Empresas / 23 de Septiembre de 2015

Kickstarter, con B de benéfica

La pionera del crowdfunding elige el impacto social positivo por sobre las ganancias.

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kickstarter

Mientras las grandes compañías de base tecnológica buscan dar el salto para cotizar en bolsa, Kickstarter, la plataforma de financiamiento colectivo más grande del mundo, va en la dirección contraria. El lunes anunció que mudó su domicilio legal al estado de Delaware, donde la ley reconoce desde hace dos años la categoría de “compañía de beneficio público”, y se reincorporó en esta categoría. Kickstarter Inc. ha muerto, viva Kickstarter PBC.
¿Qué significa? Que ahora los estatutos legales de la compañía la obligan a contemplar el beneficio público como un objetivo que va a la par del fin de lucro. “Hasta hace poco, la idea de que una compañía con fines de lucro buscara el bien común a expensas de las ganancias de sus accionistas no tenía una protección clara ante la ley estadounidense. Las compañías que creen que hay objetivos más importantes que maximizar las ganancias se enfrentaron con las expectativas de que debían existir por y para ellas”, explican los fundadores de Kickstarter en su blog. “Las compañías para el beneficio son diferentes: empresas con fines de lucro que están obligadas a considerar el impacto de sus decisiones en la sociedad, no solo en los accionistas. El impacto social positivo se vuelve parte de los objetivos legales”.
Kickstarter no es una pyme manejada por un grupito de soñadores, sino una compañía con un centenar de empleados que recaudó ya 95 millones de dólares en comisiones desde su lanzamiento en 2009. Es la pionera y líder en crowdfunding, el sistema de financiamiento colectivo que permite que películas, discos, libros, obras de teatro, giras, videojuegos y prototipos tecnológicos puedan producirse gracias al aporte de miles de simpatizantes. Durante estos seis años, recibió más de 1900 millones de dólares aportados por 9,4 millones de personas para financiar 257.000 proyectos creativos. Entre los proyectos más destacados que financió está el dispositivo de realidad virtual Oculus; se calcula que el 10 por ciento de los films aceptados en los festivales de Sundance, SXSW y Tribeca nacieron en la plataforma.
Desde hace años sus fundadores, Yancey Strickler y Perry Chen, aseguraban que nunca venderían la compañía ni la abrirían a cotizar en bolsa. “Queremos construir esta institución por generaciones”, declaró en 2012 Chen. “Nunca saldremos a bolsa porque eso podría presionar a la compañía a tomar decisiones que no serían las mejores”, confirmó en 2014 Strickler, el CEO.
En noviembre pasado, Kickstarter se certificó voluntariamente como empresa B o B Corporation, que propone que cada compañía busque ser “no la mejor del mundo, sino la mejor para el mundo”. Para certificarse cumplieron con una serie de requisitos auditados en relación con su sustentabilidad, su impacto social, sus relaciones con empleados y asociados y su manejo de las ganancias. Ahora este compromiso cobra carácter legal con la reinscripción como compañía de beneficio público.
Kickstarter cambió su estatuto de acuerdo a sus nuevos valores. Declara que su misión es “ayudar a nuevos proyectos creativos a nacer”. Se compromete a reflejar en su operación diaria sus valores: buscar una cadena de valor ambientalmente sustentables, respetar la privacidad de los datos de sus usuarios y no evadir impuestos. Además, se compromete a donar el 5 por ciento de sus ganancias a instituciones que apoyen el arte y luchen contra la desigualdad, y a ayudar a sus empleados a desarrollar sus propios proyectos artísticos y de voluntariado social.
La noticia causó revuelo en la prensa económica estadounidense, donde varios analistas aseguraron que las ataduras legales que acaba de implementar Kickstarter pueden resultar en una merma de las ganancias de los accionistas. Los fundadores no están preocupados: “Creemos que la gente quiere ver un cambio en el mundo”, aseguraron “Kickstarter ganó dinero durante cinco años. Creemos que quienes ver más compañías actuando para bien nos apoyarán”.
Muy pocas empresas estadounidenses trabajan bajo la figura de la compañía de beneficio público. Las más conocidas, antes de Kickstarter, eran Patagonia (de indumentaria deportiva) y Etsy (una plataforma digital de compraventa de artículos de arte y diseño). En Argentina no tenemos ninguna figura legal semejante, pero sí existe la certificación de empresas B, a cargo de Sistema B. Hay 23 empresas argentinas certificadas y otras cinco en vías de certificación; las más conocidas son Páez (alpargatas) e Inti Zen (té).

 

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