Ciencia / 19 de Noviembre de 2015

Eduación en la era digital: ¿el fin de la escritura?

Finlandia eliminó la caligrafía de sus planes de estudio. Los efectos que produce escribir a mano en el cerebro. Diferencias con el tipeo.

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H ace más de cinco milenios, escribir era grabar símbolos en la piedra, en la arcilla, en la madera, para registrar aquello que la memoria ya no podía guardar. A lo largo de la historia, la escritura se fue organizando y haciendo más sofisticada la caligrafía, el arte de diseñar letras. El cambio generó una nueva elite, la de los calígrafos.
En China, donde se inventó el papel, solo los que eran expertos en reproducir bellos ideogramas lograban ingresar en la ambicionada carrera pública. En el Imperio Romano, los talentos precoces en el arte de escribir eran seleccionados para dedicarse exclusivamente al diseño de la palabra escrita. Dentro de los conventos medievales, los monjes reproducían la Biblia en manuscritos magníficamente ilustrados.
Poco a poco, la escritura manual se fue popularizando, primero mediante el uso de plumas de aves sumergidas en tinta, después con pluma y tintero y, a partir de los años ´40, con la estilográfica, el instrumento definitivo para dar agilidad a la escritura. Pero en la era de las computadoras, de las tablets y de los teléfonos celulares, cada vez es menos común que alguien use una libreta y una birome para tomar nota en exposiciones, congresos, clases.
Confinada a la firma de cheques y documentos y a la redacción de notas en clave para pegar en el monitor de la computadora de escritorio, la escritura cursiva va cayendo en desuso. Un sondeo hecho recientemente en Inglaterra con dos mil personas indicó que una de cada tres personas no había escrito nada con lápiz o birome en los seis meses anteriores a la encuesta.
Escribir, ahora, es teclear, y las escuelas comienzan a subirse a esta nueva realidad. En el año 2013, el conjunto de las orientaciones para la enseñanza en los Estados Unidos, donde cada Estado legisla sobre el tema, dejó de lado la obligatoriedad de escribir en letra cursiva en las aulas, en pro de promover la digitación. Ahora, en Finlandia, punta de lanza de la enseñanza moderna, anunció que a partir del 2016 la curricula nacional de enseñanza primaria va a abolir la caligrafía.
¿Demasiado drástico? Depende de cómo se lo analice. Lo que está excluyendo, en principio, es el aprendizaje de cómo escribir textos largos con buena letra. “Vivimos una transición natural. Los niños actuales se sientan frente a la computadora ya en sus primeros años de vida”, comenta Claudia Costin, directora de Educación del Banco Mundial.
Los defensores del cambio en los planes de estudio arguyen que no hay por qué quitarle tiempo al alumno con caligrafía, cuando lo que exige el mundo es un ejército de personas con un raciocinio lógico afilado, sin importar de qué manera se expresen. “Teclear, en lugar de escribir, es simplemente la transposición hacia una tecnología más eficiente”, dice Juhani Mykkanen, encargado de crear un manual para la enseñanza de códigos (el lenguaje de las computadoras) en las escuelas finesas.
Lo que dice la ciencia. Si la caligrafía se va definitivamente, se llevará (además de la belleza) beneficios comprobados científicamente. El estímulo a la coordinación motora es el más conocido, pero hay más. Las investigaciones confirman que el hecho de deslizar la birome sobre el papel para formar palabras estimula el raciocinio. Un estudio de la Utantes en una oración, y el tercero solamente observó. Los chicos que escribieron claramente activaron más las neuronas y las conexiones del denominado circuito de la lectura.
Es sabido que el mero hecho de tomar notas con la birome en una libreta representa, por sí mismo, un ejercicio de comprensión del mensaje, por la necesidad que se da de resumir el texto mientras se lo está escribiendo. El teclado permite registrar más volumen de información, pero prestando una atención menor.
Más allá de lo que la ciencia dice, la letra manuscrita es una presentación de la persona que la traza. No hay una letra que sea igual a la otra, aún entre hermanos gemelos, y esto es directamente opuesto a lo que sucede con las fuentes y tipos que se usan en la digitalización.
Al crear un texto en papel, el autor se expande fuera de los márgenes, escribe notas a pie de página, marcas y subrayados, deja una especie de retrato del acto creativo de la narración. De un teclado, por el contrario, el texto sale frío y limpio, todo lo que pudo haber habido antes queda enterrado apenas se presiona la tecla “apagar”.
En la Antigüedad se le enseñaba a los alumnos únicamente a partir de la memoria. Cuando la escritura fue introducida, trajo ventajas pero a cambio de que se perdiera aquél poderoso ejercicio de absorción de las ideas. La transformación que está comenzado ahora también involucra pérdidas y ganancias. Escribir en un teclado ayuda a organizar el pensamiento en etapas y sedimenta el aprendizaje de la ortografía, dado que las correcciones son en tiempo real. Mija Opettaia, profesora de escuela pública en Finlandia y experta en la comparación con las letras escritas, afirma que teclear estimula a los alumnos a escribir más, porque ellos están acostumbrados a la plataforma digital y a construir argumentos ricos, con internet a la distancia de un clic. Sin hablar de la adecuación al mercado laboral, hoy casi totalmente digital. “Digitar de manera fluida es una competencia esencial”, enfatizó el Consejo de Educación finlandés, al justificar su decisión de remover la caligrafía de los planes de estudio.
La escritura con pluma es una actividad que no llega a los dos siglos de vida. Si ella desaparece no será el fin del mundo, dicen los expertos. El movimiento está apenas empezando, pero todo indica que no tiene vuelta atrás. “En el futuro, teclear tendrá a ser tan natural como lo es hoy escribir sobre el papel, lo que terminará reflejándose en el proceso de alfabetización”, argumentan lingüistas suecos. Y, si llegara el día en el que nadie más supiera escribir a mano, siempre se podrá apelar a Bond, un robot estadounidense que imita con perfección, usando pluma y tintero sobre papel, la caligrafía más perfejamás conocida.

 

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