Teatro / 30 de junio de 2015

Bajo la rauda luz del sol

“Mi hijo solo camina un poco más lento”, de Ivor Martinic. Dirección: Guillermo Cacace. Con Juan Tupac Soler, Elsa Bloise y elenco. En Apacheta, Pasco 623.

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★★★★★ Hoy es el día en que Branco, en silla de ruedas, cumple 25 años. Su madre quiere organizar un festejo, pero parece tropezar a cada paso con toda clase de peripecias cotidianas y todavía ni siquiera le compró un regalo. Con el correr de las horas la casa se llena de gente: está Branco, su madre, la hermana de su madre, los maridos de ambas y la madre de las chicas, la abuela del joven. Además está la bella hermana de Branco, el novio de la hermana y también la amiga del muchacho, la niña entusiasta que viene a visitarlo. Es una familia como cualquier otra, donde se producen algunas escenas en las que suenan con más potencia los silencios que los gritos. Las hermanas compiten entre sí: una se preocupa por la salud de su gato y la otra tiene un chico en silla de ruedas. La condición de Branco nunca se menciona y la madre ni siquiera la reconoce. Mi hijo solo camina un poco más lento, dice.
Cada uno de los personajes tiene vida propia, aun los más callados, que son los varones. La abuela se permite los privilegios de su edad y piensa en voz alta, para regocijo del público. La madre interroga su propio cuerpo, se deja amedrentar por el paso de los años, busca la mirada de su marido. La hermana de la madre, tan segura de sí misma, enfrenta por fin algunas verdades sobre sus triunfos personales. Hay momentos en que la tensión congela largamente una mirada, hay actos de amor adivinado, y hay una luz particular que le da a toda la escena su verdadera profundidad: luz natural de día.
Es una familia como otra cualquiera, llena de verdades sencillas que son las que tocan el corazón. El autor de esta pieza es el croata Ivor Martinic, de 30 años de edad. El prestigioso director Guillermo Cacace, rodeado de un grupo nutrido de muy eficaces actores, construye un hecho teatral de peculiar intensidad. Por empezar la obra se ve en pleno día, los domingos a la mañana y los sábados a primera hora de la tarde, cuando la luz entra rauda a través del ventanal de una casa de barrio. Todos los personajes llevan ropa deportiva, como una suerte de uniforme que resalta, justamente, la condición del diferente, la de todas las diferencias. La pieza observa el trabajo que da y a veces el dolor que produce reconocer al otro. Por debajo de los discursos, los silencios, la resignación y los sueños de la abuela, detrás de todo eso está la turbulencia del amor. “Mi hijo solo camina un poco más lento” se estrenó en abril en el marco del Festival Internacional de Dramaturgia Europa + América y se presenta en una sala pequeña de muy especiales características.

 

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