Economía / 20 de octubre de 2015

Para hacer frente a próximas crisis es necesario diversificar la matriz

El sector agroexportador es hoy el de mayor productividad en América latina, y el industrial todavía está rezagado.

La diversificación productiva es la única opción de América Latina para lograr un crecimiento real. Así se desprende del informe “América Latina: fortalezas de corto plazo y debilidades estructurales en un contexto global incierto y hostil, ¿hasta cuándo se sostiene?”, publicado la semana pasada por el Real Instituto Elcano, un think tank español. Su autor es el economista argentino Federico Poli, ex economista jefe de la Unión Industrial Argentina y ex jefe de asesores del equipo de Roberto Lavagna durante su paso por el ministerio. Hoy reside en España; desde allí evalúa los resultados de la década 2003/2013 en América latina y diagnostica el futuro de la región.
Según su lectura, entre 2003 y la actualidad América Latina “parece haber entrado en la normalidad en el comportamiento de su PIB”, con menor volatilidad. Elogia la gestión macroeconómica de la región y su construcción de activos, así como las mejoras sociales: la reducción del desempleo, la indigencia y la pobreza. Sin embargo, advierte que el crecimiento del PBI está en declive, así como la productividad, y hay temor de que la pobreza y el desempleo vuelvan a aumentar.
Para Poli, la culpa de este peligro reside en la escasa diversificación productiva, resultado del excesivo peso del sector productor de materias primas en la región. Sostiene que este sector tiene “mayor productividad que el sector industrial a nivel nacional (ventaja comparativa) y también una mayor productividad respecto a su similar de los países desarrollados (ventaja absoluta)”. Propone políticas industriales, de financiación y de investigación y desarrollo como receta para modificar esta matriz productiva. “La estrategia productiva para este tipo de economía debe plantear una complementariedad, no una exclusión, entre el aliento de los sectores de ventajas comparativas estáticas y el de las dinámicas, con el objetivo último de lograr una estructura productiva diversificada. El desarrollo de los sectores con ventajas comparativas estáticas permitirá la obtención de los recursos necesarios, financiación externa e interna, para atender el desarrollo de los sectores de ventajas comparativas dinámicas. Además, estos últimos permiten la innovación tecnológica y organizativa en los sectores más tradicionales”, asegura.
Tensión. “Un dilema típico es la tensión que determina el nivel del tipo de cambio entre las cuasi rentas que se generan en los sectores productores de materias primas y el aliento a los sectores productivos complejos e intensivos en conocimiento. La diversificación se ve dificultada por los procesos de revaluación de las monedas que han sufrido muchos países de la región, agravados en el último tiempo, que generaron impactos negativos sobre el sector productivo transable y crecientes déficit por cuenta corriente”.
Poli afirma que para sostener una tasa mayor de crecimiento de largo plazo, mantener las mejoras sociales alcanzadas, satisfacer las demandas de las clases medias y en crecimiento y evitar crisis macroeconómicas, América Latina requiere encarar un cambio de estructura productiva que lleve a una mayor diversificación. Advierte que la “dura tarea del cambio estructural” debe ser emprendida “bajo las condiciones adversas del ciclo porque durante la bonanza los gobiernos no tienen incentivos para involucrarse en cuestiones complejas y conflictivas”. Y vaticina que de no lograrse este cambio, la necesidad de sostener las mejoras sociales conseguidas aun a costa de debilidades estructurales derivará en más crisis macroeconómicas.