Cultura / 5 de Diciembre de 2015

Una librería futura

Con diseño de Clorindo Testa, el Fondo de Cultura Económica comenzó la construcción de su centro cultural y punto de venta. Ver fotos

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Alejandro Archain, gerente de Argentina del Fondo de Cultura Económica; el Embajador de México, Fernando Castro Tentri, y familiares de Clorindo Testa presentan el proyecto del centro cultural.

Las primeras oficinas del Fondo de Cultura Económica, la editorial mexicana que fundara Daniel Cosío Villegas en 1934, se montaron en un pequeño recoveco del Banco Nacional Hipotecario Urbano en la ciudad de México. En aquel momento, el nombre del emprendimiento –solventado con capital estatal– describía fielmente su razón de ser: proveer a los estudiantes de la recién fundada Escuela Nacional de Economía de una oferta de valiosos textos académicos entonces inaccesibles en español. Rápidamente, expandió su alcance a otros ámbitos del conocimiento y abrió filiales por toda Hispanoamérica para fomentar una “cultura sin barreras”. Con presencia en Argentina desde hace 70 años, el FCE acaba de descubrir la piedra fundacional de lo que será su librería en Buenos Aires.
En un mercado en el que los canales digitales de venta amenazan con socavar el negocio de las librerías tradicionales, el Fondo apuesta al valor simbólico de un espacio en el que se venden libros pero además se ejerce la actividad cultural. La librería llevará el nombre del primer argentino que presidió la filial, Arnaldo Orfila Reynal, fundada en 1945. La entidad celebró en Palermo y junto a amigos y personalidades del mundo intelectual, la colocación de la piedra fundamental de lo que será, en el futuro, un espacio común para actividades de taller, presentaciones de libros, cafetería y exhibición de obras de arte. El proyecto será la obra póstuma de una de las glorias de la arquitectura argentina: Clorindo Testa.
Presencia. En el evento que festejó la colocación de la primera piedra, José Carreño Carlón –académico y periodista, director general del FCE– resaltó a NOTICIAS que es la fraternidad entre las inteligencias mexicana y argentina la que queda simbolizada en este acto. Según cuenta, el hecho de que la primera filial del Fondo se estableciera en nuestro país encuentra su explicación principal en los “factores humanos”: un congreso en el que Cosío Villegas y Orfila Reynal coincidieron y en donde sentaron las bases para lo que entonces consideraban Latinoamérica se debía a sí misma, en términos intelectuales, culturales y académicos.
Carreño Carlón, ex diputado y embajador de México en Holanda, recuerda el vacío cultural que por los años ’30 favoreció el surgimiento de una editorial que se mantuvo a flote en “épocas oscuras”, y que hoy acumula un frondoso catálogo de 10.000 libros. “El Fondo manejó siempre los libros que no circulaban por razones políticas. En sus inicios, emerge de alguna manera para llenar el vacío en un contexto de dictaduras opresivas en el mundo del habla hispana. Era la única editorial que publicaba a Carlos Marx, Max Weber y demás clásicos de la literatura política que se encontraban prohibidos. Precisamente, creo que fue el arraigo que tiene la entidad en la inteligencia latinoamericana el que permitió que aún en los momentos más sombríos, éste tuviera la suficiente capacidad de supervivencia como para trascender”, cuenta el actual director.
Queda claro que por su particular condición financiera -ser solventado por el aporte estatal-, el FCE no es una mera editorial literaria sino que cumple a su vez un rol político. El cargo directivo se ha convertido en una decisión de política cultural -un ex presidente, incluso, ha llegado a presidirlo en el pasado (Miguel de la Madrid, 1990-2000). En ese sentido, su incidencia en el registro sociocultural de la república de México es insoslayable.
Desarrollo. Con 26 librerías en México y otra decena como filiales fuera del país, los recursos del FCE como grupo editorial, explica Carlón, provienen de dos fuentes: mitad por ingresos propios y mitad por el Estado. “¿A dónde van esos aportes públicos? – dice el director- pues no necesariamente a la financiación de la labor editorial sino principalmente a sostener centros y librerías en lugares marginales donde cumplen más bien una función cultural. Por ejemplo, el último espacio que abrimos en México fue en un estado víctima de la violencia como Michoacán”. Según detalla, el déficit solventado por fondos públicos ronda el medio millón de dólares.
“Creemos que los libros, la cultura y los talleres literarios son un vehículo de sanación del tejido social herido por el crimen y la violencia. Precisamente son esos los proyectos que serán respaldados por el fisco mexicano. El rol político (del Fondo) es una fidelidad al origen. La estrategia desde 1934 sigue siendo en muchos sentidos la misma: romper barreras culturales y fomentar la circulación del conocimiento”, agrega.
Según cifras de la Asociación de Editores Americanos (AAP, en inglés) para 2014 en EE.UU., la comercialización de libros en canales digitales superó con creces a la de los negocios físicos tradicionales. El propio FCE tiene en Amazon a su principal socio comercial para los Estados Unidos. Por eso, la propuesta de una librería, entiende Carreño Carlón, debe ser reconfigurada para conservar el atractivo de los lectores, apoyada por otro tipo de servicios como bien pueden ser un café, un espacio de encuentro con autores o una muestra de arte. Para el caso, el diseño de la librería y centro cultural Orfila Reynal en Buenos Aires respondería a esos requisitos.
“Venimos aquí no a hacer negocios ni competir por los mercados sino a cumplir con objetivos de política cultural: concurrir junto con editoriales, autores y libreros en el esfuerzo de elevar los grados de lectura y mejorar la oferta en términos de calidad cultural”, concluye Carreño Carlón.

 

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