Empresas / 18 de mayo de 2015

NIETO SENETINER

Industria que resiste

En los últimos 25 años, el vino se posicionó como la marca país por excelencia, pese a la economía mundial y el mercado interno.

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VIÑEDOS CENTENARIOS. En el valle de Vistalba, Luján de Cuyo, Mendoza, a 900 metros sobre el nivel del mar. Casi 400 hectáreas, tres fincas y suelo y clima excepcionales. Vino competitivo.

“No hay vino de calidad sin uvas de calidad”, asegura Federico Ruiz (43), ‘brand ambassador’ de la tradicional bodega, o sea el embajador de la marca. Un modelo de marketing que tiene su fuente en el corazón de Luján de Cuyo, en el Valle de Vistalba, Mendoza, a 900 metros sobre el nivel del mar. Las características excepcionales del suelo y del clima de las casi 400 hectáreas de Nieto Senetiner, repartidas en tres fincas, hacen lo demás: vinos de primera calidad de 50 a 100 pesos en supermercados y, además, etiquetas “premium” de exportación, las selectivas.
La situacion macro de la industria del vino podría asemejarse a la poblemática de otras economías regionales: la inflación, el tipo de cambio atrasado y la distorsionada relación de precios respecto a los costos complica el horizonte de los negocios locales. Sobre todo en un mercado interno donde ya hace un tiempo se nota el deterioro del poder adquisitivo de los sectores medios. Sin embargo, el 25% de lo que se produce se exporta, con mayor valor agregado, lo que ayuda en parte a equilibrar las cuentas.
De inmigrantes y holdings. De todos modos, la empresa tiene espaldas: fundada por inmigrantes italianos en 1888, en 1969 es adquirida por las familias Nieto y Senetiner, quienes amplían las instalaciones y desarrollan los viñedos. Hasta que en 1998 pasa a formar parte del Grupo de Negocios de Molinos Río de la Plata. Su filosofía todavía resiste: “Invertir y reinvertir tanto en las fincas como en la tecnología de procesos”, como dicen en la bodega.
Noticias: Más allá de dificultades coyunturales, ¿cómo definiría la situación de la industria?
Federico Ruíz: Después de 25 años de trabajo, nos va muy bien en algunos mercados. No hay que olvidar que la industria empezó una transformación importante en los ’90, hubo inversiones en viñedos y bodegas y se fueron sumando tecnología y enólogos de primer nivel internacional. El emblemático Malbec, difícil de repetir en otras regiones del mundo, se convirtió en la punta de lanza del despegue. Ese proceso explosivo se mantuvo, pero de acuerdo a las altas y baja de la macroeconomía local e internacional. Y también de acuerdo a los cambios de hábitos de la población.
La invasión de aguas saborizadas, jugos concentrados o en polvo, con agregados de vitaminas, cervezas de distinta graduación alcohólica, y gaseosas comunes o sin azúcar trastocó el mercado.
Noticias: ¿La caída del consumo de vino per cápita en el mercado interno no limita el desarrollo del sector?
Ruiz: Es verdad que el descenso del ‘per cápita’ de consumo de vino común bajó desde los 70 litros por habitante a menos de 30 litros (en realidad es una tendencia mundial, también sufren el descenso del consumo, desde hace varios años, países tradicionales como Francia, Italia y España). Eso impuso cambios en las compañías basados en un mercado menor pero de mayor calidad. Ahora bien, la industria sigue firme en defender vinos de buena calidad a un precio accesible de 40 pesos, más o menos cerca de la cerveza, cosa de pelear tanto los canales masivos como el segmento premium.
Noticias: ¿Las inversiones, incluso extranjeras, fueron a infraestructura o a mejorar los procesos de elaboración?
Ruiz: Las inversiones, no solo extranjeras, cambiaron drásticamente la infraestructura de nuestras bodegas más tradicionales con instalaciones dotadas de tecnología y procesos menos contaminantes. Para darle solo un ejemplo: se generalizó, de acuerdo a la tendencia mundial, el método de elaboración por “gravedad”, que evita bombeos excesivos, a presión, en el proceso. El camión con la uva sube, va a la molienda, al tanque de fermentación y finalmente a la barrica en una secuencia descendente que respeta el reposo que exige el producto de calidad. Así se evitan, de paso, ciertas levaduras (microorganismos) que se desarrollan en la etapa de la guarda, a favor de las naturales. Tampoco se rompe el grano y nosotros, por ejemplo, contamos con naves de 40 tanques en los que se monitorea y regula la temperatura ambiente todo el tiempo.
Noticias: ¿Es posible compensar la debilidad del mercado interno con el exportador?
Ruiz: Nosotros pensamos en un buen balance interno-externo, trabajamos vinos de valor de 40 o 50 pesos para arriba hasta vinos exclusivo de vinotecas. Las marcas Benjamin, Emilia y el espumante, por ejemplo, participan del consumo masivo (supermercados y mayoristas) y también tenemos otras más selectivas. Tratamos de diversificarnos todo el tiempo. Incluso llevamos nuestros productos a restaurantes: a unos 1.000 los atendemos directamente. Claro, tenemos contención: desde el 2000 exportamos a 20 países de manera estable, por supuesto con los riesgos de los vaivenes de la situación económica internacional. Para la bodega, el mundo se divide en cuatro: Latinoamérica (de México para abajo y con oficina propia en San Pablo, Brasil); Norteamérica (Estados Unidos, el principal mercado en cuanto a poblacion, consumo per cápita y potencialidad, y Canadá); Asia y Sudeste Asiático (Japón es el mercado más maduro y China explotó en compra de vinos importados de su gobierno para eventos y regalos, es un mercado que no tiene techo, aunque momentáneamente decayó un poco) y Europa (Gran Bretaña, Alemania, Holanda y países escandinavos). En una palabra: el negocio se mantiene porque el consumo subsiste y crece levemente. Tal vez la gran ventaja de esta industria sea contar con una gran atomización de empresas, que no dependen de grandes grupos dominantes como los que prevalecen en el mercado de las bebidas espirituosas.

 

Comentarios de “Industria que resiste”

  1. 17-10-45 :
    ¿ sabrá algún cangrejo si ahicito la pirámide han puesto alguna/o/s entes las patas en las fuentes?

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