Teatro / 30 de Octubre de 2015

Lazos de sangre

“La sangre de los árboles” escrita y dirigida por Luis Barrales. Con Juana Viale y Victoria Céspedes. Teatro Picadero, Discépolo 1847.

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★★★ Desde los griegos a esta parte, la cuestión familiar y sus múltiples implicancias y antagonismos están siempre problematizadas en la escena mundial. Es que toda indagación en este terreno siempre resulta atractiva y necesaria. En particular si el contexto acumula violentas razones políticas, religiosas o socioeconómicas que dejan profundas heridas abiertas.
En una trama situada en Latinoamérica, Leonor (Juana Viale) y Manuela (Victoria Céspedes), pretenden descubrir si son hermanas, pero no se animan a abrir el sobre que contiene un supuesto estudio de ADN que podría dilucidarlo.
Pero las protagonistas, a través de variadas caracterizaciones, también abrevan en otros lazos de sangre que escapan al límite de lo fraterno o exploran vericuetos mucho más urticantes. Como la relación que suele darse entre madre e hija o lo que se inmiscuye bajo las sábanas de amantes de un mismo sexo, por mencionar algunos de los vínculos expuestos.
Nada escapa al críptico texto del joven dramaturgo y director chileno Luis Barrales (1978), quien construye una estructura dramática sugestiva pero en la que los límites resultan imprecisos y, por momentos, demasiado confusos. Su visión de ciertas conductas atávicas, el oscilante péndulo que lleva del amor al odio, las alegorías sobre cuestiones relacionadas con la identidad, son expuestas con creatividad y forman parte del juego de roles que el espectador deberá completar con su reflexión posterior. Sin embargo, tamaña demanda para el público, resulta excesiva.
Ante semejante material, se requiere actuaciones de fuste. Ese aspecto está muy bien logrado. Viale, a quien se aprecia con mucha soltura en escena, imprime la intensidad necesaria para hacer creíbles a sus criaturas. Además de su rotunda belleza, sabe desplazarse como si nunca se hubiera bajado de un escenario, aporta carisma y una elegancia envidiables e infrecuentes. Céspedes, no le va en zaga. Pletórica de recursos expresivos y matices vocales, en los momentos más dramáticos, potencia las acciones de la dupla y revela que es una sólida actriz.
La presencia de la chelista Ángela Acuña, suma sensibilidad y ayuda a la construcción de climas inspiradores.

 

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