Cultura / 30 de Agosto de 2015

Homenaje a Eladia Blázquez

El 31 de agosto se cumplirán 10 de años de la muerte de una de las compositoras más importantes de la música ciudadana. Su legado.

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homenaje a eladia blazquez
CANCIONES. Reconocida por los grandes autores del tango, supo describir como pocos poetas el barrio y los personajes de la ciudad.

Mi primer recuerdo de Eladia se remonta a los comienzos de la década del ’60. Cuando la entonces llamada Radio Municipal –con sus modestos estudios debajo del Teatro Colón– alcanzaba, bajo la conducción de Virgilio Tedín Uriburu, su más alto nivel de calidad y audiencia, ya estaba la joven Eladia allí, sentada al piano o con su viola, talentosa compositora e intérprete de temas españoles y latinoamericanos. Alternando con los grandes de la ciudad como Troilo, Piazzolla y Salgán, recién llegados a esa entonces “radio del Colón”. Escuchando con atención los lúcidos diálogos de H. A. Murena y Eduardo Mallea, esa Eladia pretanguera, heredera de una promesa de canción ciudadana, que pocos años más tarde ella misma se encargaría de cumplir.
Quince años después, mientras yo era corresponsal de Clarín y de Radio del Plata en los Estados Unidos, se me pidió que entrevistara a argentinos radicados en Nueva York, para que nos dijeran de sus logros, pesares, nostalgias e ilusiones. Fue así como después de las primeras entrevistas por las que pasaron ingenieros, peluqueros, mecánicos, químicos, panaderos, carniceros, descubrí algo que todos tenían en común: el corazón mirando al Sur. Entonces le pedí a Sergio Villarruel, mi interlocutor mañanero en la radio, que usáramos como cortina musical del programa para presentar dichas entrevistas, precisamente el tango de Eladia, “El corazón al Sur”.

Porque ella ya era innegablemente letra y música renovada de Buenos Aires, y para los argentinos –porteños o no– radicados en el exterior a partir de los últimos años de la década del ’60, esos textos y esa música eran la canción de lo dejado, de lo perdido, de lo añorado. Eran el tango vigente, la canción que hablaba de la ciudad real, de esa ciudad que, por razones políticas, económicas o profesionales, ellos habían tenido que dejar.
Es que Eladia había retomado lo mejor de la tradición de Discépolo, de Homero y de Cátulo, como un puente que permitió renovar el texto y la canción de los años ’30 al ’40, para hacer tierra y cielo en la ciudad de los años ’70 y ’80. Porque más allá del hecho estético, más allá de la perdurabilidad de sus canciones por su valor musical y poético, Eladia hizo –sin proponérselo– sociología de la gente y de la ciudad.
Por ello, no obstante que el 31 de agosto de 2005 nos dejara, dentro de muchos años, cuando ni siquiera nosotros estemos más aquí, será insoslayable para quienes se propongan indagar acerca de la psicología social e individual de los porteños a partir de la década del ’60, volver a escuchar las canciones de Eladia, más allá del placer de seguir disfrutándolas como nosotros lo hacemos hoy.

Insólita síntesis de novela y de tratado, todo lo que ha abarcado la obra poético-musical de Eladia: desde Garay hasta la última forma de “currar”. Porque de todo y con todo hizo Eladia poesía y canción. Con el escolaso, con la geografía barrial, con el mes de abril, con los domingos, con octubre y Catulín. Con los “escrachamientos”, de frente y de perfil, con los chantas “más al fondo muy otarios y muy piolas más acá”. Con el culto a la manducación; con la buena fe que Dios le dio; con el vamos en montón ¡bien alienados! Con esa charla de “vení, sentate un poco”, y la humanidad que se te viene encima. Con ese dolor de la lluvia en el jardín y en una rosa; con el violín de Enrique. Con la mufa, con la bronca, con la humedad, con las veredas y el hollín. Con el Tortoni, con los patios, las baldosas, los malvones. Con las esquinas y las rayuelas. Con los jazmines y las glicinas. Con los sueños de ser un barrilete y con los pájaros sueltos y el alma de fiesta.
Nuestro querido y sabio –para siempre– César Tiempo, dijo de Eladia que el tango estaría “indisolublemente ligado a su nombre”. Y el gran Cátulo, que ella era “el tango mismo”. Por eso, no creo que sea necesario agregar algo más.

*Periodista, escritor y diplomático

 

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