Costumbres / 30 de agosto de 2015

El furor de los “food trucks”

Los “camiones-restó” son un hit en distintos eventos. Cocineros estrella y marcas top. La lucha por la ley que les permita circular.

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En la película “Chef: la receta de la felicidad”, el protagonista (interpretado por Jon Favreau) es un reconocido cocinero de un restaurante de Nueva York que, enfrentado a su jefe, es despedido y decide recorrer Estados Unidos a bordo de un “food truck”, sirviendo a su tiempo y ritmo los platos más deliciosos. Además de ser un film muy recomendable, que mezcla con sensibilidad relaciones humanas y comida, es evidencia de una tendencia en alza, que viene pisando fuerte en la Argentina. Pequeños, de diseño simpático, propuestas de cocina simples pero sabrosas y en ocasiones, con chefs estrella al mando, estos camioncitos equipados gastronómicamente son hoy el “hit” de todo evento que se precie. Y si la ley que les permitirá circular por la calle se reglamenta pronto, promete haber tendencia para rato.
Multitud y sabor. Los fines de semana del 18 y 19 y 25 y 26 de julio, el predio de Tribuna Plaza, al lado del Hipódromo de Palermo, se llenó de stands con propuestas gastronómicas. Allí tuvo lugar la primera feria de “food trucks” de Buenos Aires, con más de 25 camiones.
La propuesta estuvo bien pensada. Con la pintoresca impronta de un auténtico “bus” londinense, un drone para filmar desde el aire, música de Grupo Sarapura y la presencia de chefs y restaurantes de renombre como Paula Méndez Carreras, Christophe, Beatriz y Diego Chomnalez, Leopoldo y María Félix, entre otros, los precios rondaban los $ 80 con bebida incluida. Y el resultado fue admirable: en los cuatro días, 60.000 personas pasaron a comer y disfrutar del evento.
Para Paula Méndez Carreras, la experiencia fue un antes y un después. Convocada por Daniel Godino, uno de los organizadores del evento, y con el apoyo de los hermanos Petersen, era la primera vez que cocinaba sobre un “food truck”, pero le gustó tanto que comenzó a convencerse de tener el propio. “Desde que cerré mi restaurante en San Antonio de Areco, ‘Corazonada’, venía soñando con un ‘food truck’ que recorra pueblos y campos con mi impronta. Lo más importante sería trabajar en la identidad; que mi esencia se refleje en la cocina”, apunta. Convencida absoluta de que la armonía entre imagen y cocina es la clave del éxito, sería un desafío al que está más que decidida a subirse. “La cocina será más ágil y barata, y el packaging también va a cambiar, pero el sabor no. Tendría que seguir siendo una cocina auténtica, con buena materia prima, con mis especias y hierbas”, planifica.
Precisamente esa es una de las claves del éxito de estos camioncitos: servir comida ágil y accesible, pero muy sabrosa. Y en ese camino, atraviesa distintos públicos. “Sí, muchas más personas llegaron a probar mi cocina, gente que quizás no vendría a mi restaurante o no me contrataría, pero también se acercaron muchos de mis clientes fieles”, sostiene Paula. Martín Francos, socio del “food truck” MoodFood, está de acuerdo: “No hay un público particular al que apuntamos, sino a una idea que resulta atractiva para todo tipo de personas, porque vincula tres factores fundamentales: comida rica, accesible y original”. En su caso, lo hace a través de la cocina árabe, con énfasis en el “shawarma”. Y bajo su nombre, engloba justamente aquella idea de una comida alegre y divertida. “MoodFood es la combinación de ‘mood’ (ánimo) y ‘food’ (comida). Es decir, comer algo tan rico que te ponga de buen humor.
Sea o no un chef reconocido el que esté al mando, otra gran gracia de estas estructuras es la interacción con el cliente. En tiempos en que la cocina es la gran experiencia buscada y no sólo se trata de comer sino de ingresar también en la intimidad de ese mundo, los ‘food trucks’ permiten mucho más que degustar un plato. Allí, todo está a la vista: lo que se cocina, la interacción y adrenalina del equipo y hasta los posibles errores.
Ir más allá. Pero no sólo los gastronómicos tomaron nota de esta tendencia. En los últimos tiempos también hubo marcas de belleza, moda y hasta tecnología que se subieron a estos trailers, con casos como Pantene, India Style o Google. “Nosotros no sólo comercializamos unidades de uso gastronómico sino también para todo tipo de actividades con potencial de venta en la vía pública y en eventos privados”, apunta Ariel Caratozzolo, fundador de Mactrail, empresa que fabrica estos vehículos desde 2005, pero que vio el gran salto diferencial este año y así creó su nuevo y mejorado modelo, el Monterrey 100.
Como terminal, su servicio es fabricar y vender unidades homologadas, que pueden ser luego patentadas y aseguradas legalmente. “Partimos de una unidad estándar, que luego se adecua al gusto, proyecto y equipamiento que define cada cliente”, describe Caratozzolo. En esa gracia y originalidad estará luego la razón de que un comensal los elija por sobre otro “food truck” en un evento, por lo que cada detalle vale.
Para que la tendencia pegue el real salto cuantitativo, sin embargo, hace falta una pata legal que aún se hace esperar. En la ciudad de Buenos Aires, la ley 1166/03 debería modificarse para permitir que estos carritos circulen por la calle y puedan vender en cualquier punto de la urbe. Con este fin, son varios los “food trucks” unidos bajo la Asociación Argentina de Gastronomía Móvil (AsArGaM), que mientras hacen fuerza para que la ley salga, bregan por desarrollar el mercado y conseguir eventos donde sus socios puedan participar. De permitirse el libre recorrido, sin embargo, el concepto de estos vehículos realmente cerraría su círculo, utilizando su movilidad para difundir aún más la tendencia. Desde MoodFood lo sintetizan bien: “Nuestro principal motor es la intención de poder ir parando en diferentes puntos y comunicarlo vía redes sociales para poder llegar a más gente. No queremos estar siempre en un mismo lugar, porque se pierde el espíritu para el que lo creamos: transportar nuestra comida gourmet a los distintos puntos del país”.

 

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