Deportes / 16 de Octubre de 2015

Muay Thai, la danza de la guerra

Curiosidades de un deporte que mezcla el boxeo con la lucha libre. ¿Cuánto ganan los luchadores? Origen militar y fanáticos locales.

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Las paradisíacas playas que rodean el Golfo de Siam, en Tailandia, a esta altura del año se ven cubiertas por un cielo gris y las precipitaciones son más habituales que el rayo del sol. Sin embargo, el estado del clima no es un impedimento para que los alumnos del Petchsaman FC entrenen todos los días de la semana el deporte que los apasiona, el Muay Thai. En ese campo de entrenamiento, ubicado en la ciudad de Pattaya, se encuentra Miguel “el mago” Cámpora, un joven argentino que alcanzó su sueño, el de pelear en las grandes ligas del boxeo tailandés: “Cada vez que subo al ring me motiva pensar en mi familia, mis amigos y que voy a representar mi país. Luego lo demás sale solo”, le explica a NOTICIAS el peleador.
Su primera contienda en el Max Muay Thai, la liga del país asiático que reúne a los mejores boxeadores del mundo, fue como la había soñado. “Mis entrenadores me dijeron que debía ganar por nocaut porque peleaba contra un local y ganar por puntos iba a ser muy difícil al ser extranjero” explica Cámpora. A los dos minutos del primer round el Mago había logrado derribar a su rival y conseguía la victoria.
Golpes. A diferencia del boxeo tradicional, en el muay thai se utilizan todas las extremidades del cuerpo. Se puede golpear con los puños, codos, tibias, rodillas y se utiliza mucho el clinch (agarre) con el objetivo de derribar al adversario. Antes de llevarse a cabo la pelea cada boxeador realiza un baile particular llamado Wai Kru, traducida como danza guerrera que saluda al maestro. Este se efectúa para demostrar respeto hacia los instructores, el oponente y los espectadores.
La moda que existe con los combates de artes marciales mixtas o MMA también ayudó a expandir este deporte a nivel nacional y sudamericano, ya que los peleadores lo utilizan en gran medida en los enfrentamientos de pie.
El Muay Thai es el deporte nacional de Tailandia. Surgió cuando el estado asiático se llamaba Siam y se encontraba en guerra con países vecinos como Birmania o Camboya. Por aquel entonces era requisito fundamental que los soldados supiesen pelear en distancias cortas. Allí fue donde se empezaron a diagramar las técnicas del arte marcial.
Durante la historia de este deporte se destacaron varios peleadores como: Samart Tiptarmai, para algunos el mejor boxeador de todos los tiempos; el holandés Ramon Dekkers, campeón del mundo en ocho ocasiones, nombrado embajador de los peleadores extranjeros en Tailandia; y el tailandés Buakaw Por Pramuk, entre otros. En las mujeres sobresale Valentina Shevchenko de Kirguistán nacionalizada peruana y campeona mundial en cinco ocasiones.
Un luchador gana en el país asiático 7.300 bat (200 dólares) por enfrentamiento. En un mes pueden meter dos o tres peleas, según la intensidad de cada contienda. A medida que suman triunfos y los rivales son de mejor nivel, las sumas se pueden elevar a los 2.500 dólares. Ganarle a uno de los boxeadores de primerísima línea puede tener como recompensa de 10.000 a 20.000 dólares. El objetivo de todo practicante de muay thai es llegar a competir en el estadio Lumpinee, dirigido por el ejército tailandés y símbolo de este deporte.
Locales. En la Argentina, el boxeo tailandés fue ganando muchos adeptos en los últimos años y cada vez son más los chicos que se acercan a practicarlo. Uno de sus precursores y referentes del país es Miguel Carpinacci, presidente y fundador de Muay Thai Argentina (MTA) y de la Confederación Sudamericana de Muay Thai. Ambas dependen de la International Federation of Muaythai Amateur (IFMA) que regula este deporte desde Tailandia. El máximo organismo es la Federación Mundial de Muay Thai (WMF), presidida por Akachai Chantosa.
Todos los días se acercan a la MTA jóvenes como Cámpora con ganas de competir a nivel nacional e internacional: “Es un honor muy grande ver cómo los chicos empiezan desde cero, van aprendiendo las técnicas y luego se cruzan con los mejores del mundo para representar al país” le explica Carpinacci a NOTICIAS.
Pero no sólo lo practican competidores, también hay muchos que lo utilizan como terapia para combatir el estrés, para mantenerse en forma, ayuda a desarrollar la coordinación del cuerpo, a mejorar los reflejos, fuerza, resistencia y la potencia.
Las mujeres también se acercan en gran número a tirar golpes, aunque son pocas las que se animan a competir. “Las chicas que entrenan descubren una actividad física superefectiva y ganan mucha confianza para afrontar la vida”, explica Romina Arana, instructora y profesora de Muay Thai.
Como en todo deporte amateur del país, la dificultad de los representantes argentinos se encuentra en costear los gastos de los viajes que deben realizar. No existe ningún apoyo gubernamental y los sponsor escasean. Esto provoca que no siempre viajen los mejores, si no los que pueden solventar sus gastos a través de rifas, clases especiales, seminarios o ayudas monetarias de gente cercana.
La mayoría de las peleas no tienen premio y en muchas ocasiones se cobran inscripciones para poder participar. Para ser un verdadero “nak muay” (luchador) y vivir de la competencia es necesario probar suerte del otro lado del charco.
A pesar de estos impedimentos, la Argentina es uno de los mejores países sudamericanos junto a Brasil y Perú, pero aún se encuentra en desventaja con respecto al nivel de Tailandia o de los estados de la ex Unión Soviética.
Sebastián Calvo, campeón panamericano de la Pan American Muay thai Unión y sudamericano de la Comisión Sudamericana de Muay Thai, le dice a NOTICIAS: “Cuando suena la campana, sentís una adrenalina difícil de explicar. Tenés la satisfacción de superarte, llevarte al límite y traspasarlo. Uno sube al ring de una manera y se baja mucho más fuerte que antes, sin importar el resultado de la pelea”.

 

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