Teatro / 2 de octubre de 2015

La habitación de Isabella

Dramaturgia y dirección de Jan Lauwers. Anfiteatro Parque Centenario, Av. Ángel Gallardo y Leopoldo Marechal.

Por

teatro FIBA
TEATRO BUENO. Exuberante libertad creativa que no deja a nadie indiferente.

★★★★ Entre las propuestas del décimo Festival Internacional de Buenos Aires, el esperado debut porteño de Jan Lauwers y su Compañía Needcompany, que cumplió veinte años de existencia, no defraudó con su espectáculo “La habitación de Isabella”. “Isabella’s room” está en cartel y con giras por el mundo desde hace más de una década, y conjuga textos, canciones, danza y performance en el diseño del mundo onírico donde una octogenaria mujer no vidente desanda su intrincado pasado para entender el desolador presente.
La protagonista creció entre mentiras y secretos. El alcohólico Arthur y la deprimida Anna, sus padres adoptivos, la rescataron del convento en el que había sido abandonada y la criaron en un faro, ubicado en una zona hostil. Ya muertos, vive recordándolos, añorando el desierto y exotismo de África, tan incorporado en su imaginación por la colección de reliquias que heredó de su auténtico progenitor.
Instalada en una habitación de Paris, repleta de objetos arqueológicos y libros vinculados con aquel continente, decide estudiar antropología en la Sorbona. Conoce a Alexander, casado con una aristócrata, y vive un romance apasionado, aunque sin dejar de frecuentar a otros varones. Por eso, en un burdel se relaciona con Viernes, un hombre de color con quientiene una hija. Isabella, al igual que el popular personaje de “Zorba, el griego”, vive la vida libre de prejuicios y ataduras, sin sufrir ni padecer demasiado los aconteceres que se le presentan.
Lauwers es una especie de demiurgo, que mucho le debe al mítico artista polaco Tadeusz Kantor. Liberado de interpretar un personaje, deambula por el escenario, poblado de elementos autóctonos africanos, le habla al público y dialoga con sus actores.
Quizás esta obra, ante el cruce de disciplinas que utilizan diferentes innovadores de las artes escénicas alrededor del orbe, sea uno de los mejores ejemplos para abolir las estrictas categorías de otrora y sintetizarlas en dos: teatro bueno o teatro malo. Entendemos que Lauwers integra la primera; su creatividad no deja a nadie indiferente.

 

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