Opinión / 1 de junio de 2015

¿Es la economía, Ernesto?

La elección de Lucas Llach como compañero de fórmula de Ernesto Sanz concreta una tendencia. Por qué es moda elegir economistas heterodoxos y jóvenes.

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lucas llach

La elección del joven economista Lucas Llach como vice para la fórmula que presentará Ernesto Sanz en las PASO concreta una tendencia que están rumiando todos los candidatos presidenciales con cierta chance. Se trata de barajar el nombre de un economista para ocupar el lugar de vicepresidente. Scioli amaga con Kicillof, Massa orejea a Lavagna, Macri mide a Rogelio Frigerio (nieto). Más allá de los matices internos de cada opción partidaria, ¿cuál es el denominador común de esta moda de buscar -o al menos considerar- un economista como socio en la boleta presidencial? Para empezar, hay que aclarar que no se trata de cualquier economista: el perfil tiene que ser heterodoxo, sí o sí. Y salvo Lavagna, la mayoría tiene además un sesgo de renovación generacional. El mensaje que parecieran querer transmitir los presidenciables es que la economía será la prioridad urgente y la prueba de fuego de cualquier sucesor de la larga administración Kirchner. Y para eso piensan que ascender a sus economistas de posibles ministros a aspirantes a vice podría garantizar que el tema económico se mantendrá al tope de la agenda desde el día uno, y que las decisiones se tomarán con agilidad y sin interferencias. Otra lectura de esta moda preelectoral es la que dictan los sondeos de opinión: los encuestólogos aseguran que los votantes -no importa su color- temen que los cambios necesarios a la política económica sean demasiado bruscos, tanto que puedan empujar el péndulo argentino al viejo neoliberalismo noventista. Contra ese miedo al ajuste rabioso, el antídoto de elegir economistas jóvenes (que en los años 90 no hayan tenido la oportunidad de ser hiperprivatistas) y con modales gradualistas. Y por las dudas, tener al economista oficial bien cerca de la mirada presidencial, le quitaría al ministerio de Economía la autonomía simbólica que durante la gestión K se convirtió en anatema.

Pero es probable que todos estos cálculos de gurúes de campaña se diluyan a último momento, y la lógica para elegir al vice resulte ser finalmente otra, salvo para Sanz, que quizá se apuró a comprar la versión argentina de la fórmula yanqui: “¡Es la economía, estúpido!”

 

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