Cultura / 28 de Mayo de 2015

JAVIER CERCAS

El marketing de las víctimas

En su última novela, el escritor español toca un tema políticamente incorrecto: la memoria histórica como industria y materia para el engaño.

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EL HOLOCAUSTO. ¿Cómo se puede mentir acerca de algo tan grave?, se pregunta Javier Cercas. Sin embargo, el exterminio perpetrado por los nazis inspiró grandes historias falsas.

En 2005, un gran escándalo sacudió a la opinión pública de España y tuvo réplicas en el mundo entero. Enric Marco, presidente de la Amical de Mathausen, la institución que congrega a las víctimas españolas del nazismo, fue desenmascarado. Un historiador descubrió que el testimonio de su internación en el campo de concentración de Flossenbürg durante la Segunda Guerra era mentira. Con el tiempo también se supo que la militancia contraria al régimen que declaró haber tenido durante el período franquista tampoco era verdadera.
Enric Marco era un mecánico, fue a Alemania enviado por el gobierno de Franco a trabajar en una fábrica y, de vuelta en tierra española, jamás tuvo ninguna actuación contra el régimen. Estuvo en la cárcel, sí, pero por robar y no por su resistencia al franquismo.
Si una marca de la literatura de Javier Cercas es el juego entre la realidad y la ficción, “El impostor” (Random House), en palabras de su autor, es la más verdadera de sus novelas. Aquella en donde todo lo que se cuenta sucedió en realidad. En este caso, es el personaje el encargado de ficcionalizar cada momento de su vida. Y al hacerlo, pone a Cercas en el camino de reflexionar sobre algunos temas trascendentes de la actualidad: el poder de la víctima, el crecimiento de la “mediopatía” (la adicción a los medios) y la construcción de una memoria que tranquilice la conciencia burguesa versus el trabajo en una historia verdadera que no nos cuente lo que queremos escuchar.
Si la literatura actual hace un culto de las biografías, las noticias periodísticas y los casos reales, Javier Cercas es uno de los escritores más destacados dentro de esta tendencia. “Anatomía de un instante”, “Soldados de Salamina” y “Las leyes de la frontera”, son sus novelas principales y en todas ellas la cuestión de lo real es central en la trama.
De visita en Buenos Aires, habló con NOTICIAS de medios, historia y del atroz encanto de los mentirosos.
Noticias: En “El impostor” usted vuelve una y otra vez sobre los temas de reflexión que le suscita la impostura de Marco. Como si no pudiera terminar de desarmar ese paquete.
Javier Cercas: Es que es indesarmable. La literatura formula preguntas pero no da respuestas. Por eso, entre otras razones, este libro es una novela y no una crónica periodística o una biografía. Todas las novelas son una búsqueda de respuesta. Y no hay una respuesta sino la propia búsqueda de una. En última instancia, quien tiene la respuesta es el lector.
Noticias: ¿Enric Marco está loco?
Cercas: Marco miente para que lo acepten, para que lo admiren o lo quieran, por lo mismo que yo me dediqué a escribir novelas. En ese sentido, este hombre es un espejo monstruoso de lo que somos. Todos hacemos las cosas por eso, solo que él es capaz de violar las normas que los demás aceptamos. Quiero hacer un ensayo que se titule “La literatura como hipérbole”, como exageración monstruosa de lo que hacemos. Macbeth es una hipérbole monstruosa de la ambición. Hamlet es una hipérbole monstruosa de la autoconciencia y Shakespeare nos muestra hasta dónde es capaz de llevar al hombre la autoconciencia: hasta matarse a sí mismo y matar a todos alrededor. Pues Marcos es una hipérbole monstruosa de la impostura. Y todos tenemos un poquito de Marco. Todos soñamos con ser otros. Pero Marco va y lo lleva a cabo, prescindiendo de las reglas de respeto a la verdad, a la decencia.
Noticias: Usted habla en su libro de la “industria de la memoria”. Para los argentinos esta industria es una realidad. ¿Por qué todos “compramos” este marketing del pasado y sus víctimas?
Cercas: Es una pregunta fundamental del libro. La primera es cómo un hombre fue capaz de mentir acerca del crimen más monstruoso de la humanidad. Pero hay otras preguntas no menos fundamentales: ¿cómo es que todo el mundo se lo creyó a Marco? Y ahí sí hay muchas repuestas. Una de ellas es que Marco contaba aquello que la gente quería escuchar. Su versión del pasado era edulcorada, digerible, tranquilizadora, romántica y sentimental. Los franquistas eran los malos y nosotros éramos los buenos. Una versión sin eso que Primo Levi llamaba las “zonas grises”, los lugares equívocos donde las víctimas se convierten en verdugos y los verdugos en víctimas. Una versión de la historia sin las ironías atroces ni las contradicciones espantosas que tiene la verdadera historia. Una versión kitsch y mentirosa. Y la gente estaba encantada. ¿Por qué no lo cuestionamos? La respuesta es universal: por la sacralización de las víctimas, la conversión de las víctimas en héroes. Las víctimas merecen todo el apoyo y la comprensión, pero no son necesariamente héroes. A Marco no se le podía poner en duda porque era un héroe. Y hay más cosas: por ejemplo, la memoria ha adquirido un volumen desproporcionado hasta el punto de que ha ocupado el lugar de la historia. Eso es lo que llamo el “chantaje del testigo”, es decir, hay que tenerlo en cuenta en cualquier circunstancia y es imprescindible, pero eso no significa que el testigo tenga la verdad, porque puede equivocarse, recordar mal, querer engañar. Marco, como tantos otros, reúne esas condiciones: es un héroe, un testigo y encima cuenta lo que todos quieren escuchar, la versión bonita. Cuando investigaba esto, una periodista me decía: “Es que nos lo daba todo hecho. Le poníamos el micrófono y nos contaba todo. No hacía falta trabajar”, mientras que las verdaderas víctimas no querían hablar o lo que contaban eran cosas sin mucho interés. Mientras que Marco les contaba “Lo que el viento se llevó”.
Noticias: Usted habla de la mediopatía como adicción a los medios. ¿Cómo hacemos los medios para no entrar en el juego de los mediópatas?
Cercas: Es la enfermedad de nuestros tiempos. Entiendo a los periodistas que me decían: “me lo daba todo hecho. Con este tipo, ponías un micrófono y el rating subía. Ponías a un verdadero testigo y el rating bajaba”. Lo llamaban para todo y ahí los medios de comunicación tienen una responsabilidad descomunal en esto que llamamos la “industria de la memoria”, porque es una perversión de algo muy bueno. Marcos es un fruto de los medios de comunicación y, en cuanto a la mediopatía, eso es exactamente fruto de nuestra sociedad actual. Si hay algo que define el mundo que vivimos, y esto Marco lo vio como nadie, es que es una sociedad esencialmente mediática donde los medios de comunicación no solo reflejan la realidad sino que la fabrican. Hay una frase de una amiga de Umberto Eco perfecta: “Umberto, cada vez que no te veo en la televisión, me pareces más inteligente”.
Noticias: Los medios en todo el mundo viven también una gran crisis económica y, por lo tanto, de producción.
Cercas: Si los medios se dedican a propagar la mentira dejarán de tener la confianza de los lectores inteligentes. Uno de los leitmotiv de este libro es que las mentiras puras no se las cree nadie, en cambio, las buenas mentiras se amasan con pequeñas verdades. Necesitan tener el sabor de la verdad para ser creíbles, y en esto Marco era genial. Detrás de todas sus mentiras siempre había una verdad que dotaba a esa mentira del sabor de la verdad.
Noticias: Uno no puede parar de preguntarse a lo largo del libro qué es verdadero y qué es ficción.
Cercas: Este libro es una novela sin ficción. Todo lo que ahí se cuenta es tal como ocurrió.
Noticias: ¿Cuáles son los materiales de sus novelas?
Cercas: Aprovecho el periodismo, la historia, el ensayo y absolutamente todo. Convierto la novela en un gran “cocido”, como le decimos en España. Hay chorizo, morcilla, garbanzos, verdura, todo. Tengo una idea de la novela como género de géneros, donde cabe todo. La ficción pura no existe y es un invento de los que no saben. La ficción tiene interés porque su carburante es la realidad.

 

 

Comentarios de “El marketing de las víctimas”

  1. Uhhh de eso aca tenemos de sobra de mentiroros “desaparecidos” que despues aparecieron y cobraron claro y de “torturados” que 30 años despues reconocen una voz. Prueba suficiente para una acusacion (y conveniente).

    SI algo saben los K es de marketing de la muerte, Nunca nadie se aprovecho tanto de ellos. Lo triste es que no hay pruebas de que hayan peleado o luchado por uno siquiera.

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