Costumbres / 15 de Agosto de 2015

Coaching para todos

Compite con la psicología y propone mejorar en la carrera y la vida en base a “pensar mejor”. Razones de su éxito. Clientes, maestros y resultados.

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LAS FORMAS. Con una duración de meses o en cursos intensivos de una semana, el coaching se plantea como una solución para problemas que se sienten irresolubles en el plano personal o profesional.

Hace unos meses, un político que quería ascender en su carrera se acercó a una consultora de “coaching” para que lo ayudara en el proceso. Sabía que su decisión le implicaría un desafío y mayores responsabilidades, y quería una guía para llevar a cabo su fin con paso firme. Sin embargo, a través de las sesiones, fue atravesando un proceso que lo llevó a darse cuenta de que en realidad no quería ser político. “Fue descubriendo la verdadera razón por la que quería acceder a esa posición. Entendió que no era lo que estaba buscando genuinamente, sino que había intereses que lo estaban empujando a ese rol”, relata Manuel Colombo, coach a cargo de este caso y parte de L&C Consulting. Al poco tiempo, el hombre abandonó la política y retornó a su antigua profesión. Hoy asegura ser mucho más feliz y pleno.
“Un coach no indica qué decisiones tomar, sino que acompaña a que la persona devele por sí misma cuáles deben ser, según sus verdaderas ganas e impulsos”, agrega Colombo, definiendo en pocas palabras una disciplina que va ganando adeptos a gran velocidad. En un mundo que exige cada vez más inmediatez y crecimiento, el coaching promete, tanto a las empresas como a las personas, herramientas para lidiar con este panorama de modo eficaz y menos estresante.
Reinterpretar el mundo. Si bien hace rato que se habla de coachs deportivos, el coaching general ha entrado en auge en épocas más cercanas. Pero, ¿en qué consiste exactamente y a qué se aplica? Según Diego Kerner, coach y autor del libro “Lunes felices”, es un proceso cuyo objetivo consiste en expandir las posibilidades de acción de una persona o un equipo en pos de lograr un mayor bienestar y productividad. Aunque tiene puntos de conexión con la terapia tradicional (ambas buscan que la persona pueda desarrollarse como un ser más pleno), el abordaje es distinto. “En el coaching no se parte de un supuesto de ‘enfermedad’ sino que, en palabras de Rafael Echeverría, uno de los padres fundadores del coaching ontológico, es un proceso de aprendizaje a través del cual la persona descubre nuevas formas de ver el mundo, para lograr una transformación interna que impacte en nuevas conductas más efectivas y auténticas”.
Este proceso puede ser individual o grupal, y trabaja sobre tres ejes: el lenguaje (las conversaciones), las emociones y el lenguaje no verbal (el dominio corporal). Entendiendo que somos una coherencia entre estos tres focos y que desde ahí interpretamos el mundo, el coaching va indagando en nuestras diferentes facetas mediante preguntas, charlas y hasta ejercicios de postura y gestos, para que la persona en cuestión descubra aspectos nuevos de sí mismo, y a partir de aquellos vuelva a analizar su situación actual. Esta práctica puede durar entre semanas y algunos meses, y la duración de cada encuentro oscila entre una hora y media y 2 horas. “Se dice que el coaching es una disciplina rápida, pero también depende de cada caso. Es que nos enfocamos en un resultado a conseguir, y el coach acompaña hasta que la persona lo consiga”, sostiene Roxana Ponzo, directora de Entrenar-t Coaching Group. A partir de preguntas, el profesional va desafiando la forma de interpretar que tiene el aprendiz. “Muchas veces, los juicios que hacemos nos cierran posibilidades de acción al momento de llegar a un resultado. Trabajamos sobre eso, pero tiene que haber compromiso del participante para admitir ese cambio de pensamiento”, agrega. Es que el coaching no es magia ni necesariamente para todos, pero si la persona se entrega, puede proveer grandes resultados.
Existen diversos tipos de coaching. El empresarial, que trabaja sobre problemas en una compañía; el ejecutivo, que lidia con una determinada persona dentro de una empresa; y el ontológico, que estudia al ser en general y por ende engloba muchos otros posibles: deportivo, artístico, musical, juvenil, familiar, político o hasta para duelos y pérdidas, entre otras opciones.
Incorporar facilitadores. A la par del coaching, también han surgido otras disciplinas para ayudar a fomentar el pensamiento lateral, sobre todo en el espacio laboral. Álvaro Rolón, autor del libro “¡Al Carajo!”, es cofundador y director general de Neelus Innovación Aplicada, una compañía que trabaja en pos de “expandir la vida de las organizaciones a través de la manifestación de sus propias fuerzas creativas”.
Similar a un proceso de coaching, Rolón asegura que ni él ni su equipo indican a las empresas qué deben hacer, sino que ayudan a que encuentren el camino. Pero en este caso, aquí sucede a partir de un facilitador, que además acompaña en el proceso. “Frente a problemas de mediana a alta complejidad, el facilitador ayuda, primero, a encontrar la pregunta adecuada a través de procesos, metodologías y herramientas. Luego asiste en la liberación e implementación de ideas”, describe. Esto sucede mediante el modelo de las tres I: inspiración, imaginación, impacto. Un método circular, en el que si hay errores se incorporan de modo temprano, tratando de no desviarse de la solución de forma abrupta sino dando la posibilidad a pequeños desvíos, y llegando a una solución final más profunda.
“Lo que hacemos es desarrollar culturas de innovación. Si una empresa no puede estar a la altura de lo que el mercado pide, es porque no está creando la agilidad, habilidad y el pensamiento necesarios”, apunta Rolón. Su formato de trabajo dura entre tres y cinco años, buscando que la cultura completa de la empresa cambie. Y para esto, se capacitan facilitadores dentro de la misma compañía, que puedan estar en el día a día y aplicar esos métodos en todas las decisiones importantes. Entre sus clientes se cuentan La Nación, Siemens, Molinos, Arcor y Telecom.
Por qué ahora. Frente a estos métodos, subyacen dudas: ¿por qué hay tanta demanda de estos servicios? ¿Es que ya no somos capaces de pensar por nosotros mismos? Para Manuel Colombo, son respuestas que ayudan a transitar las crisis actuales. “Hoy hasta hablamos de depresión infantil. Hay cada vez más crisis personales y de identidad, y el coaching es una gran forma de ayudar a resolver problemas concretos en un corto plazo”. Diego Kerner coincide con esta idea: “En un mundo tan vertiginoso, incierto, falto de sentido e hiperexigente, se aguzaron los niveles de angustia y ansiedad que nos causan dolor y reducen nuestro potencial para vivir vidas más plenas”. Él, incluso, habla desde su propia experiencia. Su libro nació a partir de un cambio de vida, que lo llevó de ser un alto ejecutivo que, aun con éxito laboral, sufría cada lunes a la mañana cuando debía volver a trabajar, a encontrar su verdadera vocación y finalmente inspirar a otros.
En lo laboral, las empresas también sufren crisis. “Nos educaron para movernos en terrenos conocidos, no para ser curiosos ni arriesgados. Y para distinguirte de tus competidores hoy la tasa de innovación debe ser mucho más rápida. Hay que aprender a pensar lo nuevo”, aporta Rolón. Y como decía Einstein, si buscamos resultados distintos, no es cuestión de hacer siempre lo mismo.

 

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