Libros / 28 de diciembre de 2015

La vida breve y el genio largo

“Una mariposa en la máquina de escribir”, de Cory Maclauchlin. Anagrama, 361 págs. $ 345.

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★★★★ La vida y la obra de John Kennedy Toole fueron a la vez muy breves, y excepcionales. En vida no publicó nada, aunque lo intentó con insistencia. Es más: parte de su decisión de suicidarse a los 31 años tuvo que ver con su supuesto fracaso como escritor. La ciudad de Nueva Orleans y sus personajes fueron la argamasa con la que elaboró “La conjura de los necios”, un clásico de la ficción quijotesca, humorística, barroca. Como suele ocurrir, su madre fue a la vez salvadora (ella logró un editor, una década después de su muerte) y culpable (por la presión constante que ejercía sobre el hijo).
Con esos materiales previos, resbaladizos (suicidio, estilo extraño para la ficción norteamericana, contradicción entre la simpatía desbordante y eficacia como profesor y una veta cada vez más onda de paranoia y melancolía) Cory Maclauchlin ha elaborado una sólida biografía.
No sólo presta atención a la familia del propio Toole, a los amigos y compañeros de trabajo en sucesivos sitios donde dio o recibió clases (en la propia Nueva Orleans, en Louisiana, en la universidad de Columbia). También presta especial atención, a la vez, a las ciudades, más específicamente Nueva York, Nueva Orleans y Puerto Rico, donde pasó la época de su servicio militar también dando clases, y donde la distancia respecto del conflictivo mundo familiar (el padre tuvo demencia senil precoz) le posibilitó escribir finalmente su aporte hoy clásico a la literatura del mundo.
La biografía tiene una actitud empática muy necesaria con un personaje así, contradictorio y genial, difícil de perfilar.
A medida que transcurren las páginas, el lector va estableciendo un punto de vista no muy distinto del que habrán tenido en su momento los numerosos personajes entrevistados.
El trabajo le llevó cinco años, y por suerte el resultado se destaca por el equilibrio con que están estructurados y mezclados los distintos niveles en un relato equilibrado. Incluso en la elección de la escena de cierre: un cielo plagado de estrellas que Toole pudo disfrutar al costado del camino en 1954, junto a un amigo que posibilitó reconstruirla mucho después, en este libro.

 

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