Televisión / 2 de octubre de 2015

Historia de un clan

Miniserie. Miér. a las 23 por Telefe (y jue. a las 23 por TNT). Con A. Awada y elenco. Guión: L. Ortega, J. Van de Couter, P. Ramos, M. Méndez. Prod.: Underground. Dir.: L. Ortega.

Por

historia de un clan puccio

★★★★ 2015 será recordado como el año Puccio. Lo que se perfilaba como una muy buena idea hace seis meses, hoy parece un dato cotidiano y es muy probable que por mucho tiempo, cada vez que alguien diga “clan” pensemos en esta linda familia de San Isidro. Otra interesante apuesta sería arriesgar cuál imagen aparecerá primero asociada al apellido-título, si la de Guillermo Francella/ Peter Lanzani por la película de Pablo Trapero o la de Alejandro Awada/ Chino Darín por la miniserie de Telefe. Ojalá que ambas: una ya dejó marca con el éxito de taquilla y por representar al país camino al Oscar; y la otra porque tiene, entre otros, el gran mérito de separarse del film y crear un producto propio con el sello de Luis Ortega. Porque en la mano del director está la mirada para convertir a esta historia conocida en una ficción que dan ganas de ver. En primer lugar, el guión se toma sus libertades. Por ejemplo, en lugar de los cinco hermanos reales, el grupo de guionistas decidió recortar a uno de ellos (Guillermo, que emigra y no tiene ninguna participación en los crímenes) e incorporar desde el principio a Maguila (Nazareno Casero), quien, al contrario, recién volvió al país para el último secuestro. Hay licencias poéticas en la construcción de los personajes, como los patines omnipresentes de Adriana, la hija menor (Rita Pauls); la tensión sexual entre Silvia, la mayor (María Soldi) con la amiga monjita que visita la casa; las insinuaciones incestuosas entre hermanos y entre Alejandro y la mamá, Epifanía (Cecilia Roth); o la complejidad otorgada a los secuaces del jefe Arquímedes, los personajes que encarnan Gustavo Garzón, Pablo Cedrón y “el Coronel” Tristán, en su primer trabajo dramático.
La diferencia característica de estos Puccio está en el tono, al punto que a veces promete más de lo que sucede en la narración. La oscuridad es angustiante, cercana a la atmósfera del terror y no hay un instante donde descansar. Todo es denso: la pareja Arquímedes y Epifanía se convierte con Awada y Roth en una dupla fascinante por todos los implícitos que adivinamos entre ellos; las máscaras de ídolos populares que usan para no ser descubiertos por el secuestrado; las reuniones con picaditas del grupo de tareas, sus charlas aberrantes, en fin, cada secuencia traslada al espectador a una zona no transitada en la tevé, la del horror. El personaje central (también en la película) es Alejandro, el ángel caído que compone Darín y a quien los espectadores queremos salvar aunque el director lo condene a mirar cada día los ojos al diablo: en “Historia de un clan” todos somos testigos de ese sacrificio.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *