Restaurante / 4 de diciembre de 2015

Un relanzamiento saludable

Santé Café. Loyola 807, Villa Crespo. 4775-5440. Cocina casera/pastelería. Lunes a sábados de 10.30 a 19. Tarjetas. Precio promedio: $ 100.

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Cuando cerró en 2014, todos extrañamos Santé. La esquina de Peña y Azcuénaga tenía ese “je ne sais quoi” que lo hacía a uno sentirse cómodo y volver seguido. La clave estaba en la mirada abarcativa de su dueño, Pablo Osan, que lograba un buen equilibrio entre el ambiente, la cocina y el servicio, a un precio razonable.Al tiempo, y con una nueva sucursal en Belgrano, el equilibrio devino en malabares. Mejor curarse en salud. Osan cambió el modelo de negocio, ajustándolo a los tiempos que corren: mudó Santé al circuito de outlets de Villa Crespo y le dio un perfil más funcional.
Ahora pone la inversión donde más se siente, en la calidad del producto. Tiene una carta corta, con un plato del día caserísimo y a un precio inmejorable, suculentos sándwiches y ensaladas, buen café y buena pastelería. El servicio se comparte con la casa: se pide en la barra y le llevan el pedido a la mesa. El ambiente es joven y descontracturado, con una enorme niña que baila pintada en la pared, sillas anaranjadas y una barra vidriada. Hay café para llevar y si planea sentarse un rato, por la mitad de lo que vale una botella de agua mineral, puede pedir un vaso y servirse agua fresca de un dispenser las veces que quiera. Opuestamente a su antecesor, ahora Santé no es un lugar para instalarse, sino de paso.
La cocina es simple pero sabrosa y abundante. El día de nuestra visita, el plato del día eran milanesas de peceto acompañadas con un puré con hojas de espinaca dentro, un toque divertido y nutritivo. Los sándwiches son grandes y con buen pan, como el de láminas de carne con cebolla caramelizada y mostaza de calidad en pan brioche. También son tentadores el de cerdo braseado con cherries confitados y salsa barbecue y el vegetariano, con brie, y tomates y berenjenas asados. Entre las ensaladas, clásica Caesar con pollo y la moldeada de langostinos, herencia el viejo Santé, con palta, hongos y hojas verdes.
Los arroces salteados son otro punto fuerte de Santé: buen arroz blanco, buen aceite, con alguna salsita mágica y agregado de pollo, vegetales o langostinos. Hay tartas –siempre con una opción vegetariana– y limonada del día. Nos tocó en suerte frutilla licuada en su interior, en la cantidad justa como para sumarle un toque de sabor y dulzura. También hay té helado, jugos, Campari con tónica o naranja y cervezas (de marca, una artesanal y hasta una china).
Las puertas se abren sólo en la semana y sólo para almorzar pero desde temprano. Hay medialunas, tostadas, yogur con granola, café y buenos tés. La propuesta es un reflejo del público de la zona, que combina típico barrio porteño con una reciente “migración” joven y alternativa.

Cocina ★★★
Servicio ★★★
Ambiente ★★★

 

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