Costumbres / 26 de julio de 2015

Souvenires cool

Basta de imanes y llaveros. La moda es traer de los viajes aromas y sabores del lugar visitado. Guía de ideas.

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Viajar no es solo trasladarse a lugares más o menos lejanos. Es empaparse de nuevas culturas y abrirse al mundo y sus habitantes. Pero no hay mejor viaje que el que se comparte. El gran problema es con qué souvenir compartir esas experiencias, vividas con los cinco sentidos. ¿Podrían acaso los llaveritos de la torre Eiffel transmitir todo lo que es París? ¿Acaso un imán de una isla griega o de Estambul alcanza para recrear su festival de sabores? La respuesta, obviamente, es no. ¿Entonces?
Quizás la mejor forma de invocar lo vivido sea a través de los sentidos que nos ofrecen las mejores experiencias: el gusto y el olfato. La idea es buscar el sabor y el aroma típico del lugar, ese que nos sorprendió, y que al degustarlo o sentirlo, quien lo reciba logre percibir las mismas sensaciones que tuvimos.
Por supuesto que hay restricciones, que no tienen que ver con el bolsillo ni con el transporte, sino con la aduana. El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) restringe “el ingreso al país de materiales capaces de vehiculizar agentes productores de enfermedades y plagas de animales y vegetales”. Esto quiere decir que podemos ir olvidándonos de guardar en la valija cualquier alimento de manufactura casera, chacinados y embutidos (sí los que son sin hueso, fileteados y envasados industrialmente al vacío), jamones, miel, verduras y frutas frescas, etc. Están permitidos los productos lácteos elaborados a base de leches pasteurizadas, las especias, confituras, cafés y tés, chocolates y dulces en general, pastas, enlatados, productos secos tostados, vegetales en vinagre u otros conservantes y, por supuesto, las bebidas alcohólicas. Para mayor detalle conviene leer el anexo a la resolución 295/1999 del Senasa.
Otra restricción, por seguridad, es el ingreso con frascos o recipientes que contengan líquidos en los aviones. No pueden llevarse en el equipaje de mano si superan los100 ml.
Deben despacharse. Esta prohibición no se aplica a los productos adquiridos en el free shop, que pueden subirse libremente al avión.
Aquí van solo algunas ideas de los mejores souvenires de distintos lugares del mundo.
Australia: Vegemite, un extracto de levadura de color marrón oscuro y sabor entre salado y amargo. Es una especie de mermelada que no falta en ningún desayuno australiano.
Japón: el vino de arroz conocido como sake, el licor umeshu (de ciruelas), el midori (licor de melón) o el mirín, famoso vino dulce de arroz.
Perú: leche evaporada Gloria, base de postres como el suspiro limeño, que también se utiliza en humitas, chupes y salsas.
México: distintos dulces combinados con picantes, como las gomitas de naranja con chile o la fruta seca con chamoy. Para los más osados, chapulines (especie de grillo comestible) deshidratados o tostados. Su sabor es una mezcla de hierbas, chicharrón y camarones.
Colombia: una botella de aguardiante y, por supuesto, café.
Austria: los Mozartkugeln son los bombones con la cara de Mozart, que nació en Salzburgo y vivió en Viena. Son cubiertos de chocolate y rellenos de mazapán de pistacho y nougat.
Alemania: los Lebkuchen, unas galletas de pan de jengibre que venden en todas las tiendas de souvenires. Vienen con mensajes de todo tipo, desde románticos a pícaros.
Italia: para el que le gusta una copita después de las comidas, el lemoncello es el típico licor sureño, la grappa del norte italiano, el nocino siciliano o un sambuca de Agrigento. Aceites y vinagres hay maravillosos en todas las regiones. También es inolvidable un aceto balsámico di Modena, verduras en aceite, tomates enlatados De Rica, pesto genovés o un vino Chianti. Un snack imperdible: fave fritte salate (habas fritas saladas).
Brasil: cachaça Ypioca para preparar caipirinha, guaraná, leche de coco, jugos pasteurizados de maracuyá y de cajú, y queijo mineiro curado (típico queso de la zona de Minas Gerais).
Turquía: el Bazar de las Especias, también llamado Bazar Egipcio, es uno de los mercados más antiguos y grandes de Estambul. Allí se pueden comprar dátiles negros de Turquía, el lokum (un dulce tradicional gelatinoso del tipo de las gomitas), halva (pasta de sésamo) y baklava (masa filo con nueces).
Francia: pastís, el típico licor de anís de Marsella. La fleur de sel, flor de sal extraída con sumo cuidado de las salinas de la Camargue. Jabones artesanales como el jabón de Marsella (realizado con al menos un 72% de aceites vegetales, que no contiene colorantes ni grasas animales) no se come, pero se huele.
España: fabada (con todos los ingredientes enlatados), paté de cabracho, de bogavante o de centolla, sidra, polvorones de almendra, de Sevilla; mantecados y roscos de vino, de Andalucía. De Galicia, sardinas en aceite de oliva o navajas al natural o almejas al natural, puré de castañas, tarta de Santiago y licor crema de Orujo.

 

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