Economía / 19 de noviembre de 2015

La economía que viene: ¿shock o gradualismo?

Las duras medidas en carpeta para “desactivar la bomba” que deja CFK. Dólar, salario y consumo.

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Dólar. Cepo. Inflación. Retenciones. Ganancias. Jubilaciones con 82% móvil. Reservas en el Banco Central. A una semana del ballottage, no hay mayores expectativas electorales sobre lo que harán Daniel Scioli o Mauricio Macri desde el 10 de diciembre que no estén asociadas a la economía. En realidad, a la necesidad de un cambio económico. Van cuatro años en que el país no crece y el nuevo gobierno está a punto de recibir una herencia por demás gravosa en materia de precios relativos, pobreza, deuda y relaciones comerciales con el mundo. Cualquiera sea el paquete de primeras medidas que ponga en marcha uno u otro Presidente, habrá un diciembre caliente. Y no sólo por la reacción popular ante los anuncios –si se ejecuta el ajuste tan anunciado–, sino por las internas que se desatarán en ambos frentes electorales, especialmente entre los asesores, economistas y eventuales funcionarios que cobrarán mayor protagonismo.
El cristinismo ya boicoteó la campaña electoral de su candidato a medias y está dispuesto a cumplir con la consigna de “entregar el gobierno, pero no el poder” –según consta en amenazas pintadas en las paredes y verbalizadas por sus comisarios políticos–, por lo que genera dudas quién de los dos eventuales presidentes deberá enfrentar los mayores desafíos a la gobernabilidad: Scioli se presentó como el garante, pero fue virtualmente bombardeado por su descarriado frente interno, el popular “fuego amigo”; Macri pareció la víctima de la conspiración peronista, pero ahora resulta que domina políticamente la Ciudad y la provincia de Buenos Aires, además de otros distritos centrales como Córdoba, Santa Fe y Mendoza.
El candidato oficialista, después del mediocre resultado obtenido el 25 de octubre –ganó a presidente por 3 puntos y perdió por 5 con su candidato a gobernador, Aníbal Fernández, el bastión peronista bonaerense–, se lanzó a multiplicar sus promesas de campaña. Se comprometió a bajar retenciones (incluida la soja), a aplicar el 82% móvil a los jubilados que cobran la mínima, a disolver el INDEC “trucho” y crear una agencia de estadísticas, a medir y difundir datos de pobreza y a dar conferencias de prensa en vez de saturar con falsedades la cadena nacional. Tal vez hayan sido los últimos intentos para demostrar que, si gana el ballottage, no será una fugaz marioneta del cristinismo ultra K. Sólo en las últimas semanas admitió que incluso le había copiado algunas propuestas al tercero en discordia, Sergio Massa, dueño de unos 5 millones de votos en la primera vuelta electoral.
El candidato de Cambiemos, Mauricio Macri, se había “adaptado” antes: la misma noche en que Horacio Rodríguez Larreta ganó por escasos 3 puntos la jefatura de Gobierno porteño contra Martín Lousteau, defendió con una pasión desconocida la asignación universal por hijo, las estatizaciones de YPF y Aerolíneas Argentinas y los planes sociales del gobierno saliente. En realidad, después de ese acto componedor, Macri habló más por boca de los voceros de la campaña sucia del Frente para la Victoria, que lo denostaron día y noche, que por lo que acostumbra a decir él mismo.
Que Scioli trate de caerles mejor a los votantes peronistas no kirchneristas y que Macri intente lo mismo con la clientela electoral de Massa forma parte del manual básico de cualquier ballottage: crecer por arriba del voto ya polarizado. El eje de la disputa pasó a ser la economía y las primeras medidas de un nuevo gobierno. Sin embargo, sus respectivas propuestas, en lo esencial, son más compatibles que antagónicas.
Tipo de cambio y cepo. Scioli dice que garantiza para enero del 2016 un dólar a 10 pesos y 20.000 millones de dólares de reservas en el Banco Central –aunque explica muy confusamente cómo lo conseguirá– y apuesta a salir gradualmente del cepo cambiario (lo llama sutilmente “control de capitales”). Según sus asesores, primero habría que repatriar capitales de argentinos en el exterior y de inversionistas privados dispuestos a financiar proyectos en el país, reabrir las negociaciones con los holdouts en Nueva York y obtener algún préstamo disponible de organismos multilaterales de crédito. Pero, antes que todo eso –cuya gestión demoraría unos cuantos meses–, contabilizan ingresos por unos 12.000 millones de dólares de la cosecha no liquidada. No quieren devaluar porque, según los oficialistas, no se podría evitar el traslado a precios. El argumento de Miguel Bein es que los cinco o seis productos básicos de la canasta popular valen hoy un dólar cada uno: el litro de leche, la botella de 900 centímetros cúbicos de aceite, el paquete de fideos… y con una devaluación, pasarían a costar 15 o 16 pesos con el obvio manotazo al bolsillo y al poder de compra de los salarios. Sin embargo, reconoce que la restricción externa es el principal problema: “No alcanzan los dólares que la Argentina genera a través de sus exportaciones para abastecer un flujo de importaciones suficientes para aumentar la producción y el consumo”.
Macri, en cambio, sólo reconoce que el dólar será más caro que el oficial y más barato que el blue (¿14? ¿15?). Y no cree que ese hipotético tipo de cambio represente una “megadevaluación”. Sin embargo, ya no insiste con el levantamiento del cepo el 11 de diciembre y el restablecimiento –tipo “shock”– del llamado mercado único y libre de cambios (en contraposición con el desdoblado actualmente en no menos de diez cotizaciones diferentes). Sus asesores aseguran que la devaluación es, a esta altura, inevitable, pero que el impacto inflacionario será moderado y gradual ya que los precios incluyen ahora mismo un dólar a 14 o 16 pesos y no sólo al oficial de 9,50, según los productos. Es un asunto polémico todavía pendiente. Aunque en el macrismo insisten en liberar el cepo para recibir los dólares que tendrían que haber venido y no vinieron justamente por el cepo. Son los dólares comerciales que, por su ausencia o atraso cambiario, están frenando las importaciones y fundiendo a las economías regionales. Alfonso Prat-Gay lo plantea así: “Vamos a incentivar al sector que produce las divisas”. Rogelio Frigerio no teme un efecto inflacionario en gran escala: “La inflación se soluciona con una política monetaria racional, por ejemplo que el Central no emita pesos a lo pavo para financiar el mal manejo de los fondos públicos”.
Inflación e INDEC. Scioli promete bajarla a un dígito en tres o cuatro años y valerse, para lograrlo, del plan Precios Cuidados de Axel Kicillof, pero “recargado”. Sus asesores bonaerenses le dicen que es posible, gradualmente, reducirla sin afectar salarios ni consumo y sin eliminar drásticamente el monumental déficit fiscal del 7% del PBI (unos 90.000 millones de pesos). Dicen que tienen un plan para bajar el IPC cinco puntos por año hasta ponerlo en la zona de un dígito al final de los cuatro años. Gran coincidencia con Prat-Gay: “La reducción debe ser gradual –sostiene el ex presidente del BCRA–. Por ejemplo, pasar del 25 o 30% anual que tenemos ahora al 5% en el último año de mandato”. Scioli sí se compromete a devolver la rentabilidad perdida a las economías regionales y a conseguir él mismo las inversiones que hoy no llegan. Silvina Batakis, por su lado, anticipó que disolverán el cuestionado INDEC y crearán una nueva agencia nacional de estadísticas. Medirá, por ejemplo, la pobreza, dato que el gobierno K no difunde desde el 2013. Máximo desafío a la impronta cristinista.
La meta de Macri también es bajar la inflación, ya que la considera el origen de todos los males. Sus asesores culpan a la descontrolada emisión monetaria (circulan en el mercado casi 600.000 millones de pesos contra unos 26.000 millones de dólares –declarados y no comprobados– en el BCRA). Y también cargan las tintas contra el crecimiento del gasto público (sobre todo en despilfarro y corrupción): aseguran que sólo el 5% se invierte en planes sociales. Emisión y gasto serían los mecanismos claves que, según ellos, disparan el impuesto inflacionario. En cuanto a la maraña de subsidios, también son gradualistas: no habrá poda salvaje ni aumento de tarifas a usuarios de bajos recursos. La premisa es empezar a subsidiar la demanda y no la oferta: tienen en cuenta que más de la mitad de esos subsidios a los servicios públicos los aprovecha el 30% más rico de la población. En el sciolismo coinciden: “Los subsidios a las tarifas eléctricas suman 130.000 millones de pesos, y por lo menos la mitad está mal direccionado”, explica Bein. Pero la campaña sucia que le armaron a Macri dice otra cosa: “Con Macri se viene el aumento de tarifas. Conmigo se va a garantizar que no aumente la boleta de luz, ni de gas ni el transporte”. Hasta ahora, el Estado destina 183.000 millones de pesos a pagar subsidios a la energía, el transporte y las empresas públicas (cifras de la Asociación Argentina de Presupuesto para los primeros nueve meses de este año).
Retenciones y Ganancias. En el último tramo de su errática campaña, Scioli, además de prometer el 82% móvil a los jubilados de haberes mínimos (que beneficiaría 3,5 millones de personas), propuso eliminar los derechos de exportación al té, algodón, peras, manzanas, cítricos, trigo y maíz, entre otros productos regionales, reducir las de la soja de 35% a 25% (a un costo fiscal de 15.000 millones de pesos) y subir el mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias para eximir a los sueldos netos de hasta 30.000 pesos (a un costo fiscal de 17.000 millones de pesos). Macri también se sumó a la promesa del 82% móvil (en realidad, una propuesta de Massa que el macrismo, al principio, había rechazado, y que Scioli, últimamente, admitió haber copiado). Los asesores de Macri, como los de Scioli, prevén quitar las retenciones a todos los productos regionales y, en el caso de la soja, las reducirían 5 puntos por año. Anticipan que fortalecerán la recaudación en base al impuesto inmobiliario y Ganancias, pero también proponen un piso nuevo –de entre 26.000 y 30.000 pesos– para Ganancias, tomando como referencia el equivalente inflacionario al 2006. Planean, a partir de allí, modificar las escalas.
Inversiones y holdouts. En los dos formatos económicos que proponen Scioli y Macri se admite que la recuperación de inversiones –que promedió un mediocre 20% en relación con el PBI durante los 12 años de kirchnerismo– estará atada a la vuelta del país al mercado internacional de capitales y a la solución del conflicto con los holdouts. Scioli sugiere que, previo a esas negociaciones, se podrían conseguir líneas de créditos a baja tasa de organismos multilaterales como el Banco Mundial o la Corporación Andina de Fomento para obras de infraestructura. El candidato oficialista mencionó también eventuales negociaciones con el gobierno chino para renovar el swap de monedas y el Banco Nacional de Desarrollo de Brasil, pero sin dar precisiones. Con el Banco Central prácticamente vaciado de divisas y la falta de acceso al préstamo internacional, los primeros pasos del próximo gobierno serán muy exigentes si pretende, de entrada, dinamizar la producción y el empleo industrial y volver a crecer. Las urgencias que plantean los respectivos asesores económicos son diferentes: “El conflicto con los buitres tiene que seguir todo lo que sea necesario”, dice Bein. “Proponemos ponernos al día con la Justicia de los Estados Unidos, no tanto con los buitres –define Prat-Gay–. Hay que rajar a los abogados del país, que no funcionaron, sentarse con el mediador y mostrar voluntad de pago, pero no esa factura de intereses que no sabemos de dónde sale”. El macrismo plantea que la Argentina debe endeudarse a las tasas razonables que pagan los países de la región y canalizar el capital que llegue a las obras de infraestructura. En la Fundación Pensar se habla de poner el foco en los dos pilares centrales del desarrollo, la educación para el capital humano y la infraestructura, como los ejes de la inversión en la Argentina del futuro.
Planes sociales. La Fundación sciolista DAR propone potenciar programas integrales para acompañar a niños en situación de vulnerabilidad durante los primeros 1.000 días de vida. Scioli también anunció la devolución del IVA a jubilados y beneficiarios de la asignación por hijo en sus compras con tarjeta. Macri se comprometió a mantener la asignación universal por hijo y que la extenderá a niños y adolescentes sin cobertura (para beneficiar a 1,8 millón de personas). Y repite cada vez que puede que no sacará los planes sociales vigentes.
Si bien ambos candidatos han descartado formalmente un eventual futuro cogobierno o pacto de gobernabilidad, Scioli ha prometido en privado una mesa de concertación con empresarios y trabajadores. Macri se inclina por un programa de coincidencias con el Frente Renovador o mediante la ubicación de sus representantes individuales en un eventual gabinete de “cohabitación”. Los dos saben que en el Parlamento no habrá mayorías definidas y que algunas porciones del aparato del Estado seguirán cooptadas por los sectarizados militantes ultra K.
Alerta en diciembre. Aún sosteniendo la consigna de “no devaluar”, en el equipo sciolista también se filtran las preocupaciones por el atraso cambiario y la diaria pérdida de dólares del Central. “Ni siquiera tenemos seguridad de lo que vamos a encontrar”, se alarma uno de los asesores. La deuda con los importadores –de compras ya realizadas y no canceladas– supera ya los 8.000 millones de dólares. Y el gobierno entrante, a pocos días de asumir en diciembre, deberá pagar otros 1.000 millones de dólares de los bonos y preparar los Discount y Global. Antes de fin de año, se conocerá la decisión final de la Reserva Federal sobre el eventual aumento de las tasas internacionales que se mantuvieron alrededor del 0% desde la debacle de Lehman Brothers y la crisis financiera global. El próximo mandato presidencial coincidirá con un cambio de escenario más global: el mundo dejará de traccionar al sector exportador doméstico como lo hizo durante la década kirchnerista.
Las economías regionales padecen una marcada pérdida de competitividad como consecuencia de la descoordinación entre la política fiscal que genera una presión tributaria elevada, la política monetaria hiperexpansiva que genera inflación y la política cambiaria que utiliza al tipo de cambio oficial como ancla nominal. Esta inconsistencia se potencia con la actual caída de precios a nivel internacional. Antes, quedaba disimulada por los precios récords de las materias primas.
En diciembre, ambos candidatos proyectan presentar planes de reformas del INDEC y eventuales retoques a la repatriación de capitales del 2008, aggiornada ahora como propuesta de primera mano por Scioli en función, según cree, de ampliar la capacidad productiva y la llegada de inversiones que los propios argentinos acumulan en el exterior. A fin de año, si gana Macri, empezará la cruenta autocrítica del peronismo de la derrota. Mientras, se planifican los pagos por un total de 25.000 millones de dólares, correspondientes a la deuda del sector público nacional no financiero. Unos 18.358 millones son vencimientos en moneda extranjera y 6.658 millones los nominados en pesos.
Un paquete que parece menos un regalo de fin de año que una bomba activada.

 

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