Ciencia / 26 de Enero de 2016

Entrevista con Yuval Harari: Humanos casi eternos

De visita en el país, el historiador israelí hablo con NOTICIAS del futuro. Postergación indefinida de la muerte y naturaleza ignorada.

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Yuval Harari es historiador. Primero se especializó en el Medioevo y, tras doctorarse en Oxford, pasó a preocuparse por la macrohistoria, la disciplina que se dedica a contar los grandes procesos históricos. Fruto de sus estudios es el libro “De animales a dioses: breve historia de la humanidad” (Debate) que se publicó este año en la Argentina. En él explica que hay tres revoluciones que, en 70.000 años, han marcado la historia de la humanidad: la cognitiva, la agrícola y la industrial. En cada una de estas revoluciones el ser humano se reveló como el animal más mortífero del planeta.
Por eso Harari –actualmente profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén–, llama a no creerles “a los ecologistas sentimentales que afirman que nuestros antepasados vivían en armonía con la naturaleza”, porque eso nunca ocurrió. En otras palabras. No llevamos doscientos años matando al planeta, sino 70.000 años. En Australia y en América, hasta la llegada del hombre había canguros de dos metros, leones marsupiales, tigres dientes de sable, perezosos de seis metros. Pero todo fue volado por la mano del hombre hace miles de años. Entonces, ¿podrá aguantar el planeta mucho más?
“Hemos adaptado todo el planeta a nuestras necesidades y a nuestros deseos –responde Harari, de paso por Buenos Aires–, la vida silvestre en lugares como Argentina o Estados Unidos era mucho más rica que en África. Se estima que la mitad de todos los grandes mamíferos del mundo desaparecieron antes de la revolución agrícola, hace 12.000 años”.
Noticias: ¿El planeta tiene fecha de caducidad o podemos seguir destruyendo ecosistemas?
Yuval Harari: Dado el desarrollo tecnológico actual, estamos cada vez más cerca de esa fecha de vencimiento, cien o doscientos años más, con suerte, pero no vamos a destruir la Tierra con una catástrofe como una guerra nuclear. Lo que hemos logrado en los últimos doscientos años es increíble, pero lo que podemos lograr en los próximos doscientos años está más allá de nuestra imaginación. Considerá que hace veinte años nadie sabía lo que era Internet y hoy no podemos imaginar nuestras vidas sin Internet. Es probable que en los próximos cien años podamos lograr cosas que hoy las pensamos como de ciencia ficción. Los científicos y los eruditos están intentando crear inteligencia artificial que va a superar a la inteligencia humana; también se superará la mortalidad, y las personas podrán vivir de forma indefinida. Estas no son fantasías de escritores y cineastas: Google tiene una compañía que se llama Calico Labs, creada en 2013, cuyo objetivo público es superar la muerte y está invirtiendo miles de millones de dólares en investigación. No digo que eso lo vamos a lograr en veinte años, de ahí que nadie puede imaginarse cómo va a ser el mundo en cincuenta años. No es que la política o la economía vayan a ser diferentes, sino que los hechos más básicos de la vida cambiarán.
Noticias: Con la aparición del lenguaje ficticio “la historia declaró su independencia de la biología”, dice usted en su libro. ¿Cómo nos contamos las cosas y qué hacemos con lo que nos contamos?
Harari: El lenguaje no es propio de los seres humanos, casi todos los animales, las aves y los insectos tienen algún tipo de comunicación: transmiten información de dónde encontrar comida, qué peligros acechan, pero ese lenguaje sólo sirve para describir la realidad. Lo que es singular en el ser humano es que usamos el lenguaje para crear realidades ficcionales, que son muy importantes, porque son las bases de todas las redes de cooperación a gran escala. Si uno examina cualquier tipo de cooperación, en la base hay una creencia en la ficción. En las religiones es bastante obvio: si haces esto, te vas a ir al cielo o al infierno. Nunca le dirás a tu perro que no haga lío en tu casa bajo el argumento de que si no cumple eso se va a ir al infierno. El lenguaje ficcional se aplica a la política, a la economía, a los derechos humanos, a las corporaciones, todas ellas son ficciones. Si pensamos en los derechos humanos, al igual que la historia de Dios y el cielo, no es una realidad biológica, no está escrito en nuestro ADN. Es una historia buena, que ha beneficiado a la humanidad y mejorado la vida de miles de millones de personas, pero aun así es una historia inventada. Esa es la importancia de la ficción. Hoy uno puede decir que en el mundo las fuerzas más poderosas son entidades ficcionales, como las naciones y las corporaciones (Google, Peugeot, etcétera).
Noticias: Según usted, casi todas las calorías que alimentan hoy a la humanidad vienen de las plantas y animales que elegimos plantar y cuidar. ¿Lo transgénico sería la continuación de esa manipulación?
Harari: Es como una continuación del mismo proceso. Por supuesto hace unos años nadie sabía nada de genética; pese a eso las personas manipulaban las características genéticas de plantas y animales; preferían las vacas y los toros más dóciles, los mezclaban y así, después de muchos años, produjeron la vaca domesticada. Y eso continúa hoy: las corporaciones usan nuevos métodos para producir nuevas razas de ganado, vacas que sean más lecheras o que crezcan más rápido para que las puedan matar a los cuatro meses y ahorrar dinero. Y lo que conecta a ambos procesos es que todo está hecho para las necesidades y deseos de los seres humanos, ignorando las necesidades y los deseos de los animales. Para ellos, la revolución agrícola, que hoy es agroindustrial, fue probablemente el evento histórico más desastroso, porque la vida de la mayoría de esos animales empeoró notablemente. Uno podría decir que si hace una competencia entre todos los animales del mundo para ver cuál es el más miserable, la medalla de oro sería para los chanchos, las vacas o los pollos, que son tratados y criados en granjas industriales y no como animales con sentimientos, sino como máquinas para producir carne, leche, huevos.
Noticias: Y como contrapartida, entre los más felices está, como dice en el libro, el perro, que fue domesticado hace 15.000 años.
Harari: Es que el perro no fue domesticado para obtener comida, sino para ayudar en la caza y en la defensa. Durante estos 15.000 años los perros y los humanos se adaptaron mutuamente: los perros aprendieron a comprender a los humanos y a manipularlos. Un perro que no nos comprendía ni sabía cómo manipularnos, sencillamente no sobrevivía.

 

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