Restaurantes / 29 de junio de 2015

Elegancia y calidez en el Pasaje

“Harturo”. Pasaje del Correo, Vte. López 1661, Recoleta. 4813-5900. Mar. a vie. de 12 a 16. Sáb. y dgo. de 11 a 16. Mar. a sáb. desde las 20. Reservas. Tarjetas. Mediodía: $ 160. Noche: $ 300.

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El Pasaje Suizo de la calle Vicente López, rebautizado Pasaje del Correo porque allí se encontraban las oficinas postales de la zona, es uno de los rincones mágicos de Buenos Aires. Suizo era don Harturo, el bisabuelo de Rodrigo Sens, propietario junto a Mauro Greco Rossi de este nuevo emprendimiento gastronómico del Pasaje. Los flamantes dueños tienen además un negocio de muebles homónimo en la calle Arenales, un detalle no menor puesto que sus sofisticadas piezas decoran el salón e incluso pueden comprarse. Como resultado, la decoración es rotativa.
Harturo tomó la posta del ya clásico Sirop&Folie, e incluso conservó a una integrante vital, Agustina Numer. No cerraron nunca. La transición se hizo escuchando las opiniones de la fiel clientela del lugar y asegurándose de mantener la proporción justa entre consistencia y novedad. De hecho la cocina sigue a cargo del joven Gabriel González, quien en esta nueva etapa viró hacia el confort food, es decir, una cocina reconfortante, abundante y nutritiva, no siempre tan simple como la definición indica, pero con algunos platos que representan bien el concepto.
Entre las entradas hay mollejas con humita (crocantes, con provenzal de cítricos sobre humita bien dulzona), matambrito de cerdo con chutney de manzanas (demasiado bueno para ser sólo una entrada pequeña) y crème brûlée de queso de cabra con jalea de uvas (liviana y con un logrado equilibrio de sabores) y foie grillado con queso de cabra y cebollas caramelizadas (plato emblema de la casa, solo para entendidos).
Los platos principales son bien sustanciosos, perfectos para el invierno. Roastbeef braseado con papa al horno; pollo marinado con calabazas asadas con buñuelos de puerro, salsa de yogur y cilantro; costilla de cerdo a la milanesa con ensalada de perejil, peras y cebolla colorada (un must); pesca del día con puré de coliflor y puerros glaseados con vinagreta de frutos secos y tomates; y los ravioles de papa, puerro y panceta con salsa de tomate y berenjena (algo así como unos varenikes napolitanos, muy sabrosos pero para comer como único plato). Guárdese lugar para el postre: isla flotante con salsa inglesa (y aromáticos toques de cardamomo y clavo), semifreddo de café con leche condensada y tartetatin de peras con helado de crema.
La selección de vinos está pensada por la sommelier Agustina de Alba y la carta de tragos, diseñada por Martín Auzmendi, tiene una buena variedad de cócteles clásicos y frescos para calentar el paladar. Los mediodías puede deleitarse con uno de sus suculentos platos a precios amables y los fines de semana, la estrella es el brunch. Hay sólo 40 cubiertos así que asegúrese de reservar.

Cocina ★★★
Servicio ★★★
Ambiente ★★★★

 

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