es completamente ineficiente, la información no circula. Hay un gran campo para la telemedicina: podríamos usar sensores que controlarían a cada momento cómo está nuestro cuerpo y dispararían alarmas cuando fuese necesario, en vez de hacernos análisis una vez al año, y recién ahí consultar al médico, en forma presencial o remota. Ya se puede pensar en hackear el cuerpo humano para ralentizar el envejecimiento -se entusiasma-. Es cuestión de precio, y los costos siguen bajando. La compañía 23andme permite leer la propia genética por unos mil dólares, y así saber a qué enfermedades uno es propenso. Cuando la máquina se abarate, se hará masiva. Hoy solo los grandes laboratorios tienen el instrumental necesario para los estudios de alta complejidad, pero imagino de aquí a cinco años un laboratorio mundial donde hacer un test sea un commoditie”. Según la fantasía de Larguía, hasta se podría crear una suerte de makerspace de biotecnología, donde los emprendedores puedan probar sus prototipos.

Y piensa en la revolución de las finanzas: “No puede haber más comisiones en el negocio financiero, es un delirio, el privilegio de unos pocos, los métodos de pago se van a simplificar. Estamos a un paso de la billetera electrónica, algo así como la fusión de Whatsapp con el banco”.

Y por último elige la educación, otra burbuja donde todavía unas pocas instituciones monopolizan pagos y prestigio. “Hay que repensarla por habilidades y no por títulos: crece el trabajo remoto de las redes de capacitación”, argumenta Larguía.

Seguí a Marcela en Twitter: @marbasch

 

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