Teatro / 8 de Enero de 2016

La vida que no llevamos

“Casa Valentina” de Harvey Fierstein. Con Fabián Vena, María Leal y elenco. Dirección: José María Muscari. Picadilly, Av. Corrientes 1529.

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★★★ “Para la mayoría de nosotros la verdadera vida es la vida que no llevamos”, afirmó el genial Oscar Wilde. La frase viene a la memoria al observar los personajes que pueblan “Casa Valentina”. Especialmente a Gogó (Roly Serrano), veterano del ejército, entrado en carnes, que no duda a la hora de asumir sus íntimos deseos y cita frases del mencionado autor irlandés.
La última pieza del dramaturgo y actor Harvey Fierstein (1952), estrenada en Broadway en 2014, está inspirada en acontecimientos reales. Situada en 1962, la acción se desarrolla en un refugio veraniego, donde el matrimonio de Rita (María Leal) y Renzo-Valentina (Gustavo Garzón), mantienen una especie de santuario, aislado de miradas indiscretas, al que concurren hombres heterosexuales, la mayoría casados y con hijos, pero cuyo goce privado es vestirse y actuar como auténticas mujeres, sin ninguna connotación sexual u erótica.
Hasta ese idílico edén llega el joven Lucio o Miranda (Nicolás Scarpino), recién casado, y en él confluyen deseos mezclados con los miedos del principiante. Allí es recibido por el grupo de “damas” que conforman la citada Gogó; una veterana y sabia Marga (Pepe Novoa) que añora tiempos idos; Pupe (Boy Olmi), cuya vida pública transcurre como juez; la seductora Gloria (Diego Ramos), que trasmuta el galán en una vamp estilo Jane Russell; y la activista Georgina (Fabián Vena), encargada de sacudir los frágiles cimientos de las amigas al pretender que salgan de la clandestinidad y asuman sus identidades ante la sociedad.
La trama tiene poco hueso, resulta estática, despareja, sensiblera y superficial en el intento de abordar la psicología del travestismo masculino y los vericuetos del amor.
José María Muscari no dotó al rico universo de estas criaturas de cierto misterio, refinamiento y profundidad. Por eso, librados a su suerte, dentro del curioso marco estético (el vestuario no responde a la época y parece diseñado por el enemigo), los eficientes actores reunidos carecen de marcaciones concretas, salvo deambular por el escenario o los pasillos de platea, efecto que resiente muchísimo sus interpretaciones. Sin embargo, sobresalen por mérito propio, las habituales solvencias de Vena (admirable), Novoa, Serrano y Scarpino.

 

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