Danza / 11 de junio de 2015

El último vuelo de Paloma Herrera en Nueva York

Giselle. Coreografía de J. Coralli, J. Perrot y M. Petipa, según Kevin McKenzie. Paloma Herrera, Roberto Bolle, solistas y cuerpo de baile del American Ballet Theatre. Metropolitan Opera House de Nueva York.

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Paloma Herrera
DESPEDIDA. Paloma Herrera se despidió con “Giselle” y fue ovacionada por el público neoyorquino.

Decenas de argentinos colmaron la sala del Metropolitan de Nueva York para acompañar a Paloma Herrera, en lo que fue su despedida del American Ballet Theatre (ABT), elenco que albergó sus triunfos por veinticuatro años. En un verdadero clima de festejo, junto a sus fans neoyorquinos y de todo el mundo, la estrella argentina vivió una velada apoteótica.

La ovación que acompañó su entrada en el primer acto disipó cualquier recuerdo sobre el entredicho que Herrera mantuvo con la compañía por la elección del título que cerraría su carrera allí. Sin duda “La bella durmiente”, programada en principio por el ABT, no representaría adecuadamente su personalidad, a diferencia de esta emotiva “Giselle” capaz de morir por amor, preferida por la bailarina. La personal concepción de Herrera nos entregó a la protagonista sencilla y apasionada que habíamos conocido en el Colón de Buenos Aires el año pasado, segura de sus sentimientos hacia Albrecht, profunda en su mirada y natural en su gestualidad. Paloma es Giselle, porque cree serlo; esta regla tan simple dio como resultado una verdadera clase de actuación, sobre todo en la escena de la locura, tan verosímil como convincente. En el aspecto técnico, Herrera alcanzó niveles superlativos: eternos equilibrios –una de sus especialidades–, giros impecables, port de bras interminables, son parte de su sello personal. En el Acto II, la danza de Paloma tuvo la perfección de las grandes intérpretes, con matices dramáticos que denotan una cuidadosa preparación. El último arabesque antes de volver a su tumba al amanecer, tuvo la doble emoción de ser también el último paso de esta gran bailarina sobre el escenario que la consagró mundialmente.

El italiano Roberto Bolle fue el partenaire ideal para Paloma, por su estampa, su actitud dramática y una técnica perfecta (impresionantes sus entrechats six en el segundo acto). Myrtha, la reina de las wilis, tuvo en Devon Teuscher a una gran intérprete, y entre los comprimarios, otra argentina que integra la compañía –Luciana París– fue una elegante Bathilde. Primeras figuras del ABT (su compatriota Herman Cornejo, su entrañable amiga Julie Kent), junto a Ángel Corella –ya retirado del ABT en 2012, y uno de los partenaires preferidos de Paloma–, Irina Kolpakova (su maestra en el ABT, con sus esbeltos ochenta y dos años), Natalia Makarova, el director del ABT, Kevin McKenzie, maestros y finalmente su madre, Marisa Herrera, todos subieron al escenario para homenajear a telón abierto a esta gran artista, mientras una lluvia de pétalos caía incansablemente en medio de sostenidas ovaciones que coronaron el último vuelo neoyorquino de Paloma Herrera.

 

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