Televisión / 3 de agosto de 2015

Stand up: etapa superior al billikenismo

Ver la Historia. Cultural. Sábado a las 21.45 por Canal 7 (y los miércoles a las 21 por Encuentro). Conducción: Felipe Pigna. Producción: TV Pública, Canal Encuentro y Mulata Films. Dirección: Maite Echave.

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Pigna ver la historia
AL GRAN PUEBLO ARGENTINO. Trece capítulos que dan cuenta de 200 años de nuestra historia.

★ A Felipe Pigna no le gusta la Historia. Como los que ocultan una baja autoestima con floripondios y escándalos, a Pigna le tira el adorno. Bueno, quizá exageré un poco y sí, en el fondo le gusta o le gustó alguna vez. Pero mi comienzo fue solo un artilugio más o menos falaz para que usted lea y que, seguramente, no disgustaría al autor de “Los mitos de la Historia Argentina” y otros bestsellers, multipremiado por su labor divulgadora en radio y televisión, y referente mediático a la hora de saber quién pateaba para qué lado desde la célula madre de la argentinidad.
Por la TV pública y el Canal Encuentro, “Ver la Historia” es su nuevo programa. Se trata de una serie de trece capítulos de una hora que dan cuenta de 200 años de nuestra historia, desde las Invasiones inglesas (1806), pasando por El restaurador, La década infame y Los bastones largos hasta el gobierno de los Kirchner, broche final titulado “De la hegemonía neoliberal a la década ganada” (1990-2010).
A las tablas polvorientas sale Pigna, micrófono en mano, a relatar la historia ante un público que actúa de público, de pueblo, de personajes, porque son actores y por lo tanto capaces de demostrar una emoción profunda ante la saga del bardo y transmutarse en Rosas o Beresford (si es rubio), en Moreno o San Martín (trigueño preferentemente narigón), integrante de grupos populares (morochos, intensos, con boca abierta en gesto gritón) o conspiracionistas todo terreno (fuman y beben whisky). Manejos de la cámara, mientras Pigna despliega su stand up del pueblo en armas, el foco pasa de los espectadores catatónicos a la ilustración dramática, una especie de viñetas actuadas entre mucha niebla, patas de corceles, tamboriles y gallina (una), encontronazos que salpican (“fueron épocas sangrientas”) y muchos –pero muchos– primeros planos. También hay escenas de archivo fílmico y documental, mapas con flechas, separadores almanaque y la voz en off de Alejandro Awada.
Los productores dicen que es muy costoso llevar la historia a la ficción. Más barato debe ser meterle ficción a la historia, convertirla en un relato rápidamente comunicable, con un título ganchero, presentación, nudo y desenlace, y en lo posible, una moraleja que nos deje pensando. Divulgación es contenido para todos pero no simplificación a un único mensaje, sea liberal o revisionista. El historiador Gabriel Di Meglio en el canal Encuentro es un ejemplo de cómo encontrar la forma de acercar al público la “ciencia de los hombres en el tiempo”, como decía March Bloch. Pero no al precio de reducirla a un paquete acabado e inalterable, remachado a anacronismos. Entonces, la patria, la soberanía, la oligarquía, el pueblo y el ser nacional salen cosidos de fábrica y sólo hay que cambiarles la máscara y el disfraz y, per secula seculorum, relatar el partido de ellos contra nosotros.

 

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