Sociedad / 1 de octubre de 2015

Mirtha vs. CFK: dictadura, ¿sí o no?

La Presidenta retrucó a la conductora por sus dichos. Opinan historiadores.

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mirtha cfk
No, NO, NO. Cristina dijo que nadie cuestionó a Videla durante la época militar.

“Vivimos bajo una dictadura”, disparó la conductora Mirtha Legrand en su mesa, frente a la mirada atónita de sus invitados, y despertó una polémica que sería contestada ante la incredulidad de muchísimos más: el viernes 18, la propia Cristina Fernández replicó sus dichos en cadena nacional. Allí la mandataria retrucó, sin mencionarla, a “La Chiqui” y declaró que ni la señora de los Almuerzos ni ningún otro periodista que se declare opositor se atrevió a cuestionar a Videla durante la época militar.
A poco del comienzo del poskirchnerismo, es justo cuestionarse: ¿Qué fue el gobierno de Néstor y de Cristina? ¿Una dictadura, como dicen sus críticos, o la década ganada, como pregona el oficialismo? “Muchos piensan como yo, pero tienen miedo de hablar”, aseguró Mirtha.
“Vivimos en una democracia casi perfecta, excepcional”, le dijo a NOTICIAS el historiador Pacho O’Donnell. “Existe la más completa libertad de expresión, no hay un solo preso político ni situaciones graves de violencia institucional. Es más: durante el gobierno de los Kirchner jamás hubo un Estado de sitio, algo que sucedió bajo otros gobiernos”, asegura el intelectual.
Otras miradas. El profesor de Historia de la UBA y ex director de esa carrera, Mariano Rodríguez Otero, aporta una visión interesante: “Definitivamente no estamos en una dictadura. Pero también es cierto que, desde la derrota de los fascismos, nadie se autoproclama dueño de una dictadura, ni siquiera de las del proletariado”. Para el docente del Instituto Joaquín V. González, en el caso argentino, este fenómeno es evidente. “En la década del 30 todavía se podía hablar de la ‘dictadura de Uriburu’, pero los golpes de 1955, de 1966 y de 1976 no se llaman a sí mismos ‘dictaduras’, se postulan como algo distinto”. Según esta lógica, es el trabajo “de los otros” señalar los abusos o las violencias institucionales, ante la seguridad de que ningún gobierno moderno se va a presentar ante el público como una forma totalitaria de poder.
“Los absolutismos funcionan gracias a la clausura total de los Poderes Legislativo y Judicial, a partir de un Estado de sitio, con el control de la prensa y la supresión de los derechos individuales”, describe el titular de Historia Argentina de la UBA, Hernán Camarero, y remata: “Sería un disparate llamar dictadura al kirchnerismo”. Sin embargo, aclara que la discusión es válida, ya que el Gobierno y el peronismo, en general, han recurrido a distintas formas de concentración del poder.
“Bajo los gobiernos justicialistas, el Poder Ejecutivo intenta gobernar con las manos lo más libres posible, con la idea de manipular al aparato judicial y legislativo”, explica el historiador. Para Camarero, estas acciones fueron realizadas por el kirchnerismo, que escapó a los debates políticos, presionó a la Justicia y ninguneó al Parlamento, evitando que la oposición represente alguna amenaza institucional. “Este es un Gobierno que se caracterizó por no buscar consensos, igual que lo hacía Perón, y por intentar cooptar a la prensa”.
Parece burdo, teniendo en cuenta la historia del país, calificar a esta época como un totalitarismo. Pero, tanto en la Historia como en la vida, no hay blancos o negros, buenos ni malos. Hay poder: político y mediático, que a veces van de la mano y otras se enfrentan desde una mesa y un atril.