Showbiz / 27 de Junio de 2015

Moccia y el marketing del amor

Vendió más de dos millones de libros y sus películas son un éxito en Europa. Creó la costumbre de poner candados en los puentes.

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PUENTE DEL AMOR. En París, la idea de Moccia se transformó en costumbre, hasta que se retiraron los candados para no afectar la estructura.

El amor. Ese sentimiento que lleva a las personas a cometer las mayores locuras. Una fuerza capaz de desbordarlo todo. Incluyendo algo tan rígido como el Puente de las Artes en París, Francia. Donde en 2014, el amor devenido en candado con forma de corazón fue capaz de derribar parte de él. Es que desde inicios del siglo XXI, las parejas enamoradas pasaban por la cité de l’amour y sellaban el vínculo que los unía al tirar la llave en el río Sena. Esta costumbre, que se transformó en mito desde que la Comuna de París decidió retirar los candados porque el peso hacía peligrar la estructura del puente, le pertenece, en realidad, a un italiano.
Se trata del novelista Federico Moccia (51), quien pasó por Buenos Aires a presentar su novena obra llamada Ese instante de felicidad. La historia de un chico de 23 años, Nicco, que lucha por superar la muerte de su padre y rearmar su familia tras esa ausencia. En el camino el joven lucha entre el sentimiento de un viejo amor, y la oportunidad de enamorarse de María, una chica argentina de vacaciones en Roma. ¿Lo particular de esta historia? Que la protagonista cambia de nacionalidad según el país donde Moccia editó el libro.
Noticias: ¿Cómo surge la historia de Ese instante de felicidad?
Federico Moccia: Me gustaba mucho el hecho de encontrar a una persona joven que haya perdido a su padre, y que pensara en cómo hubiera sido su vida con él. En mi caso lo perdí cuando tenía 42 años, era un hombre. Entonces pensé en este joven de 23 años y en cuántas cosas iba a tener que vivir sin su padre, y qué difícil es muchas veces volver a encontrar el equilibrio en una familia cuando hay una pérdida tan grande.
Noticias: María, la joven de la cual se enamora el protagonista, cambia de nacionalidad según el país donde se editó el libro. ¿Cómo nace la idea de esa especie de multiculturalismo?
Moccia: Siempre pensé en esta idea. Inclusive antes de tener la historia. A veces las personas a pesar de estar muy cerca geográficamente son muy distintas. Pero cuando una chica argentina o colombiana llega a Roma, lo que hace son cosas similares. Aún así cada una lo vive con su propia vida y raíces. Entonces me gustó que la segunda parte de esta historia fuera con las características específicas de esa chica, y con la cultura de su país de origen. De manera que los chicos cuando viajen a la Argentina perciban una de acuerdo con la gran distancia que hay entre este país e Italia.
Noticias: En su ficción están muy presentes las redes sociales. Pero por fuera también hay un vínculo especial con los lectores a través de ellas, donde inclusive los hace parte del proceso de escritura…
Moccia: Sí. Con las redes lo que hicimos fue consultarles a mis lectoras españolas sobre posibles sitios donde deberían ir los protagonistas a buscar a su chica. Esto fue cuando estaba escribiendo la edición española de la segunda parte de “Ese instante”, llamada “Tú, simplemente tú”. En ese sentido hay mucha participación de parte de ellas. En la Argentina, si bien no lo hicimos, me han sugerido un par de sitios. Pero a diferencia de España, en este país siento que no hay tanta diferencia cultural entre una ciudad y otra.
Enamocciate. Las primeras películas que dirigió fueron un fracaso, al igual que sus trabajos como guionista de televisión. Y su primer libro fue rechazado por varias editoriales. Pero el artista italiano no se ofuscó y fue perseverante. Esa actitud frente a la vida le valió que, tras su éxito, en España inventaran una filosofía: Enamocciate. “Tener una actitud positiva y optimista para enfrentar la vida. La felicidad no es un lugar de llegada, es un estilo de vida”, explica el escritor.
Noticias: Si de crear filosofías se trata, usted también es el inventor de un fenómeno como lo es el de poner candados en los puentes como sello de amor. ¿Cómo llega a esa costumbre?
Moccia: No me gustaban los graffiti en las paredes. La gente hasta llegó a hacerlos en las estatuas de Roma. Escribían: “Vos y yo, 3 mil metros sobre el cielo”. Entonces pensé en la posibilidad de alguna leyenda en Roma. Recordé que cuando hice el servicio militar el candado que llevabas para guardar tu bolso en el locker, cuando te retirabas lo dejabas atado a una red como signo de cierre. Pensé en la posibilidad de que un símbolo unido a la guerra se pudiera transformar en un símbolo de amor. Entonces busqué un puente cerca de casa, el Milvio, y una semana antes de que saliera el libro “Tengo ganas de ti”, puse uno por si alguien lo estaba leyendo y quería ir a confirmar si realmente estaba. Una semana más tarde descubrí 300 candados. A partir de entonces no se detuvo más.
Noticias: ¿Es más complejo hoy producir libros con personas más pendientes en la tecnología?
Moccia: Creo que el que realmente quiere va a leerlo. Ahora estoy trabajando en un proyecto de libro digital. Pero en mi obra de por sí hay distintas líneas: la de la música, la de internet, de las novedades, de las películas, citas de otros actores. Me gusta que cuando alguien lea mi libro pueda trasladarse a distintas partes, como ventanas que se le abren, y esto responde a nuestra sociedad actual.
Noticias: ¿Qué le parecieron las películas que se hicieron de sus obras? Algunas como “A tres metros sobre el cielo”, o “Tengo ganas de ti” tuvieron mucho éxito.
Moccia: Mucha gente a veces se saltea el libro, cuando es lo más lindo del mundo. Es un momento de tranquilidad muy distinto a estar en un cine. Me parece que es diferente de la obra. Es útil para el libro, pero cada cosa es independiente. Si lee el libro, uno lo hace con sus experiencias de vida, y tiene una versión propia. Pero me alegra que existan las películas porque transforman las palabras en movimiento.

 

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