Salud / 7 de enero de 2016

Los secretos de la dislexia

Entre el 10% y el 15% de la población escolar la padece. Origen, detección y tratamiento. El proyecto de ley aprobado en el Senado.

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Los síntomas son sutiles y se manifiestan entre los 4 y 5 años de edad: los chicos arman oraciones con una sintaxis rara, no aprenden los nombres de los colores, tienen dificultades para enunciar los días de la semana y muestran incapacidad para cantar rimas infantiles. “Suele pensarse que se trata de chicos que aprenden lento. Incluso muchos familiares, con una sonrisa, dicen cariñosamente que `son un poco vagos´. Pero en realidad muchos de estos niños están sufriendo algo que los médicos consideran un Trastorno y los educadores analizan como una Dificultad Específica del Aprendizaje (DEA), más conocida como dislexia”, explica Gustavo Abichacra, director del Comité Científico de la Asociación Dislexia y Familia –DISFAM- de Argentina.
Según Abichacra, la dislexia no es una enfermedad sino una dificultad específica relacionada con el aprendizaje, que afecta a una persona con un coeficiente de inteligencia normal y sin ninguna discapacidad física o intelectual, “pero que experimenta dificultades en el campo del aprendizaje de la lectura”. Además de ser Jefe de Pediatría del Sanatorio Otamendi, Abichacra es el padre de Santiago, un adolescente con dislexia.
Para los especialistas durante el periodo vital de formación escolar temprana, los chicos con dislexia -o alguna de sus variantes- pueden sufrir mucho, debido a que esta disfunción para la lectura provoca frustración y discriminación. “Son problemas que les terminan afectando la autoestima y es una situación que supone un mayor riesgo de que sufran bullying, mayor tasa de depresión y de suicidios. Son situaciones que producen mucho padecimiento”, resume Abichacra, que todavía recuerda que era frecuente que lo citaran al colegio de su hijo para decirle “Santiago no demuestra interés” y “no tiene voluntad”.
Las dea. La dislexia se integra en un grupo de trastornos denominados DEA: Dificultades Específicas del Aprendizaje, que comparten una misma base problemática: si es sobre la lectura se la denomina dislexia, pero también existe la disgrafía (problemas para la escritura), la imposibilidad para hacer cuentas sencillas (discalculia) y las faltas de ortografía (disortografía). Casi el 80% de las DEA corresponden a dislexia.
¿A cuántas personas afectan estos trastornos que se manifiestan en la infancia y duran toda la vida? “En la Argentina no hay datos concretos sobre las DEA, apenas algunos estudios desperdigados hechos en unas pocas ciudades. Pero creemos que tenemos una tasa similar a la de otros países del mundo” le detalla a NOTICIAS Alberto Fernández, psicólogo y docente en la Universidad Católica de Córdoba. Y agrega: “Podríamos calcular que entre el 10% y el 15% del total de la población escolar tiene algún tipo de dificultad de esta categoría en el aprendizaje”. Eso significa que hay entre 4 y 6 millones de argentinos padeciendo esta problemática, lo que se traduce en entre 2 y 3 chicos por aula.
En una publicación del 2013 hecha por la Universidad Nacional del Litoral (UNL), la psicopedagoga Marcela Mendicino afirma que “los estudios indican que la dislexia afecta a entre el 5% y el 15% de la población total, en todas las geografías. Pero son valores que varían según el idioma, ya que a la hora de decodificarlos algunos son más transparentes que otros”. En el español, por ejemplo, los chicos con dislexia llegan a decodificar, y lo que genera más problemas escolares son la comprensión y la ortografía”, comenta la experta.
Según Mendicino, hace ya unos años la Asociación Civil “Aprendamos” y la Secretaría de Extensión de la UNL realizaron un estudio de prevalencia de esta patología, analizando la población de un grupo de escuelas privadas de la provincia de Santa Fe. Dicho trabajo concluyó que un 15% de los chicos presentaban algún grado de dislexia. Por otra parte, “cuatro de cada cinco niños con problemas de aprendizaje tienen esta dificultad, lo que la convierte en el trastorno del aprendizaje más frecuente”.
Lo que no faltan es famosos que la han padecido: entre otros Steve Jobs, Winston Churchill, Walt Disney, Bill Gates, Steven Spielberg y –en la Argentina- hace muy poco tiempo el actor Sebastián Estevanez descubrió que era disléxico, a partir del diagnóstico que recibió su hijo.
acción temprana. Según los expertos, la experiencia internacional demuestra que una intervención temprana, con un programa de estímulos específicos, hecha sobre los chicos de “riesgo”, logra que esta disfuncionalidad tienda a normalizarse. “Y las acciones preventivas se muestra más efectivas cuanto más temprano comienzan”, enfatiza Fernández.
Si bien los signos de riesgo son relativamente claros, no siempre es fácil distinguirlos. Los expertos afirman que los disléxicos suelen ser niños que no reconocen algunos colores, no logran recordar el nombre de sus compañeros, aunque sí ubican perfectamente sus caras. Y, además de tener dificultades con el ritmo de las rimas infantiles, no pueden completar ciertas actividades secuenciales simples, como cumplir una serie de instrucciones, que implican varios pasos sucesivos.
Justamente para poder saber con qué chicos es más necesario intervenir desde la psicología y el estímulo precoz, Fernández y su equipo acaban de desarrollar un test que permite evaluar quienes están en riesgo de dislexia ya desde una edad tan temprana como los cuatro años.
“Se nos ocurrió trabajar diseñando esta prueba porque en la práctica cotidiana del consultorio, recibíamos muchos chicos con este problema cuando estaban cursando quinto o sexto grado, y veíamos que venían arrastrando el tema desde el primero grado de la escuela primaria, sin que ni los padres ni los docentes supieran como detectarla a tiempo”.
La prueba que idearon se puede tomar en las salitas de jardín de cuatro años, y se completa en unos pocos minutos. Su resultado ayuda a distinguir cuáles son los chicos en riesgo de tener dislexia, porque el diagnóstico concluyente recién puede hacerse cuando se inicia formalmente el proceso de aprendizaje de lectoescritura.
“Pero lo bueno es que aunque el test nos de un falso positivo, saber que es un chico de riesgo puede disparar un tipo de intervención de estimulación temprana que es algo que no le hace mal a nadie, aunque finalmente no padezca este problema cognitivo”, se entusiasma el experto cordobés.
Y asegura que si el test da positivo, y se comienza con la estimulación, hecha por un profesional o docente capacitado, “los pequeños en riesgo de dislexia llegarán al momento del aprendizaje de la lectoescritura formal mucho mejor preparados para afrontar ese proceso”.
Fernandez recuerda que ya existen test similares, pero que estaban pensados para otros idiomas y culturas. Y por eso decidieron trabajar desde cero, desarrollando una prueba específica para la Argentina.
El test. Se basa en detectar una menor velocidad promedio para expresar los nombres de diversos objetos. Al chico evaluado se le muestran figuras dibujadas y el profesional registra el tiempo total que tarda en nombrarlas. Los resultados se obtienen en base a que los niños en riesgo demoran una mayor cantidad de segundos en poder completar el test.
De acuerdo con Fernández, la prueba ya está estandarizada y validada gracias a estudios de campo realizados con casi 800 casos. Y este ensayo de “riesgo” ya puede efectuarse con chicos de hasta tercer grado de escuela primaria. El test toma pocos minutos y lo puede completar un docente siguiendo un instructivo sencillo.
“Si bien muchas instituciones ya lo hacen en forma habitual, en general se trata de iniciativas particulares -destaca Fernández-. Nosotros creemos que lo ideal sería que esta prueba se tome con un formato de screening general, que se le realice a todos los chicos de cuatro o cinco años, para poder detectar el riesgo de dislexia e intervenir a tiempo”.
Además de la estimulación previa, desde DISFAM explican que es posible sumar intervenciones dentro del actual sistema educativo tradicional que son muy simples, pero que logran facilitar en mucho el proceso de aprendizaje de los disléxicos: “Hay estudios hechos en los Estados Unidos que demuestran que si se elige una tipografía apenas más grande que la usual, que sea de imprenta y con doble espacio entre cada letra, es posible que la persona con dislexia lea hasta un 20% más rápido y cometa un 50% menos de errores”, aseguran.
Todos estos puntos, incluyendo el hecho de que tanto los estudios de diagnostico como el tratamiento queden dentro de la cobertura del sistema de salud se reflejan en un Proyecto de Ley que impulsa la Asociación y que ya logró media sanción de la Cámara de Senadores.
“Nuestro proyecto propone una formación docente especial sobre todas de DEAs, y que se extienda a todos los niveles educativos del país. Pero también asegura la cobertura de diagnóstico y tratamiento de estimulación desde el sistema de salud”.
Un diagnostico de dislexia, hecho en forma privada, puede costarle a una familia más de 4.000 pesos. Y a partir de allí, las intervenciones son todavía mucho más costosas, cuantifican desde DISFAM. “Apenas un 10% de la población argentina puede cubrir lo que requiere esta patología con sus propios medios económicos y el otro 90% se queda afuera. Por eso buscamos que acá ocurra lo mismo que ya pasa en muchos países del mundo. En Islandia o Suecia. Chile y Uruguay, ya ofrecen cobertura para estos tratamientos y tienen planes especiales de estudio para los chicos con dislexia”.

 

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