Restaurante / 8 de enero de 2016

Nordelta vuela alto

Pichón. Avenida del Puerto 240, Bahía Grande de Nordelta. 4871-4363. Cocina . Martes a sábados de 19 al cierre. Reservas. Estacionamiento. Tarjetas. Precio promedio: $ 550.

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Los porteños vemos Nordelta como un planeta lejano e inaccesible y, efectivamente, basta visitar la bahía un sábado a la noche para sentirse en Miami o en algún amarradero del Caribe. Todo indica que el poder adquisitivo de los habitantes de la zona es alto pero, paradójicamente, las propuestas gourmet son muy pocas. Fue entonces, con buena visión de la oportunidad, cuando Pedro Rivero Segura y Amparo Baca Castex, una pareja de “nordeltenses” amantes de la gastronomía, dieron vida a su Pichón.
De grandes ventanales sobre la bahía, el espacio interior es completamente visible desde el exterior y llama enseguida la atención por su diseño. Hay un gran cartel luminoso con la palabra Pichón sobre la barra –con una buena provisión de whiskies y buenos tragos ideados por Pablo Graff, quién además oficia de anfitrión–, y distintos espacios para cada ocasión. Hay un salón privado para 12 personas llamado “El refugio”, un living para compartir con amigos –junto a una amplia chimenea que se enciende cuando el clima lo permite–, y mesas con privilegiada vista a la bahía. La cava está bien surtida, con una excelente selección de etiquetas, bien recomendadas y a precios razonables.
La cocina de Pichón está a cargo de Alejandro Goñi, quien recientemente nos deleitó en el original restaurante flotante de Puerto Madero, Kiria. Goñi practica una cocina estacional y de producto, con énfasis en la variedad de sabores y texturas además de la presentación (nunca verá un plato en la mesa, sí una piedra laja, una “rodaja” de tronco, una bandeja de hierro, de acuerdo con lo que inspire el producto en cuestión). La noche comienza con un amusse bouche –un bocado para “abrir el paladar”– que el día de nuestra visita fue un sorprendente gazpacho de kiwi con rabanitos encurtidos y avellanas. Entre las entradas se destacan el queso de cabra tibio con mermelada de tomates, remolachas asadas y almendras al curry, en sabroso contrapunto; el salmón con salsa de maracuyá y quinoa crocante, con un buen equilibrio de sabores y texturas; y el conejo confitado con frutas a vivo y algarroba.
A la hora de los platos fuertes, el magret de pato es una de las especialidades de la casa, en perfecta cocción (asúmalo, ¡es bien rojo o nada!) servido con peras neuquinas y vegetales baby. Hay una variedad de carnes, como el vacío en cocción larga con deliciosas croquetas de hongos y vegetales encurtidos, el garrón de cordero con rataouille de vegetales y frutas, y la bondiola de cerdo con frutos rojos y queso azul. También hay pastas, como los ravioles de brie con cebollas moradas y salsa verde y un plato vegetariano del día. Entre los postres –con sugerencia de maridaje de licores, otro detalle bien cuidado– un manjar la mousse de chocolate blanco con almíbar de rosa mosqueta, salsa inglesa de hibisco, crocante de coco y manzana con lima. La experiencia se completa con una caminata por la bahía.

Cocina ★★★★
Servicio ★★★★
Ambiente ★★★★★

 

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