Política / 9 de diciembre de 2015

CFK, el acto final

La Presidenta concluye su mandato con un encendido discurso. Críticas y acusaciones al gobierno entrante, los medios y el poder judicial.

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Su carácter desafiante, su histrionismo y poder de palabra merecían un acto final. Luego de inaugurar un busto del expresidente Néstor Carlos Kirchner, la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner habló a los presentes y posteriormente a la militancia que la aguardaba en Plaza de Mayo.

El clima era de fiesta, pese a que no fueron todos. Faltaron los de siempre, ese 58% irreverente que no le dio su voto en 2007, el 46% que le negó su apoyo en 2011 y el 51% que no eligió la fórmula Scioli-Zanini en noviembre pasado. Cristina, habló para los suyos.

En su último discurso, y como no podía ser de otra manera, CFK apuntó contra la “hegemonía mediática”, un “un eje político” que siempre existió y su aliado, “la tercera pata que aparece en esta década”, el “partido judicial”. También cuestionó al gobierno entrante en tanto “habrá buenas relaciones” con los Estados Unidos, y pidió a Dios “que ilumine a toda la dirigencia argentina, a quienes van a tener la responsabilidad de gobernar el país, para que cuiden a los argentinos porque no hay lugar seguro en el mundo”.

Para Cristina “no es lo mismo ser ministro de un gobierno popular, que ser ministro de un gobierno con impunidad mediática”, por eso agradeció especialmente a Daniel Scioli y a los funcionarios que la acompañaron durante sus dos mandatos, porque “tuvieron que bancar agravios, calumnias e injurias”. Y recordó a los “dirigentes y compañeros y compañeras de los movimientos sociales” que “la tarea sigue” porque no hay que confundirse, “el lugar natural de un militante no tiene que ser el gobierno, sino junto al pueblo y la gente”.

Ya en el palco, y por última vez como Presidenta, Cristina habla a la militancia que la esperaba ansiosa en Plaza de Mayo. Las palabras que siguen denotan una sola cosa: ella se retira con la sensación de haber gestionado durante doce años y medio, contra viento y marea. Teniendo “en contra todos los medios hegemónicos”, las “principales corporaciones económicas y financieras” así como el “partido judicial”. Y se siente orgullosa de poder estar ahí, “dando cuentas al pueblo”.

“Cuántas cosas podrán hacer los que tienen todos estos factores a favor. Tengamos mucha fe y mucha esperanza, que no nos agobien”, pidió CFK y arengó: “Tengamos la inteligencia de saber que seguramente van a poder hacer las cosas, porque tienen todo a favor, mucho mejor de lo que hemos hecho nosotros”.

Pero no pudo con su genio, y fiel a su estilo aseguró que “le hubiera gustado” entregar los atributos del mando en el Congreso a su sucesor, Mauricio Macri, pero no pudo. Y tal vez por eso, lo acusó a él, y a la Justicia, de “violentar la Constitución y poner un presidente por decreto”. Frente al silencio de la Presidenta, la militancia respondió con cánticos “Golpe de Estado” y “Macri sos cagón”, coreaban eufóricos en la plaza.

“He visto muchas medidas cautelares, pero en mi vida pensé que iba a haber un presidente cautelar durante 12 horas en mi país (en referencia a Pinedo) lo digo con sinceridad porque luego de que el pueblo argentino en las últimas elecciones presidenciales concurrió tres veces a las urnas me dolió mucho ver un presidente en una sentencia judicial”, remarcó ofuscada.

“Amamos a la Patria profundamente, creemos en el pueblo, creemos en lo que hemos hecho y como creemos en lo que hemos hecho, tenemos que tener una actitud positiva para ayudar a que esas cosas no puedan ser destruidas”, aseveró.

“Yo espero y le pido a Dios que dentro de cuatro años, quien tenga la responsabilidad de conducir los destinos de la Patria, pueda frente a una plaza como esta decirle a todos los argentinos que también puede mirarlo a los ojos”, dijo la Presidenta en el último tramo de su discurso en la Plaza de Mayo frente a miles de militantes.

Sin embargo no se la notaba cómoda, ni feliz. “A las 12 me convierto en calabaza”, ironizó intentando ocultar cualquier dejo de tristeza. Tal vez por eso, haya decidido concluir ocho años de gestión y una era, con entereza sobreactuada, con la voz gastada de gritar “verdades” al viento, denunciando golpes aún después de haber reconocido resultados electorales y alimentando la división y el conflicto entre los argentinos que hoy fueron a la plaza, y aquellos que nunca estuvieron.

 

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