Opinión / 30 de agosto de 2015

Se acercan tiempos muy duros

Los agitados mercados bursátiles presagian una etapa difícil para países mal gobernados.

Por

kicillof revista noticias
KICILLOF. La economía que el ministro le legará al próximo gobierno está descontrolada.

Si bien todo político piensa en su destino personal, los hay que dan prioridad al bien común por entender que, además de ser su deber tratar de solucionar “los problemas de la gente”, lograr mejorar las condiciones de vida de los habitantes de su país les aseguraría un lugar honorable en la historia. Otros, entre ellos los comunistas, nazis e islamistas, se ponen al servicio de una ideología o credo sin preocuparse por las consecuencias concretas; como dice Fidel, lo único que importa es la defensa del socialismo. Pero también hay muchos políticos que subordinan absolutamente todo a sus propios intereses. Como los barones feudales de la Europa medieval, aprovechan el poder que les conceden los demás para enriquecerse y para castigar a sus enemigos personales. Tales sujetos colaboran para formar lo que, en su libro “Por qué fracasan las naciones”, los economistas Daron Acemoglu y James Robinson llaman una “elite extractiva”, una que se dedica a explotar a los vulnerables a quienes desprecian con toda su alma, razón por la que suelen desmantelar instituciones erigidas para proteger a los débiles contra los atropellos de los poderosos.

Desgraciadamente para la Argentina, aquí abundan los políticos de la tercera categoría, la de los saqueadores. Aunque muchos habrán iniciado su carrera como miembros de la clase política nacional con la esperanza de incorporarse a la minoría de benefactores, y algunos se habrán sentido atraídos por una ideología determinada, andando el tiempo abandonan las ilusiones juveniles para concentrarse en su propio bienestar, de ahí la conducta camaleónica de tantos prohombres que han sido sucesivamente amigos cautos del Proceso militar, demócratas fervorosos, menemistas y, últimamente, kirchneristas. Profesionales de la política, irán a cualquier extremo para continuar disfrutando de los privilegios a los que se han acostumbrado.
Pues bien: todo hace pensar que se acercan tiempos muy duros para países como la Argentina que están en manos de las nefastas “elites extractivas”. Las tormentas que están agitando los mercados bursátiles del mundo presagian una etapa que sólo los países mejor gobernados resultarán capaces de transitar sin sufrir una debacle tras otra. En esta oportunidad, el epicentro de la crisis no está en Estados Unidos sino en China, el país dueño de una economía subdesarrollada que, por razones demográficas, es de dimensiones equiparables con las de su rival norteamericano. La dictadura nominalmente comunista de Pekín sabe que, luego de un cuarto de siglo, la era del crecimiento anual de dos dígitos está llegando a su fin. Por ser las estadísticas oficiales chinas tan dudosas como las confeccionadas por el INDEC, no es nada fácil saber si la hasta hace poco muy dinámica economía de su país aún sigue expandiéndose al siete por ciento anual reivindicado por los voceros gubernamentales o si, como muchos sospechan, está por entrar en un período de estancamiento que podría prolongarse. No sería la primera vez que ocurriera algo así: luego de décadas de crecimiento vertiginoso, en 1991 la economía japonesa se frenó de golpe y, a pesar de todos los intentos de estimularla, sería a partir de entonces una de las más letárgicas de todas.
Sea como fuere, la impresión de que los líderes chinos se sienten desconcertados por la negativa de los mercados a obedecer sus órdenes como corresponde está sembrando malestar no sólo en su propio país donde la legitimidad del régimen se basa en sus supuestas dotes gerenciales, sino también en el resto del planeta. Puede que exageren quienes hablan del peligro de una repetición de lo que sucedió cuando se hundieron algunos bancos de inversión norteamericanos y europeos, llevando consigo una parte sustancial de los ahorros de millones de personas, pero no hay ninguna garantía de que sólo sea cuestión de una corrección rutinaria.

Los optimistas señalan que “el mundo” está mejor preparado para enfrentar la ralentización abrupta de una locomotora económica clave de lo que estaba en 2008, cuando el estallido de una burbuja inmobiliaria gigantesca desató una pavorosa conflagración financiera en Estados Unidos y Europa. Puede que estén en lo cierto quienes prevén que los países más avanzados que aplicaron a tiempo programas de austeridad logren adaptarse con rapidez a las nuevas circunstancias, pero nadie cree que los “emergentes”, que se negaron a hacerlo por motivos políticos, estén en condiciones de emularlos. Por el contrario, las perspectivas ante los socios estratégicos más importantes de la Argentina son sombrías. Brasil parece estar a punto de caer en la peor recesión de los años últimos, Venezuela está en vías de suicidarse y a Rusia le aguarda lo que bien podría resultar ser una depresión. Mientras tanto, China, que se ha puesto a devaluar el yuan “por la última vez”, tratará de exportar más e importar menos, lo que será una pésima noticia para aquellos países de industrias poco competitivas que dependen de la venta de materias primas y productos agrícolas.
El precio del petróleo ya se ha derrumbado y en opinión de algunos podría estabilizarse por debajo de los 20 dólares el barril; para la atribulada Venezuela chavista, se trataría de una sentencia de muerte puesto que, para funcionar, el socialismo del siglo XXI precisa que supere los 100 dólares. También ha caído mucho el precio internacional de la soja a causa de la mayor producción estadounidense y la pérdida de apetito de las aves chinas. Para agravar todavía más la situación frente a los “emergentes”, los inversionistas están retirando su dinero de países a su entender demasiado riesgosos para llevarlo a lugares más seguros como Estados Unidos y el norte de Europa.
El kirchnerismo fue engendrado por “el viento de cola” que cobraba fuerza cuando Néstor se instalaba en la Casa Rosada y que ha dejado de soplar meses antes del día en que Cristina se verá constreñida a entregar las llaves a su sucesor. Desde el punto de vista de la elite extractiva kirchnerista, el que los años insólitamente gordos hayan coincidido con precisión matemática con la gestión del matrimonio patagónico será evidencia de que el “proyecto” siempre ha contado con el favor divino. Desde aquel de sus adversarios y, lo entienda o no, para la mayoría abrumadora de los habitantes del país, en cambio, es una tragedia sin atenuantes. En el transcurso de la década que ganaron, los kirchneristas despilfarraron una oportunidad a buen seguro irrepetible para preparar a la Argentina para enfrentar los desafíos que le plantearán los años flacos que le esperan y, lo que es peor aún, no sólo la privaron de reservas financieras sino que también subieron el gasto público hasta un nivel insostenible para que el gobierno próximo no tenga más alternativa que la de hacer un ajuste aún más salvaje que los que han depauperado a muchísimos griegos.

Los malpensados dicen creer que Cristina y sus incondicionales se han propuesto dar a su sucesor, fuera Daniel Scioli, Mauricio Macri o Sergio Massa, una bomba de tiempo programada para estallar un par de semanas después del 10 de diciembre, brindándoles así la posibilidad de poner en marcha un operativo retorno. Sospechan que han hecho suyo el lema leninista de “cuanto peor, mejor”. Es posible, pero también lo es que el desaguisado fenomenal que han creado se haya debido a nada más siniestro que la torpeza que es típica de “militantes” en un país que se ha privado de una administración pública profesional y en que pocos toman en serio la ley. Para las elites extractivas, el Estado es sólo una fuente de botín; lo demás no les interesa. Quieren que el Estado desempeñe un papel rector en la economía nacional porque les sirve como una aspiradora que los ayuda a apropiarse de los recursos disponibles. Además de aumentar los impuestos hasta niveles escandinavos, se las han arreglado para que los beneficiados por contratos para obras públicas devuelvan a sus socios en el Gobierno cierta proporción de la plata aportada por los contribuyentes.
Según Transparencia Internacional, la Argentina es tan corrupta como las cleptocracias –la palabra quiere decir “gobierno de los ladrones”– más notorias de África y el Oriente Medio. No se trata de un detalle menor. Los costos de la corrupción distan de limitarse a los supuestos por la transferencia de dinero desde los bolsillos de los ciudadanos honestos hasta las bóvedas o lo que fuera de políticos venales. La codicia, combinada con la necesidad de mantener a raya a quienes no creen en lo de “roban pero hacen”, siempre termina incidiendo en todas las decisiones gubernamentales. De no temer los kirchneristas lo que podría sucederles sin Cristina en el poder, estarían tomando medidas destinadas a ayudar al próximo gobierno, el que, al fin y al cabo, podría ser formalmente una continuación del actual, pero parecen resueltos a dinamitarlo lo antes posible. Asimismo, las peleas con la Justicia y los medios serían incomprensibles si no fuera por la conciencia de que los kirchneristas más destacados, empezando con Cristina, necesitan aferrarse a una cuota sustancial de poder político porque, desprovistos del blindaje que les significaría, correrían peligro de verse en apuros gravísimos.

 

11 comentarios de “Se acercan tiempos muy duros”

  1. La Viuda Y Capitanich, imperturbables. Que se habra una ventanita, con la opinion de Bergoglio,, ya que como Papa , acuerda con el ” Modelo ” Señor no nos dejes solos…..
    Que este niño descanse en paz.

    1. González:
      ando bastante irritada como para contarte el film
      “doña hill de las calzas verdes con legajo del cowboy president”
      a lo mejor James ya vio esa película ¿le preguntaste?

  2. Cuando los Argentinos entiendan que llego el momento de poner huevos y, declaremos el Desastre Politico y entremos a reclamar la Digninad de que en estos casi 13 años, el ” MODELO ” absurdo y malefico nos fue mancillando con irrecionalidad. en un baño politico muy cercano a Delincuentes de Politicas de Estado. Con un solo plan : D N U y Asignacion Universal , solo con amenazas y confrontaciones de la Viuda desde la Cuevas de Vietnam, con aire guerrillero

  3. No hay dudas de que detrás de las políticas extractivas y la cleptocracia está la codicia.
    La codicia es una de las tantas formas en que se manifiesta una pulsión humana tan primitiva como tal, que nos presiona a los humanos a superar o sentirnos superiores a los demás. Cuando logramos la meta nuestra psiquis nos recompensa vía sistema nervioso central con la liberación de endorfinas euforizantes.
    El ámbito elegido habitualmente es el económico y se logra la meta que reconforta con endorfinas cuando se es el más rico del entorno y en el de los políticos la competencia vuela alto. Como en teoría sus ingresos dependen de un salario, la corrupción está inevitablemente presente.
    A veces el político es estimulado a ser el mejor en la tarea de político justamente y son los que buscan habitualmente pertenecer a la historia gloriosa (en ese escalón la psiquis recompensa generosamente) y son los que generalmente resultan útiles a la sociedad (no siempre).
    La otra cara de la moneda de esta pulsión se ve cuando actúa en aquellos que no logran el objetivo de ser el mejor. A través de mecanismos de adaptación nuestra psiquis busca un equilibrio y lo logra habitualmente resaltando defectos de aquel que se ve más rico por ejemplo. La mayoría lo logra fácilmente y en otros desemboca en lo que bien conocemos como envidia.
    Y es justamente esta faceta humana la que hace que prevalezcan las ideas de distribución de la riqueza (en todas sus variables) en las naciones y de esta faceta se aprovechan los saqueadores prometiendo lo que no podrán hacer mientras roban y destruyen

    Razón vs instinto, la última batalla.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *