Economía / 21 de octubre de 2015

El escándalo Petrobras nació en el Planalto

Las coimas y el robo a la petrolera habrían sido avalados por Lula y Dilma, según las últimas confesiones de los “arrepentidos”.

Un ex diputado revela que el mayor escándalo de corrupción de la historia de Brasil se creó con el consentimiento del ex presidente Lula y se mantiene por la presidenta Dilma Rousseff. Exponente de una familia rica y tradicional del nordeste de Brasil, el médico Pedro Corrêa se destacó, durante casi cuatro décadas, como uno de los congresistas más influyentes en las negociaciones tras bastidores. Como presidente del Partido Progresista (PP), garantizó la adhesión del partido al gobierno de Lula y, a cambio, recibió el derecho de apadrinar funcionarios para cargos estratégicos en el Estado. Esa relación de complicidad entre el ex diputado y el ex presidente le costó a Corrêa una condena a prisión en el escándalo de las coimas, el primer esquema de compra de apoyo congresista engendrado por la gestión del Partido de los Trabajadores (PT). Incluso, luego del período en prisión, Corrêa se mantuvo firme en no revelar lo que vio y escuchó cuando tenía acceso privilegiado al gabinete más poderoso del Planalto. Sin embargo, el acuerdo tácito entre el ex diputado y Lula ahora está a punto de quebrarse, gracias al descubrimiento del escándalo de Petrobras y al avance de las investigaciones sobre el esquema de corrupción más grande de la historia de Brasil.
de arriba a abajo. Como otros imputados, Corrêa fue a prisión por la Operación “Lava-Jato” -que investiga la trama de sobornos y lavado de dinero en el gobierno brasileño-, pero hace dos meses que negocia un acuerdo de colaboración que, si se confirma, lo convertirá en el primer político en adherirse a la delación premiada. Con la autoridad de haber presidido uno de los partidos más grandes de la alianza base del oficialismo petista (por el PT, el Partido de los Trabajadores de Lula), Corrêa ya le dijo a los fiscales que el ex presidente y la actual no solo sabían de la existencia de las coimas en Petrobras, sino que también actuaron personalmente para mantenerlas en funcionamiento. La cima de la cadena de comando estaría un escalón arriba del gabinete, considerado hasta hoy, en las declaraciones de los fiscales, la cumbre de la organización delictiva.
Corrêa llegó a declarar que el escándalo de Petrobras nació en una reunión realizada en el Planalto, con su participación, la de Lula, integrantes de la cúpula del PP y de los integrantes del PT, José Dirceu y José Eduardo Dutra, que, en aquella época eran, jefe de gabinete y presidente de Petrobras, respectivamente. El asunto era entonces el nombramiento de un tal Paulo Roberto Costa para la dirección de Abastecimiento de Petrobras. Lula, según Corrêa, intervino en nombre del funcionario propuesto, a quien más tarde lo llamaría “Paulinho”. Lula amenazó con despedir a toda la dirección de Petrobras, incluyendo a Dutra, si su orden no se cumplía. Al relatar ese episodio, Corrêa resaltó que el ex presidente tenía plena conciencia de que el objetivo de los aliados era colocar funcionarios en la estatal para recaudar dinero y hacer caja de campaña. Como pieza clave en ese engranaje, “Paulinho” no era un invento de la cúpula del PP, sino una creación colectiva montada por el ex presidente capaz de malversar, por lo menos, 19.000 millones de reales (unos 4.890 millones de dólares) de los cofres de la petrolera.
El esquema se extendió en el mandato de Rousseff, y con su consentimiento: Corrêa afirmó a las autoridades que Dilma también sabía del robo en Petrobras desde la época en que estaba a cargo del gabinete y el consejo de la administración de la petrolera. Incluso, como presidenta, había intervenido directamente en una disputa entre los diputados del PP por el control del dinero robado. Pero apenas se nombra una nueva dirección del partido en la Cámara, Costa -”Paulinho”- interrumpió el pago de coimas al grupo del ahora “arrepentido” Corrêa. Cuando le reclamaron que continuara con las transferencias, Costa exigió una autorización previa del Planalto. Fue entonces que Dilma determinó que se restablecieran los pagos. Así se hizo. Según Corrêa, Dilma se quejaba de la “herencia maldita” que Lula le había dejado. Sin embargo, presionó personalmente para un acuerdo entre los grupos rivales y la continuidad del sistema de coimas (ver página 44). En declaraciones a la revista VEJA en octubre del año pasado, el cambista Alberto Youssef, delator del escándalo de Petrobras junto al propio Paulo Roberto Costa, ya afirmaba que Dilma y Lula sabían de la existencia del escándalo. O sea: según el cambista, se trataba era una operación del gobierno. Se pagaba con dinero sucio por el apoyo de congresistas. Las coimas para Corrêa, por ejemplo, llegaban a 250.000 reales por mes. El valor desembolsado a los otros diputados del PP variaba según su importancia en el grupo y llegaba por diferentes frentes. Corrêa iba a la oficina de Youssef en San Pablo, cada quince días, a buscar su parte, en reales, convertida en dólares e incluso euros. A veces, se daba el lujo de recibir la coima en su casa. Rafael Angulo Lopez, brazo derecho del cambista y coordinador del “money delivery”, hacía entregas en la terraza del ex diputado, en Playa de Boa Viagem, en Recife, o en el departamento funcional que ocupaba en Brasilia.
Cien políticos bajo sospecha. Desde que decidió negociar un acuerdo de delación premiada, Corrêa desató el pánico entre los integrantes del PP, en la cúpula del gobierno y en el PT. No fue en vano. Él ha nombrado cerca de un centenar de políticos y detallado robos en otros órganos estatales. “Si Pedro dice todo lo que sabe, será el fin. El PP tendrá que fundarse de nuevo. Tampoco sé si quedará alguien en los otros partidos”, dice un diputado del partido. “Pedro es uno de los hombres del país que más saben desde el gobierno de Fernando Henrique Cardoso (previo a Lula). Si habla, tendrá condiciones de pasar en limpio toda una página de nuestra historia”, confirmó Michel Saliba, ex abogado de Corrêa, a VEJA. Corrêa es una pieza vital del rompecabezas: negoció la participación de su partido en el gobierno de Lula, tanto en el escándalo de las coimas como en el de Petrobras. Sabe de memoria quiénes eran los responsables de los robos multimillonarios de los últimos años en Petrobras, en el Ministerio de Salud y, principalmente, en el Ministerio de Ciudades. Sabe detalles impresionantes de cómo el ex presidente Lula intentó anular el juicio por corrupción. En aquella ocasión, el petista no consiguió liberar a sus aliados de la prisión. Ahora, sus aliados lo amenazan a Lula con mandarlo a la cárcel.

 

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