Economía / 14 de Enero de 2016

El ajuste del tipo de cambio libera y contrae la actividad

Así como la devaluación dinamiza las ventas externas, implica un efecto negativo sobre la demanda interna.

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El impacto de la devaluación no es homogéneo a nivel sectorial. Como la escasez de divisas y la falta de acceso a dólares financieros y comerciales hicieron cada vez más fuerte la restricción externa, la administración de Mauricio Macri concretó la unificación del tipo de cambio oficial. Si bien esa corrección intenta resolver los problemas en el frente cambiario, también pretende recuperar parte del atraso incurrido en los últimos años que ha deteriorado la competitividad de los sectores transables (oferentes de divisas). En ese sentido, la mejora en la competitividad dinamizaría nuestras exportaciones: la mejora en la rentabilidad con motivo de la devaluación y la quita de retenciones se traduciría en un incremento en las ventas de ciertos bienes exportables, fundamentalmente aquellos vinculados con la agricultura, la ganadería y las economías regionales.
Pero así como la devaluación del tipo de cambio oficial dinamiza las ventas externas, al mismo tiempo implica un efecto negativo sobre la demanda interna. El salto cambiario tendría un traslado significativo en los precios de bienes y servicios, por lo que la aceleración de la inflación probablemente contraiga por un tiempo el ingreso real de los hogares y particularmente el de los sectores más vulnerables (que destinan buena parte de sus ingresos al consumo de alimentos y bebidas, rubro que treparía más que el nivel general de precios). Por tal motivo, en el 2016 el consumo se podría contraer. La inversión también retrocedería en el primer semestre. Sobre todo en el sector público. Como los principales esfuerzos van a estar dirigidos a traccionar el gasto corriente, el margen disponible para el gasto de capital será mínimo. Incluso previendo un plan integral de infraestructura -que podría ser financiado por organismos internacionales-, éste solo podría concretar en el 2017.
De esta forma, los frutos de la mejora en la competitividad y unas reglas de juego más claras se percibirían hacia el segundo semestre del 2016, cuando la corrección cambiaria muestre ser sostenible para los agentes y el plan de infraestructura comience a implementarse. De todas maneras, difícilmente alcance para compensar el desplome verificado en la primera mitad del año. En este sentido, es preciso distinguir que dentro del sector de la construcción el verdadero dinamismo provendría de nuevas obras, y no de lo que se considera mejoras y ampliaciones de viviendas, éstas últimas más vinculadas al consumo de los hogares. A su vez, esta dinámica en la actividad se vería reflejada por el lado de la oferta. Esencialmente, como en todo salto cambiario la producción de transables (bienes) se ven beneficiados por sobre los no transables (mayormente servicios).
A quién favorece. El sector más beneficiado y el de reacción más inmediata será el agropecuario, vinculado precisamente a la demanda externa. Si bien la actividad comenzaría a mostrar ciertos brotes verdes hacia la segunda mitad del año, éstos no serían suficientes para contrarrestar el efecto inicial de la devaluación sobre la economía.

 

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