Cultura / 26 de Diciembre de 2015

Pierre Rosanvallon: “La voluntad popular no siempre es la de la mayoría política”

El historiador francés señala puntos débiles en nuestro sistema de gobierno: poder ejecutivo protagonista y falta de representatividad.

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“La democracia es la forma en que elegimos a la gente equivocada para que nos represente mal”, decía un chiste inglés de la década del ’80. Como todo humor británico, no era precisamente para estallar en una carcajada, pero sí escondía -como todo el humor, venga de donde venga- una verdad: que la democracia, aún cuando es la forma de gobierno más sensata que el ser humano ha inventado hasta el momento, tiene sus falencias.
El historiador francés Pierre Rosanvallon, uno de los más destacados de la actualidad, miembro del Collège de France y de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, investiga desde hace años, como quien hace una autopsia del sistema político favorito de Occidente, a esta democracia agrietada y deficiente en la que vivimos.
Su colección de libros -“La contrademocracia”, “La legitimidad democrática” y “La sociedad de iguales”- acaba de completarse con un volumen más, “El buen gobierno” (Ediciones Manantial), donde critica la presidencialización de los gobiernos a nivel mundial como una pérdida de valores democráticos. De visita en Buenos Aires, analizó con NOTICIAS, las claves del paisaje político actual.
Noticias: ¿Qué tiene de malo la democracia tal como está?
Pierre Rosanvallon: Muchas cosas. La democracia dejó de ser un modelo político para convertirse en una experiencia problemática. Uno de los principales problemas es la falta de representatividad. La democracia debería enfocarse en la relación entre representantes y representados. Sin embargo, los representantes están lejos de la sociedad. Otro de los puntos de crisis es el de la limitación del principio de mayorías. La voluntad popular no siempre es la de la mayoría política, porque hay mucha gente que no participa. Superar las limitaciones del sistema de gobierno de la mayoría es uno de los principales desafíos de la democracia. En este sentido es vital el rol de los grupos civiles y las autoridades independientes que representan los intereses generales desde la imparcialidad. Pero uno de los elementos que más contribuye al déficit democrático es que el poder central ya no es el legislativo sino el ejecutivo.
Noticias: ¿Cómo se llegó a eso?
Rosanvallon: Por un camino muy simple. Cuando se inventaron los sistemas parlamentarios, vivíamos en sociedades muy cerradas, con evoluciones muy lentas. Pero a partir de la Primera Guerra, el mundo entró en un ciclo donde hay que tomar decisiones en forma permanente. La guerra precipitó un cambio de sistemas lentos y cerrados a un sistema abierto pero muy veloz para tomar decisiones. En el mundo de economía globalizada no se gobierna a través de la ley, sino a través de las decisiones. El principio básico de la democracia, que es establecer leyes, fue desplazado por la necesidad de decidir rápido, adaptándose todo el tiempo a nuevos elementos: una devaluación en China, un ataque terrorista desde Oriente Medio, refugiados en las playas de Grecia. Por eso hoy el poder ejecutivo es todo. Pero el presidencialismo no es de por sí democrático, solo es electivo. La cabeza del poder central es elegida por un sistema electoral abierto. En la actualidad, es la máxima representación de lo que llamamos un sistema democrático.
Noticias: ¿Entonces estamos eligiendo a nuestros propios dictadores?
Rosanvallon: Ese es el problema: que esta visión de la democracia es muy limitada. Es entender a todo el sistema como la capacidad de elegir para legitimar a un líder. Pero la legitimidad del gobierno debe ser ejercida no solo en lo inmediato, sino también en el mediano y en el largo plazo. Somos democráticos a la hora de elegir un presidente, pero nos faltan instituciones que regulen su ejercicio del poder. Hay una discrepancia total entre la democracia de la delegación de autoridad y la democracia funcional. Ese debería ser el próximo paso de la revolución democrática, fortalecer instituciones de control. Son muchos los casos donde la elección no es el camino hacia un gobierno democrático, sino hacia el autoritarismo. Putin en Rusia. Erdogan en Turquía. Maduro en Venezuela. La elección fue democrática, pero la democracia es mucho más que las elecciones. Desde las revoluciones francesa y norteamericana pareciera que democracia solo es sinónimo de elecciones libres.
Noticias: ¿Pero gobernar, por ejemplo, a través del parlamentarismo, no sería demasiado lento?
Rosanvallon: Sí. Sería lento. El parlamento no está diseñado para tomar decisiones sino para establecer leyes. Técnicamente, un Congreso es por definición un grupo grande y dividido; mientras que la toma de decisiones requiere de una voz única. Pero además, en el parlamento se diluye la responsabilidad sobre la decisión. Las responsabilidades son individuales. El grupo “per se” es irresponsable.
Noticias: ¿Entonces quién debería controlar al ejecutivo?
Rosanvallon: La tradición indica que debería ser el parlamento la primera instancia de control del poder ejecutivo. Hubo una época en que el ejecutivo era considerado un poder débil, dedicado exactamente a ejecutar, algo de importancia menor, en comparación con el peso de desarrollar las leyes, por ejemplo. En general, los Congresos tienen cierto poder de control. Pero en la actualidad, su rol se está redefiniendo.
Noticias: ¿Cómo es esa redefinición?
Rosanvallon: El rol tradicional del parlamento era crear y votar leyes. Sin embargo, en la actualidad lo que hace es aprobar o rechazar propuestas de ley generadas por el ejecutivo. En el proceso puede verse involucrada alguna clase de negociación, pero el elemento central sigue siendo la discusión sobre las ideas del poder ejecutivo. En algunos países se han incorporado procedimientos de aprobación más complejos, que solo sirven para generar la ilusión de que el parlamento tiene algún poder. Se discuten las leyes por más tiempo, pero no cambia el hecho de que el parlamento funcione como un accesorio del ejecutivo. Por eso, además de repensar el poder legislativo, es que se necesitan reforzar otro tipo de instituciones de control. Las tesorerías, por ejemplo, tienen un rol muy importante a la hora de controlar las cuentas y detectar posibles problemas de corrupción. Porque no solo se debe controlar las acciones, sino también la moral de los que ejercen el poder. En Francia, por ejemplo, se incorporó la obligatoriedad de una declaración jurada por parte de los funcionarios, para evitar el enriquecimiento ilícito. Pero más allá de las instituciones de control, lo que más hace falta para lograr un buen gobierno es tener ciudadanos y medios de comunicación activos. Ellos son los responsables de generar una atmósfera donde el gobierno se sienta controlado por la ciudadanía.
Noticias: ¿Pero la gente no se siente alejada de sus gobernantes?
Rosanvallon: Sí. Por eso los partidos políticos deben trabajar a nivel local, formando comités para controlar, por ejemplo, el uso del presupuesto en un municipio. Que los ciudadanos se sientan copropietarios de los lugares en donde viven. Esto es atractivo para los ciudadanos, porque en vez de ser una militancia partidaria tradicional, es una función de cuidado de sus propios intereses, de vigilancia sobre en qué se gastan sus propios impuestos.
Noticias: Ese es un concepto interesante: sentirse propietario. ¿La gente debe apropiarse de sus gobiernos?
Rosanvallon: Hay una expresión tradicional, “tomar el poder”, que está asociada a mecanismos electorales o a procesos revolucionarios. Sin embargo, tomar el poder debería ser algo natural: hacerse cargo de las decisiones de poder más cercanas a cada uno, para ejercer y para controlar a los que ejercen. Ya no se trata de “tomar” el poder por la fuerza, de invadir la Casa Rosada o el Palacio del Eliseo, pero sí de apropiarse del poder. De involucrarse.l

 

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