Sociedad / 28 de Junio de 2015

Debate presidencial en Argentina: un riesgo necesario

Las lecciones de Estados Unidos y Brasil y por qué los candidatos argentinos dudan.

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Cincuenta y ocho millones de personas observando por televisión el debate entre Barak Obama y Mitt Rommey en el 2012, en Estados Unidos. En el 2014, en Brasil, Dilma Roussef y Aécio Neves se sacan chispas para convencer a los indecisos. A diferencia de Argentina, en estos países el debate presidencial es una tradición. Los candidatos pueden salir mejor o peor parados, pero nunca tomar como opción no concurrir.
A pesar de que los políticos lo sienten como algo traumático y se entrenan especialmente durante mucho tiempo, expertos en debates presidenciales aseguran que no es posible (ni es el objetivo) cambiar un gran porcentaje de votos: “Tiene otras opciones muy válidas: educa al electorado, afianza la democracia y crea un registro para la historia de las promesas de cada participante”, asegura a NOTICIAS el productor de los debates presidenciales de Estados Unidos, Marty Slutsky. Mientras, el periodista y moderador de los debates en Brasil, Ricardo Boechat, agrega: “Es el único momento en el que los políticos se alejan de las campañas y de sus asesores y se ponen frente a frente”.
Ambos recuerdan un solo debate que cambió rotundamente el rumbo de una elección: fue en 1960, cuando Kennedy vapuleó a Nixon. Aquella fue, además, la primera contienda política televisada en la historia.
Formato. Los de Brasil y Estados Unidos son dos modelos de realización de debates diferentes. Coinciden en las generalidades: “Reglas claras, paridad de tiempo y sin trucos”, enumeran. Luego cada debate tiene sus diferencias. En Norteamérica, una comisión sin fines de lucro organiza el programa, que es levantado por muchos canales de televisión. Las señales por las que se transmite tienen el compromiso de no hacer pausas publicitarias.
Ese modelo es el que se podría imitar en el país a través de Argentina Debate, una organización que impulsa la iniciativa de realizar el primer debate en la historia nacional, el 4 de octubre en la Facultad de Derecho. Las 20 asociaciones civiles que conforman esta plataforma organizaron una serie de encuentros públicos con expertos en debates de Estados Unidos, Chile, Brasil y Perú, para conocer cómo otros países lograron concretarlos.
El estilo brasileño es otro: no hay uno, sino varios encuentros y son organizados por los medios de comunicación.
La producción previa con los asesores siempre es la peor parte, según ambos expertos. Una vez que llegan al set de filmación todo debe estar resuelto. “En cuanto a la conducción, cuanto menos sea la interferencia del moderador, mejor sale el programa”, aconseja el brasilero.
Decisión. Para que se realice en el país, aún falta que los principales candidatos como Daniel Scioli, Sergio Massa y Mauricio Macri se animen. A pesar de que las invitaciones aún no están cursadas formalmente, ninguno de los líderes políticos estaría convencido de realizarlo. “Creo que con que haya dos participantes que digan que sí, ya es válida la controversia”, indica Slutsky.
Desde hace mucho tiempo la regla es clara: el que va al frente según las encuestas evita meterse en el barro de la polémica. “Cuando incorporen la tradición, esa cuestión dejará de existir -comenta Boechat-. Siempre habrá un riesgo al debatir. Pero hay un riesgo más grande en no debatir”.
Según un relevamiento realizado en todo el país, el 78% de los argentinos consideran que es importante llevar a cabo un debate presidencial antes de las elecciones de 2015. El estudio, realizado por la consultora Mora y Araujo, asegura además que el 71% miraría la contienda, en caso de que sea televisada.

 

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