Música / 11 de Septiembre de 2015

Hombre orquesta

Lito presentó su “Currículum Vitale” con muchos amigos e invitados en el Colón. Fiesta para todos.

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NOCHE SOÑADA. Lito Vitale ofreció un concierto en el Teatro Colón que abarcó sus clásicos, más folklore y tango.

★★★★ Fue un merecidísimo autohomenaje para un músico sin rótulos. Y es justamente ese el mayor atractivo de un artista que hace mucha música instrumental sin ser jazzero, que experimenta con el folklore sin ser un rupturista, que acompaña cantantes sin perder protagonismo, que vive en la independencia de la producción sin romper con “el sistema”, que se expresa libremente y toma partido pero que puede tocar en todos los ámbitos y para organismos de cultura de cualquier gobierno.
Lito Vitale, sin formación académica estricta, se fue transformando en un virtuoso. Es un tipo capaz de marcar un sonido propio, de asociarse con gentes diferentes, de “trabajar” de músico –componiendo, armando espectáculos, tocando para cine o televisión– sin perder su personalidad. Es, en definitiva, alguien que puede tocar de igual modo en la Ballena Azul, en un escenario al aire libre, en un lugar pequeño o en el majestuoso Teatro Colón sin abandonar su esencia ni su frescura.
Lo de esta vez fue una noche soñada. Quedó fuera del programa mucho de su historia por imposibilidad material de incluir todo. Pero estuvieron sus juegos con el folklore –muy buena “La Telesita” con el piano tocado de modo especial–, su asociación con Manolo Juárez, su recordado trío con Lucho González y Bernardo Baraj –maravillosos “Taquito militar” y “Merceditas”–, su emblemático cuarteto que hizo explotar a la platea con “Ese amigo del alma”, su quinteto. Invitó a Pedro Aznar, y fue ese otro de los momentos brillantes de la noche, para homenajear a Spinetta y al Cuchi Leguizamón. Convocó al guitarrista Luis Salinas para compartir un par de títulos. Estrenó su suite “Alma mater” dedicada a DonVi Vitale, su fallecido padre y primer maestro. Ya más cerca en su actualidad, sumó a Juan Carlos Baglietto y a un grupo numeroso para interpretar a Violeta Parra y a Chabuca Granda. Pero la frutilla del postre llegó en el final, cuando cantante y pianista, solos, entregaron como tantas otras veces una versión de antología de “No olvides que una vez tú fuiste sol” del cubano Augusto Blanca.
Noche larga, muy larga quizá para la mirada de un crítico. Noche mágica, memorable, incuestionable, para la mirada emocionada de Lito y de un público que colmó el Colón.10

 

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