Personajes / 27 de septiembre de 2015

Carina Zampini: “Siempre fui el sostén de mi familia”

Tras años en las telenovelas, debutó como conductora de “Morfi, todos a la mesa”. Espiritualidad y defensa actoral de Estevanez.

De qué lugar del alma le han brotado a Carina Zampini esas villanas antológicas que la hicieron famosa es una pregunta que podrá responder alguna teoría de la actuación. Porque los comunes vemos a una rubia angelical que sonríe con ternura de paletas separadas y habla de amor, tolerancia y ravioles caseros. Ella dice que sólo se trata de actuar. Ni observación ni memoria emotiva ni coaching especializado.
“Todas las personas tenemos en nosotros la paleta completa de emociones y sentimientos, en distintos porcentajes. El actor lo que hace es poner de manifiesto esa partecita. Es intuición, comprendo lo que leo y después, hago”, dice la intérprete de las complejas Carla Lucero de “Por siempre, mujercitas” (Martín Fierro a Mejor actriz de reparto 1995) y Ana Guerrico de “Padre Coraje” (Martín Fierro Mejor actriz protagónica 2004). Esta actriz, la que junto a Sebastián Estevanez movió multitudes de fans con “Dulce amor” en 2012-13 (sin duda, una de las últimas ficciones realmente exitosas de nuestra televisión), es quien hoy conduce el programa mañanero de Telefe, “Morfi, todos a la mesa”, al lado del periodista y productor Gerardo Rozín.
“Estoy muy contenta por este nuevo rol que jamás había hecho. Es un desafío por la mirada del afuera. Trabajamos para el que nos mira y estoy tranquila y bien parada conmigo misma, segura para transitar el riesgo de la crítica. El programa es delicado y cuidadoso. Me divierto, los invitados se sienten bien tratados, tienen tiempo para hablar en medio de la velocidad de la tele y me lo dicen. A mí nunca me trataron mal en un programa pero entiendo lo que significa ser invitada”, dice Zampini, muy acompañada por el experimentado Rozín: “Valoro muchísimo tenerlo al lado. Ya estamos acomodados pero desde el principio me hizo sentir que respondía por mí, es muy generoso y me da mucha libertad”.
Noticias: “Morfi” es un programa, básicamente, de cocina. ¿Entiende algo?
Carina Zampini: La cocina me encanta. Cuando me convocaron, ninguno de la producción sabía que a mí me gustaba y se sorprendieron cuando empecé a preguntar y a comentar detalles específicos. Es lo que hago en mi casa donde soy la misma persona que ves en el programa. Amaso pastas, hago ravioles, guiso de lentejas y canto mientras cocino.
Noticias: ¿Pensó en el riesgo de quedar pegada a ese rol de conductora?
Zampini: No. Consulté a mucha gente sobre esta decisión y nadie me dijo eso, todos me apoyaron. No tengo miedo de perder el hilo de la actuación porque, por suerte, me llaman todo el tiempo para ofrecerme trabajo, ficción, teatro. Hoy esta es mi actividad. No estoy preparando otra cosa. Me parecía prudente abocarme sólo a este compromiso, por la seriedad de emprender algo que no hago de taquito, estoy aprendiendo.
Noticias: ¿Se comen todo?
Zampini: Probamos la comida, que es buenísima, pero bocaditos. En general, no me quedo comiendo. A veces me arman un tupper con cosas dulces para Manuel.
Manuel tiene 17 años y es el único hijo de Carina y Pablo Arce, de quien se separó hace seis años, después de doce de relación. Desde entonces, los dos, madre e hijo, viven el uno para el otro en Haedo, el barrio de Zona Oeste del Gran Buenos Aires donde ella creció: “Es muy feliz mi rol de mamá de Manuel, alguien emocionalmente inteligente más allá de lo que yo pueda enseñarle; somos muy compañeros, hablamos de todo. Le gusta mucho la música, quiere ser Dj, está ligado a lo artístico pero no a la actuación, me parece que le gusta más el detrás de escena. Pero todavía no está claro, el año que viene termina el secundario”.
Noticias: ¿Qué balance le quedó de “Dulce amor”?
Zampini: Soy una persona muy calma y aun en medio de la tira lo transité con bastante objetividad. Soy muy dichosa en lo laboral porque pude vivenciar un suceso, que no es lo mismo que un éxito. Un suceso es lo que pasó con “Dulce amor”: la gente hizo manifestaciones, puso pasacalles, nos demostró tanto en las redes. Fuimos muy felices haciéndolo, todo fluyó de manera ideal y así lo transitamos; nos dio mucho más de lo que esperábamos, es algo que pasa de vez en cuando.
Noticias: Con la misma pareja protagónica, “Camino al amor” no funcionó igual. ¿Por eso decidieron no trabajar más juntos (con Sebastián Estevanez)?
Zampini: “Camino al amor” fue exitosa pero no un suceso. Y es muy sano dejar de trabajar juntos un tiempo, para mí, para él, para el público. Nos queremos y conocemos mucho: somos familia. Con mirarnos, ya sabemos qué nos pasa.
Noticias: ¿Por qué, supone, lo critican tanto como mal actor?
Zampini: Qué sé yo… Tengo que reconocer que no es para nada prejuicioso. Es galán, su imagen es de galán, pero no se cuelga de ese atributo y se juega. Después te gustará más o menos lo que hace como nos pasa a todos, pero nunca se negó a ninguna escena, es respetuoso y ama lo que hace, no le importa si sale lindo o feo, va para adelante. Muchos años cargó lo del “hijo de” pero ya no le pesa. Elige trabajar con su papá (el productor “Quique” Estevanez) aunque tenga otras propuestas. Se lo ha castigado gratuitamente. Estamos en un medio donde hay muchos que trabajan de actor o de actriz sin serlo pero, de pronto, se elige a alguien para señalar y ahí van todos.
Noticias: Hizo de todo en televisión, menos en teatro y muy poco en cine. ¿Por qué? ¿Le interesa cambiar eso?
Zampini: Empecé en teatro a los nueve años, pasé mucho por el off y cuando comencé en la tele, también hice teatro comercial en los momentos que pude. Porque con Manuel no quería llegar tan tarde a casa. Prefería una tira, que son muchas horas, pero estar a la noche en mi casa, a un horario más coherente con el resto de la gente. Por supuesto que me gustaría hacer cine pero no tengo cuentas pendientes, no voy detrás de nada porque crea que sí o sí debo conseguirlo. Nada de lo que viví laboralmente lo busqué: me fueron sucediendo cosas. Cada vez menos busco y cada vez más me importa lo humano en lugar de lo laboral. Estoy enfocada en ser consciente de mi ser, en quien quiero ser, en estar atenta, estoy en esa búsqueda: quiero mantener la paz que me costó conseguir y priorizo más estar en buenos grupos que en los exitosos.
Noticias: Acaba de cumplir cuarenta años. ¿Qué significa para usted ese umbral?
Zampini: Nunca mentiría mi edad, la digo sin problemas. Importa lo que aparentás porque si tenés 30 y parecés de 40, es igual. En algún momento empezaré a hacer de tía, de madre, de abuela. Y está bien que sea así. Me cuido lo necesario para estar bien. Si subí tres kilos, los bajo porque la ropa me molesta. Pero mi atención está en otro lado, me divierten otras cosas, me faltan otros 40 años por vivir y es un montón. Si lo hacemos a consciencia y de verdad nos ocupamos del laburo que venimos a hacer, son un montón de años.
Noticias: ¿Es creyente?
Zampini: Creo en todas las religiones y en ninguna, creo en el mensaje de amor, igualdad, paciencia, valores que están en todas las religiones más allá del cuentito de cada una. Más que religiosa, soy una persona espiritual.
Noticias: ¿En la política cree?
Zampini: La política me interesa como a cualquier ciudadano común, pero no lo partidario, y me importa porque tiene que ver con todos. Estamos en un momento donde tenemos, globalmente, que priorizar la recuperación de lo esencial, los valores de nuestros abuelos: amor, generosidad, honestidad, tolerancia. Después hay decisiones políticas de distinto tipo, pero esos valores nos salvarían de la violencia y la agresión. Tenemos que recuperar esas cosas, desde el chiquito al más grande, y es un trabajo de cada uno para poder transmitirlo a los otros. Y quienes nos dirigen también deberían bajar una línea clara de humanidad, de hacer las paces, de hermandad: somos todo lo mismo, tenemos que dejar de sectorizar.
Noticias: ¿Se volvería a casar?
Zampini: Nunca me casé. Pero si te referís a formar pareja y familia, sí, porque esa vida me encanta. No soy salidora, no me gusta la noche ni los boliches, me gusta estar en casa, la vida familiar, el amor en todos los vínculos. Vengo de una familia numerosa, somos cuatro hermanos, y desde muy joven imaginaba que iba a tener muchos hijos y muchos nietos, que me convertiría en una abuela gordita que horneaba galletitas. Después la vida toma su curso.
Noticias: ¿Tener otro hijo está pendiente o ya no lo espera?
Zampini: Me habría gustado tener otro hijo. A Manuel lo tuve casi a los 23 años y nunca paré de laburar, siempre fui sostén de la familia, también con mi marido, así que no tenía mucho margen para elegir si trabajar o no. Entonces no quería pasar otra vez por la situación de tener un hijo y trabajar 14 horas por día porque ya bastante me esforzaba para hacer todo lo que quería: cumplir bien con mi trabajo pero también estar en casa, hacer la comida, ir al supermercado, llevarlo a la escuela y ver la tarea. Con ese nivel de exigencia, tener otro hijo era complicado. Y cuando pude tomarme un año, no estaba en el mejor momento emocional con mi ex pareja como para abordar el proyecto de otro hijo. Recién ahora que Manuel está más grande voy a poder empezar a hacer cosas que tenía ganas de hacer y que postergué –y que volvería a postergar– como hacer más teatro, ir de gira, no estar pensando adonde dejo a mi hijo si quiero salir a cenar. Si me enamorara de alguien y me fuera a vivir a un lugar supertranquilo, me dedico a ser mamá y ama de casa, y tendría otro hijo. Me encanta. Pero como no estoy detrás de tener esto o lo otro, si se presenta estará bien y si no se presenta también. Voy transitando y fluyendo. No tengo que cumplir con ningún esquema. No hubiera tenido otro hijo solo para que Manuel tuviera un hermano. No quise porque no tenía la energía ni sentía la capacidad de amar suficiente como para darle al segundo lo mismo que al primero.

 

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