Showbiz / 12 de Septiembre de 2015

Tango electrónico, dos por cuatro en 2.0

La movida que nació en el cambio de milenio no para de crecer. Quiénes son los argentinos que le venden el nuevo tango al mundo.

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tango buenos aires

Los puristas del género dirán que no es tango, mientras se indignan ante los sonidos de batería electrónica y el estilo rocker de los intérpretes. Pero lo cierto es que el tango volvió. En una versión 2.0, en un estilo siglo XXI. Electrificado a 220 volts.

Desde sus orígenes hasta hace cinco minutos, el tango como tal es un mutante, que fue creciendo y cambiando al ritmo de la historia y de los choques culturales, primero de una Buenos Aires portuaria, desordenada y arrabalera; luego, de un mundo hiperconectado. Los inmigrantes y los marineros de antaño mezclaron en un único sonido las exigencias de cada cultura. Los poetas y letristas de la vieja guardia retrataron los aromas, los colores, los desamores de esos exilios. Más tarde, las innovaciones piazzolianas les revolvieron las tripas a los conservadores y la fusión tangocandombe-folclore se hizo presente en las milongas y peñas.

Pero el tango, nacido en el arrabal, migrado a los grandes salones de baile de Europa, refundado por su fusión con el jazz y renovado por las nuevas estéticas del folk joven aún tendría un paso más para dar.

RENOVACIÓN TECNO

Los hermanos Videla, directores y maestros de la Escuela de Circo Criollo, decían que los nuevos payasos inventaron otros lenguajes con morisquetas, muecas, gestos, de manera tal que no necesitan obligatoriamente del idioma para hacerse entender, lo que les permitía ser vendidos en cualquier rincón del planeta sin que el idioma fuera un impedimento. Algo similar sucedió a la música ciudadana.

El tango electrónico como tal comienza a asomar la nariz en la dé- cada del ’90, se consolida en la del 2000 y encuentra en esta una etapa de esplendor, con multiplicidad de intérpretes, un circuito local que los consume, ya no como una vanguardia experimental, sino como un género establecido. Pero, ante todo, encuentran una proyección internacional que supieron tener sus antecesores –los del tango tradicional– que se traduce en ventas y buena facturación. Las orquestas del circuito dan fe de este éxito global, llenando teatros y “open venues” en lugares tan dispares como La Boca o Beijing. ¿El secreto? Ese cambio de lenguaje que hace que puedan ser leídos a través de las barreras culturales.

“Gotan Project” y “Tanghetto” son la agrupaciones reconocidas por sus pares como las fundantes del nuevo estilo. Max Mardi, músico y productor de esta última, recuerda: “Fuimos pioneros en adaptar versiones de temas ‘anglo’ al lenguaje tanguero; como por ejemplo ‘Enjoy the Silence’ de Depeche Mode. Hemos tocado en el Festival de Tango de Buenos Aires ‘Héroes’, de David Bowie, con su letra en inglés, pero en una versión tanguera con bandoneón”.

La primera proyección internacional llegó, justamente, de la manos de “Gotan Project”, que se puso de moda en Ibiza, en el verano del 2002 y, más tarde, de “Bajofondo Tango Club”. Esta última banda, creada y producida por Gustavo Santaolalla cuando estaba en la cresta de la ola –tras ganar el Oscar a mejor banda sonora por “Secreto en la montaña”– llevó el tango electrónico a toda Latinoamérica.

Pero el gran logro del 2013 es de Tanghetto: este año, tocaron para 9.000 personas en el 02 Arena de Londres y participaron en festivales de música latina donde compartieron escenario con figuras de la talla de Gilberto Gil y Pitbull; además de presentarse en el Festival de Jazz de Polonia junto a Al Di Meola.

LA COCINA

Una de las definiciones más tradicionales dice que el tango se apoya en tres componentes: letra, música y danza; y que la experiencia no está completa si falta alguno de los tres. Los espectáculos en vivo de tango electrónico llevan esta tradición a la contemporaneidad. Son sofisticados en su contenido y, por ende, complejos en su producción. La calidad del sonido es una preocupación central, pero además, se suman a los shows elementos teatrales, audiovisuales y gráficos. Así, los shows internacionales incluyen tanto bailarines y como pantallas gigantes. Nada que envidiarle a cualquier otro espectáculo internacional de cualquier otro género.

Un show de dos horas de duración requiere de tres meses de preproducción para coordinar todos los elementos en escena. Las puestas más audaces han incorporado parejas de baile “igualitarias” (ambos bailarines del mismo sexo), bailarines de “tap-tango” y videos especialmente creados para ambientar cada canción. En promedio, el 60% de lo que sucede en escena incluye coreografías. En teatros porteños de capacidad intermedia –alrededor de 800 espectadores– las entradas cuestan entre 100 y 200 pesos. El mismo ticket, fuera del país, puede llegar a los 100 dólares. Y, aun cuando producir fuera del país tiene costos altos, la diferencia cambiaria hace que las giras resulten más que atractivas para los bolsillos de productores y artistas.

SEGUIR CRECIENDO

“En el año 2002 fui convocado para hacer la música de la película ‘Evita, otra mirada’, donde me dieron la primera posibilidad de fusionar tango con música para películas y electrónica”, rememora Osi Tejerina, compositor y productor de Debayres, “La película ganó varios premios y fue declarada de Interés Nacional, eso me motivó a seguir con ese concepto. Con mi socia, Sawa Kobayashi, cantante y diseñadora gráfica, logramos plasmar nuestro propio concepto. Cuando comenzamos, éramos muy pocos y fuimos muy criticados, pero en el exterior las puertas se abrieron para todos, hicimos veintiocho giras a doce paí- ses y nuestra música fue elegida para eventos como los premios Gardel 2005 y 2006, el cierre de los festejos del Bicentenario y el programa televisivo ‘Dancing With The Stars’ en varios países”.

Desde los tiempos de Gardel, el tango ha sido música de exportación, portadora de cierta pasión de arrabal tan bienvenida en América Latina como en Europa o Japón. La nueva generación ha renovado ese compromiso transcultural. Y allá van, tangueando por el mundo, con sus inusuales mezclas de sintetizadores y bandoneones, de contrabajos y baterías electrónicas. Hacia el futuro.

 

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