Televisión / 30 de Junio de 2015

Contar la vida

Línea de tiempo. Entrevistas. Martes y jueves a las 23 por Canal 7. Conducción: Matías Martin. Producción: TV Pública y Endemol. Dirección: Guillermo Vittori.

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★★★★★ Un programa de entrevistas: nada más, nada menos. Un género conocido, transitado, criado y crecido desde los inicios de la televisión pero cuyos secretos, como una misteriosa femme fatale nadie termina de conquistar por completo. Todos los periodistas preguntan, todos los conductores conducen pero no todos saben plantear ese pacto por el que el otro aceptará el recorrido indagatorio sobre su vida. Porque, está claro, “la” entrevista no es un alud de interrogaciones a un ministro ni la frase robada a una estrella a la salida del teatro por más rimbombantes que resuenen en altavoces. Su condición y su fin es la intimidad de a dos, aun la montada en un estudio de televisión, por la noche, con luces bajas, en aparente soledad de confesionario.
¿Se logra? Depende. Al igual que una obra teatral cada día en escena ante públicos y humores diferentes, nunca se sabe si lo que hizo efecto ayer, lo hará mañana, si falló el timing o si eso de la química entre las partes fluyó o quedó atascado en el primer no del entrevistado. De la misma manera que “el cliente siempre tiene la razón”, cualquiera es digno de una entrevista (Franco Torchia las hacía por la calle a quien le pagara 5 pesos, para el canal Digo) y un buen profesional debería saber sacarles agua a las piedras. Entre nos, las brujas existen y los entrevistados insípidos también. Pero ni siquiera eso arruina el acto: la entrevista, además de seducción, es competencia deportiva y dejar al otro en offside es otra parte divertida del juego.
Todo este preámbulo no tiene más sentido que el decir que la segunda temporada de “Línea de tiempo” es una buena noticia para la tele. Porque valoriza la palabra del otro en su contenido y no en los rebotes del rating, porque el invitado está ahí ocupando esa silla para ser escuchado sin la obligación de vender una frase corta en el mercado mediático. El conductor y periodista Matías Martin –que el año pasado reconoció que tuvo que derribar prejuicios propios y ajenos para aceptar participar en la TV pública– hace algo increíble: deja hablar. Su personaje es pasar casi inadvertido, tirar algo sin énfasis y esperar con una semisonrisa. Protegido por el paraguas de su buena onda, no se disfraza de incisivo y sabe recrear un clima imposible en la tele que es la “naturalidad”.
Salvo porque sale dos veces por semana –en lugar de lunes a jueves, como en 2014–, el programa se mantiene igual, con dos secciones que se suman a la pregunta-respuesta: la línea de tiempo, un resumen de archivo del recorrido del invitado; y tres preguntas grabadas realizadas, cada una, por tres famosos. Pasaron por “Línea de tiempo” desde Titi Fernández a Diego Torres y este año arrancó con el imbatible Ricardo Darín. No importa quién, Martin logra que parezca fácil lo que muchos llamarían documento inédito.

 

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