Personajes / 11 de octubre de 2015

Pablo Garber: “Compré discos sólo por la tapa”

Fotógrafo y periodista, en la muestra “Ponete un disco” rescata tapas de vinilos emblemáticas. Nostalgia y furor por la música analógica.

Lejos de quedarse en la pura imagen de la cosas, a Pablo Garber le gusta retratar los vínculos y las pasiones que uno mantiene con ellas. Ese lazo poderoso que las hace cobrar vida propia cuando uno las empodera con sus sueños, amores e ideales. Por eso, no fue casual que este hijo de la generación de los´60, cuya obra ha sido incluida por Phaidon Press (editorial especializada en publicación de libros artísticos) en la colección “Blink”, que reúne el trabajo de cien autores contemporáneos de todo el mundo, haya decido reconstruir con su lente una manera de escuchar música que marcó una época. “Ponete un disco” comenzó siendo una muestra en la que hizo desfilar a 98 personajes ante la cámara, mostrando las tapas de sus discos preferidos pero nunca sus rostros. La idea de este rescate emocional de un pasado acústico y visual que fue parte de la historia de muchos, y que hoy coincide con un renovado furor vintage por los vinilos, (parte de la serie de Garber está en Europa, junto a la obra de otros artistas consagrados, en la muestra “Passion”, sobre el tema de los fans, la pasión y el arte) fue creciendo, y gracias al aporte económico de los asistentes a las muestras, fans y memoriosos, quedó plasmada en un libro donde también recogió anécdotas y entrevistas a referentes de ese tiempo, como Litto Nebbia, Nito Mestre, Lalo Mir, Alfredo Rosso, Lito Vitale, Claudio Kleiman, Rocambole, o Alejandro Pont Lezica, quienes cedieron su protagónico ante aquellas míticas portadas de los ´70 y los ´80 que marcaron una etapa importante de sus vidas. Sin pruritos ni censura, en este paraíso musical conviven armoniosamente la tapa de “Oktubre” (Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota) en medio de un acto eleccionario, la de “Yellow Submarine” (The Beatles) ocultando el rostro de una modelo invisible sumergida en una pileta o la portada del primer disco de “La Máquina de Hacer Pájaros” en movimiento, con palomas que vuelan de fondo en una plaza, junto a la de Julio Iglesias con unas señoras en pleno té de la tarde, y aquella que remite a la infancia en una versión acústica del recordado Olmedo en su entrañable rol de Piluso. Pero el ciclo no está cerrado. “¡Todavía me faltan tantas!”, asegura el autor, atento a los reclamos por ausencias e infaltables en esta serie fundamental, mientras busca inspiraciones para una segunda tirada en la emblemática disquería palermitana Miles.
Noticias: ¿Por qué el vinilo?
Pablo Garber: El vinilo es el soporte más tangible que tuvo la música. Había una mística, algo de ritual mágico desde ese momento en que uno rasgaba el celofán, colocaba la púa sobre el surco, lo veía girar mientras escuchaba el ruido a fritura del comienzo y se perdía en el mundo de esas portadas maravillosas mientras se escuchaba el disco. Tengo discos, de intérpretes que nadie conoce, que compré sólo porque me gustaba la foto de la tapa. No conozco a nadie que haya tirado su colección de vinilos. Debajo de la cama, en tu antiguo cuarto en lo de tu mamá o guardados en una caja, seguro que siguen estando.
Noticias: ¿Tuvo una historia con los discos?
Garber: Esta historia comenzó en mi adolescencia, allá por los ´70. Mi padre tenía una productora discográfica que se llamaba La Trova. Yo tenía doce años y en cuanta vacación escolar había, me mandaba a ensobrar discos al depósito. Era un trabajo automático y totalmente aburrido. Sólo me acompañaba la radio, así que destinaba largos minutos a observar las fotos o ilustraciones de las portadas que pasaban por mis manos. Todas las semanas me llevaba alguno cuya tapa me había encantado para escucharlo en casa. Ahí no sólo se debe haber gestado mi vocación por las artes visuales sino también el descubrimiento de géneros musicales eclécticos como Aquelarre, Marikena Monti, Astor Piazzolla, Vinicius de Moraes o Rita Lee. Después llegó la época de ser DJ, de las púas con la plastilina en el brazo para que pesara más, ir los domingos a la mañana a cambiar discos al Parque Rivadavia, revolver las bateas en las disquerías, esperar ansioso la llegada de aquel amigo viajado que traía en disco de afuera. Era todo un ritual y una mística generacional con la música, pero extrañamente siempre el inicio de mi relación con el disco venía por la portada.
Noticias: ¿Es verdad que primero estudió física?
Garber: Sí, durante cinco años. A través de la física se intenta contar cómo es el mundo y cómo actuar para modificarlo. Pero era imposible compartirlo con mis amigos, inclinados más por las humanidades y las artes. Llegaba a una reunión y mientras bailábamos, mi cabeza daba vueltas por espacios hilbertianos. O cada vez que conversaba con una chica, recordaba el Principio de Incertidumbre de Heisenberg.
Noticias: ¡La física conspiraba con su vida social!
Garber: Casi. Hasta que un día, mientras sacaba fotos en un parque, me di cuenta de que con la fotografía también podía contar el mundo e intentar modificarlo de acuerdo con mi visión, pero con un plus de afecto y poesía, y con la posibilidad de compartirlo con cualquiera, incluso si no hablábamos el mismo idioma. En ese momento tomé la decisión. Estudié con Gianni Mestichelli y en una escuela en Francia. Casi de inmediato viajé a hacer documentales en Nicaragua, Guatemala y México, y ya desde entonces comencé a hacer mi recorrido, siempre de manera independiente. También estudié periodismo en TEA, que me ayudó a realizar notas con imágenes y textos, cosa que aún hago de vez en cuando.
Noticias: Y le sirvió para conquistar chicas.
Garber: Sí, supongo. Me casé y tengo una hija, Miranda.
Noticias: El vinilo tiene una larga historia y usted eligió las portadas de los ´70 y lo ´80. ¿Qué tenían de especial?
Garber: Hubo generaciones anteriores que consumían discos de tango o de jazz, donde la estética de las tapas era muy diferente. Se veía la cara del cantante o texto, pero no había nada artístico. El rock llegó y se empeñó en llevar algo de su estética alocada a sus portadas. Comenzó a convocar a artistas como Andy Warhol para hacer la de The Velvet Underground o Sticky Fingers de los Rollings, Keith Haring para el disco Without You de David Bowie; Los Beatles convocaron a Peter Blake para el disco “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” y al alemán Klaus Voormann en “Revolver”.Charly García llamó a Renata Schussheim para el de “Bicicleta” de Serú Girán.
Noticias: A pesar del desborde de la digitalización, los vinilos estarían por superar el récord de ventas de 1996, cuando no existía música digital. ¿Por qué se produjo este resurgimiento?
Garber: Tenemos muchas cosas en común los de mi generación con esta generación. En el caso de los vinilos es porque logra pegar en algo con lo que todos nos sentimos identificados. Es como en las matemáticas, en la teoría de los conjuntos donde estaba esa intersección donde cada grupo, a pesar de ser distinto, se unía con el otro. El vinilo es una de esas cosas en el que las diferencias se acercan. Supongo que significa personalizarse con la música, hacerla propia. Que no sea una catarata de melodías una tras otras, sino que ese espacio vuelva a tener sentido. El vinilo te da eso. La tapa con su artística, el rasgar el celofán, tocarlo, verlo girar; eso saca a relucir otros sentidos y activa la memoria.
Noticias: ¿Una necesidad de apego en un mundo virtual y efímero?
Garber: Sí, hay algo de eso. La actualidad trae cosas nuevas, pero son tan efímeras, rápidamente hay algo nuevo que las supera. No hay nada que deje un rastro, una huella. También se ha perdido esa cosa de lo artesanal, que es la base del concepto de hacer un disco o un libro. El rescate del vinilo viene de una necesidad de ser humano, de sentir que no todo fluye.
Noticias: Es un nostálgico.
Garber: Puede ser. Ya venía con el tema del rescate de las cosas. Un trabajo previo mío tiene que ver con las cosas que guardamos, sin valor económico. Esos recuerdos que se podrían haber tirado a la basura pero que por alguna razón encierran algún recuerdo, emoción, afecto, y van quedando y que cada vez que hacés orden en la casa no tirás. Será el destino o no sé qué, pero esta serie en la que fotografié más de 50 personas con sus objetos, justo el último que hice eligió su winco.
Noticias: Muchos de los modelos son músicos, Djs o periodistas famosos que se volvieron anónimos en las tomas. ¿Hubo algún reclamo?
Garber: No, todos se animaron a jugar con esa idea. Eran personas que reencarnaban el disco y a las que fotografiaba en un ambiente que tuviera que ver con el presente para darle actualidad a esa relación.
Noticias: ¿Cuál sería su tapa?
Garber: Quizás la de mi primer disco, “Yo vivo en una ciudad” de Pedro y Pablo. Tenía “La marcha de la bronca” y la cantaba todo el tiempo. Alguna de los Beatles, o la de Led Zeppelin, “Physical Graffiti”, que como todas las de la banda, siempre me fascinó estéticamente.
Noticias: ¿Quién le hubiese gustado que estuviera en su serie?
Garber: Sería una lista enorme. Pero si tengo que elegir rápido: John Lennon, Elvis Presley, Piazolla… y también Walt Disney.
Noticias: ¿Walt Disney?
Garber: Un tipo tan creativo y soñador, me hubiera encantado saber qué tapa hubiese elegido. ¡Haríamos la foto en alguna montaña rusa de Disneylandia!

 

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