Ciencia / 21 de Diciembre de 2015

Avances argentinos en la programación de robots

La robótica que se viene, softwares nacionales. Brindan desde educación y seguridad hasta asistencia a discapacitados.

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Si una enseñanza dejó la saga de películas “Terminator” es que las máquinas van a dominar el mundo, por lo que siempre es una buena idea tratarlas con cariño. Ahora, más allá de toda exageración cercana a la ciencia ficción, que la robótica está cada vez más entremezclada con la vida cotidiana es un hecho palpable. Olvidarse el celular lleva a cualquier ser urbano a sentirse poco menos que desnudo. La interacción con dispositivos electrónicos es tan constante que se ha naturalizado. La tecnología es omnipresente, Deus ex machina.
Pero aún cuando un smartphone, una tablet o la computadora de a bordo de un auto de alta gama ya no sorprenden a nadie, la robótica física -la disciplina que desarrolla máquinas que hacen cosas “de verdad”, que interactúan con el mundo de lo palpable- sigue echándole nafta al fuego de la imaginación.
Lejos están aún los androides como Robotina -la mucama cibernética de Los Supersónicos-, el temperamental Sony del “Yo, robot” de Asimov o el simpático R2D2, el secarropa heroico de “Star Wars”. De hecho, quizás nunca lleguen a existir. Porque la robótica aplicada no busca la imitación de la humanidad, sino el desarrollo de funciones útiles. Como diría Obi Wan Kenobi, “estos no son los robots que están buscando”.
En este camino, el de los robots al servicio de la gente, la Argentina “no es un gran productor de hardware”, explica Marcelo De Vicenzi, Decano de la Facultad de Tecnología Informática de la Universidad Abierta Interamericana (UAI), cuyo laboratorio de robótica es de avanzada: “Nuestra mayor aptitud se ve en la construcción de arquitectura de software que permite optimizar el uso del hardware. Estamos muy bien posicionados en la región en materia de docencia, en robótica educativa,y en automatización, que es una rama de la robótica. Tenemos desde estaciones meteorológicas autónomas hasta investigación en robótica agropecuaria”. Las cosechadoras que, computadora y GPS de por medio, “navegan” solas por un campo sembrado no son un delirio futurista. Existen y funcionan.
Pero lo más extraordinario que el equipo de De Vicenzi tiene para mostrar pasa por la experimentación.
Con la mente. “En esta era digital en la que vivimos necesitamos mejorar nuestra forma de comunicarnos con la computadora, el celular, la tablet y (por qué no) con los robots”, afirma el especialista, destacando la importancia de la interfaz: “que no es otra cosa que eso que está entre el cerebro humano y el cerebro electrónico; el lenguaje con el que hombre y máquina se comunican”.
El Centro de Investigaciones de Ingeniería Informática de la UAI está desarrollando un software que permite leer las ondas cerebrales con una vincha plagada de sensores -una especie de electroencefalograma portátil- y correlacionar patrones con diferentes comandos en una computadora. “Al pensar, generamos un patrón de zonas del cerebro activas, que asociamos a una acción del robot”, dice De Vicenzi (ver recuadro).
“El futuro de la robótica está en el mejoramiento de la interfaz”, dice Néstor Balich, director del laboratorio de robótica física de la UAI. Y asegura: “Vamos a tener robots que pueden interactuar con los seres humanos de manera natural”.
Aún cuando esta tecnología todavía es embrionaria y se encuentra en etapa de prototipo, tiene aplicaciones reales para el futuro inmediato, desde tareas sencillas como controlar la vigilia de una persona al volante o medir la concentración de un controlador de tráfico aéreo, hasta cosas mucho más sofisticadas como, por ejemplo, permitirle a un cuadriplégico operar una silla de ruedas u otros artefactos con solo pensarlo.
Esta aplicación en particular requerirá de mucho desarrollo. Es que controlar el movimiento con ondas cerebrales exige mucho entrenamiento, tanto para el robot como para el usuario. Los patrones neurales tienen que ser muy claros, para evitar confusiones y accidentes.
“Imaginemos una persona que está moviendo una silla con esta tecnología y, de repente, se distrae”, propone Balich. Mirar “Los Simpson” con la neuro-vincha puesta y esperar a que el robot se comporte decentemente no es una gran idea. Por esto es que la innovación deberá aún complementarse con medidas de seguridad como sensores de proximidad, además de continuar con el desarrollo del software para que la conexión hombre-máquina sea más simple y eficaz.
Pero no es solo un sueño. Es una realidad que está en camino y en pleno desarrollo.
Estamos en el aire. Los drones tienen muy mala fama. Y no es para menos. Los ha usado más de un perverso para espiar a la vecina que toma sol desnuda en una terraza. También los ha empleado -en versiones bastante más sofisticadas que la del voyeur- algún que otro gobierno como avión no tripulado, capaz de lanzar un misil sobre un objetivo enemigo.
Pero esta tecnología puede utilizarse con fines pacíficos y nobles, e inclusive con fines netamente utilitarios. Alcanzar estantes muy altos en un depósito, por ejemplo. Poner una cámara aérea para la televisación de un evento musical o deportivo, algo que ya es usual, dado lo económico que resulta en comparación a, por ejemplo, un helicóptero. Mientras compañías como Amazon o Google ya experimentan con entregas hechas con drones, en una ciudad superpoblada como Bombay, en India, las terrazas se han vuelto “drone-puertos” y han aparecido ya los primeros servicios de delivery de pizza.
Pero además, “lo mejor del dron es su capacidad de vuelo autónomo”, explica Gonzalo Zabala, Director del laboratorio de robótica educativa de la UAI. “El dron te permite acceder a lugares que de otra manera serían complicados. Que tengan cierta autonomía da la posibilidad de generar recorridos que se adapten a diferentes circunstancias, por ejemplo, para hacer análisis de cultivos o rastrear un vehículo. Esto, lejos del mal uso de la guerra, puede aplicarse a la seguridad. Imaginemos por ejemplo delincuentes huyendo en un auto. Un dron con una cámara de alta resolución puede identificar un vehículo y anclarse en esa imagen para seguirlo, reportándole a la policía su posición. Así, se podría hacer una persecusión desde el aire, avisando a las unidades en tierra para que intercepten”.
De Vicenzi agrega: “Las aplicaciones pacíficas de los drones son innumerables. Entregas a domicilio, monitoreo y relevamiento de terrenos, retransmisión de señales, transporte de alimentos y medicamentos en zonas de desastre. Todas cosas que pueden lograrse gracias a la tecnología de navegación autónoma, que permite al robot moverse por la ciudad sin control humano”.
Porque el robotito volador puede tener una persona en los controles. O no. El dron doméstico más común se pilotea con un control remoto. Los drones de combate estadounidenses pueden programarse o pilotearse a distancia (de hecho, se los pilotea desde los Estados Unidos, aún cuando estén haciendo operaciones militares en lugares remotísimos, como Oriente Medio). Pero también, GPS y reconocimiento de imágenes mediante, es factible lograr que el aparato se las arregle solo.
Desde el laboratorio de la UAI experimentan además con una forma innovadora de pilotear un dron: con el cuerpo. La tecnología no es nueva, solo es una aplicación diferente de algo que ya existe. Sensores de movimientos como los que usan algunas consolas de juegos (para detectar cómo se mueve el jugador en juegos de deportes como boxeo o tenis, e inclusive bailando) están siendo aplicados al control de drones. Un “piloto” parado frente al sensor puede levantar los brazos y hacer que el robot con hélices se despegue del piso.
Educación cibernética. La experimentación en materia de robótica física, además de avanzar en el desarrollo y aplicación de tecnologías, cumple una función didáctica. Los robots sirven también para educar. “La enseñanza de la robótica en las escuelas secundarias y la universidad facilita aprender de forma práctica y entretenida ciencias básicas como las matemáticas, la física y la electrónica, y también desarrolla la creatividad a través de la programación -concluye De Vicenzi-. Además, los desarrollos de los proyectos robóticos requieren del trabajo colaborativo de varias personas que, de modo ordenado, formen un equipo productivo”.
Mientras todo esto crece y se desarrolla, los simples mortales habrán de continuar esperando una Robotina que les planche las camisas.

 

6 comentarios de “Avances argentinos en la programación de robots”

  1. ¿ sabrá Quasimodo si la hija del medio le dijo a la menor:
    el “58” da pa’mucho, y si es por “alegres”… hay varios en guía
    – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – ?

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