Arte / 9 de julio de 2015

El ilusionista

Exposición “Polesello joven 1958-1974”, en el Malba. Av. Figueroa Alcorta 3415, a un año de la muerte del gran artista. Entrada $ 60, descuentos.

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TRAMPAS. Para el ojo y audaces colores en “Polesello joven”, un sentido homenaje al artista a un año de su muerte.

Pocos viajeros saben que el mural “Eclipse” (2001), que los despide en el aeropuerto de Ezeiza, es una creación de Rogelio Polesello (Buenos Aires, 1939-2014). En la muestra del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, “Polesello joven 1958-1974”, se encuentra el origen de esa y de otras decenas de obras del que fuera un multipremiado artista precoz.
Polesello estaría feliz con esta exhibición antológica que, con más de 120 piezas históricas, apela a lo lúdico, trabaja diversas facetas de la abstracción e incita a pensar en alegres calidoscopios que multiplican imágenes, haciendo estallar resplandores. Concebida por Marcelo Pacheco fue también pensada por Polesello, quien al principio investigó “las posibilidades del arte óptico a partir de composiciones geométricas vinculadas a la corriente constructivista”.
Son monocopias, tintas, témperas, óleos, diseño gráfico, textil y de objetos, pequeñas y grandes placas de acrílico tallado, distribuidas en cinco núcleos. Asimismo, en diversas vitrinas se presenta una selección de fotos, manuscritos, artículos periodísticos, folletos, libros como “The Emergent Decade” con ensayos fotográficos de artistas latinoamericanos participantes de la exhibición homónima organizada por el Guggenheim Museun de Nueva York; con fotos de Cornell Capa, la sección argentina pivoteaba en torno a Martha Peluffo y Polesello.
A mediados de los años ’60, la célebre crítica y escritora Marta Traba transitaba por Bogotá en un auto de marca francesa (canjeado por una obra de Fernando Botero) con las puertas pintadas con diseños inventados especialmente por Polesello para ella, que lo llamaba “el mago”. El equipo de Malba, encabezado por Victoria Giraudo y la curadora Mercedes Casanegra, incluso rescata la temprana adscripción al nuevo diseño de manera paralela al arte, faceta poco explorada de la carrera del artista.
En 1958 se graduó en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón y tuvo su primera individual en 1959 en galería Peuser. Antes expuso por primera vez junto a Luis Wells en 1958 en Galatea, justo enfrente de ‘la Jockey’, de Florida y Viamonte, que frecuentaba con otros artistas. Pero realizó su verdadera graduación en un Petit Hotel de la calle Lacroze, en Belgrano, donde las fiestas eran interminables.
Visitantes frecuentes eran el poeta Aldo Pellegrini, Guido di Tella (garante del alquiler) y una sucesión de directores y curadores internacionales, como Thomas Messer del Guggenheim y Miguel Arroyo del Museo de Bellas Artes de Caracas. Usina creativa, la desvencijada casona era habitada por Polesello, Peluffo, Wells, Osvaldo Borda, Carlos Lesca, Ricardo Mampaey y el músico Carlos Cutaia; Julio Llinás escribía poesía mientras la bailarina Gioia Fiorentino ensayaba su rutina y el fotógrafo Oscar Balducci tenía su laboratorio.
Fue allí donde Polesello comenzó a experimentar con pintura aerosol y con novedosos materiales. Los acrílicos aquí exhibidos se encuentran en museos y en residencias particulares de varios países. Siempre atractivas, estas espléndidas esculturas en acrílico tallado y/o pegado –óvalos cóncavos y convexos transparentes con efecto óptico– filtran todo lo que las circunda y aparecen formas distorsionadas tanto como tonos del arco iris.

 

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