Mundo / 28 de Enero de 2016

España: El derrumbe del establishment

La irrupción de Podemos en el Congreso causó un revuelo por su estilo. La incredulidad de Rajoy y las complicaciones de la familia real.

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Iglesias, de camisa arremangada, arengando a sus diputados.

Alberto Rodríguez camina. El metro noventa y ocho de estatura hace que se destaque. Pero más aún llaman la atención sus rastas, una barba tupida y desprolija y un buzo con aspecto de viejo y sucio que por momentos se arremanga. El presidente, Mariano Rajoy, lo ve cruzando el emblemático Palacio de las Cortes (el lugar donde sesionan los diputados españoles) y no lo puede creer. Su cara de estupor queda retratada por un fotógrafo oportunista y se convierte en la tapa del ultraconservador diario español ABC. Una imagen que, sin dudas, quedará para la historia.
El debate está asegurado. De un lado, la política tradicional, de saco y corbata, que no logra asimilar el dress code de estos nuevos diputados, aunque el reglamento del Congreso no obligue a usar un vestuario determinado. Del otro lado, aquellos que se venden como la renovación, aunque por ahora sólo se trate de una cuestión de estilos. De hecho, no son pocos: en esta nueva conformación de la Cámara de Diputados española, que entró en funciones a mediados de enero, 79 congresales tienen menos de 40 años. Y el 60 % de sus escaños (218 de 350) están ocupados por gente nueva en la legislatura. Podemos, el partido que amenaza a la política tradicional, cuenta con 65 bancas.
“Las rastas son un peinado, como otro cualquiera”, se defiende Rodríguez en una entrevista con El País. “Hay diferentes peinados y formas de vestir que están reflejando en el Congreso la diversidad de personas que hay en el país, la de la gente normal y corriente, mientras que hasta ahora sólo se veía una parte de la sociedad”, completa.
El peinado enmarañado de Rodríguez fue el centro de la escena. Y, por supuesto, el blanco de las críticas de la oposición. La vicepresidenta del Congreso, Celia Villalobos lo cruzó: “A mi, con que lleven limpias las rastas para que no me peguen un piojo, me parece perfecto”. Luego, tras verse en el ring de la polémica, se arrepintió. Aseguró que su comentario había sido “estúpido e innecesario”.
Antes de que Villalobos les bajara el precio a sus primeras declaraciones, Rodríguez ya le había contestado: “No sé lo que pretendía con sus dichos. Pero nosotros no vamos a distraernos ni a entrar a valorar unas declaraciones que ya la gente está juzgando en las redes sociales”.
“Tiene 33 años y el pelo tan largo como Cristo, aunque en su caso lo lleva en forma de ‘dreadlocks’, esa especie de sogas gruesas propias del tocado rastafari que han popularizado los músicos de reggae”, lo presentó en un perfil el periódico ABC.
Pero Rodríguez no es el único miembro de Podemos que generó polémicas. Al grupo de revoltosos se suman el secretario general del partido, Pablo Iglesias. El diputado, de 37 años, también tiene un dress code que alarma a la política tradicional: usa el pelo largo, las camisas arremangadas y jeans. Sólo una vez al año se pone corbata, el Día de la Constitución (6 de diciembre).
Quien también causó un revuelo fue Carolina Bescansa. La flamante diputada entró al recinto con su bebé de seis meses y lo tuvo en brazos durante toda la sesión. Rápidamente las aguas se dividieron: de un lado los que defienden la actitud de Bescansa; del otro, un aluvión de críticas por exponer de esa forma a su hijo y no dejarlo en la guardería del Congreso. Originaria de una familia de la alta sociedad, la mujer decidió unirse al partido antisistema Podemos. Y, claro está, no le molesta ser el centro de atención.
“Durante los últimos 30 años la política española fue muy fácil de analizar, un bipartidismo compuesto por el PSOE y el PP. España tuvo una de las políticas más estables de Europa” explica a NOTICIAS Carlos Cué, corresponsal de El País. Y luego analiza: “Pero el 15M provocó un shock importante, fuera de las instituciones, que ahora se traduce dentro. La gente que estaba manifestándose fuera del Congreso hoy está adentro. Y entonces ahora deberán convivir dos mundos que están a miles de kilómetros de distancia. Por eso Rajoy, del alto funcionariado de toda la vida, está descolocado. Para él es una verdadera invasión”. La política no es el único tradicionalismo que está en tela de juicio, también lo está la familia real, salpicada por hechos de corrupción que involucran a la infanta Cristina (ver Juicio a la monarquía).
Escándalos. En 2011, el congresal José Bono criticaba a su compañero de banca. El motivo: entrar al Palacio de las Cortes de traje, pero sin corbata. Ese atuendo informal, decía, “va en contra de las normas de decoro recomendadas en esta Cámara”. Si Bono ocupara su escaño hoy, sólo cuatro años después, estaría al borde de un infarto al encontrarse con colegas como los de Podemos.
El Congreso español dispone de una guardería, que se instaló en 2006. Aun así, la diputada Bescansa quiso tener consigo a su bebé, Diego, e inclusive lo amamantó durante la sesión. “Es hora de llevar lo que hay en la calle a las instituciones y que esta Cámara se parezca más a nuestro país”, sentenció. Cierto es que lo de tener a su hijo en brazos durante la sesión no fue una pose especial. Bescansa, defensora a ultranza de la “maternidad con apego”, llevó a Diego a los actos de campaña y también a los estudios de televisión.
La lluvia de críticas llegó desde diferentes frentes. La diputada socialista Carme Chacón indicó: “Francamente no hacía falta. Me sabe mal porque hay muchas trabajadoras en este país que no pueden hacer esto”. Jorge Fernández Díaz, ministro de Interior del PP, lo llevó un poco más al extremo: “Es muy lamentable instrumentalizar a los niños con fines políticos”. “Asistimos a un espectáculo con utilización de un bebé. Se pasan al niño de mano en mano para la foto. Impresentable”, arremetió en Twitter la diputada de Coalición Canaria, Ana Oramas.
Por muchas razones, la presencia de Diego en la Cámara no pasó desapercibida. Fue de los más fotografiados, jugó en brazos de muchos congresales e, inclusive, recibió un voto como candidato a la presidencia del Congreso.
Antes de esta arremetida rebelde, la diputada Bescansa era conocida como una “niña bien” de Galicia. Su familia es de las más tradicionales del norte de España, de arraigadas convicciones conservadoras y dueña de Laboratorios Bescansa, empresa con la que hicieron una fortuna. El periódico ABC no dudó en calificarla como “la oveja negra de la familia”.
El caso del diputado Pablo Iglesias es más conocido. “El coletas”, como lo llaman en España, tiene mechones de pelo que tapan sus omóplatos. Usa jeans y camisas arremangadas en las que con frecuencia se dejan ver las manchas de sudor. Según sus detractores, hasta ese detalle es deliberado. Todo en Podemos tiene que ver con la forma de comunicar, con el hecho de parecerse y reflejarse en el ciudadano común. “Uso esta coleta desde los 15 años, ya me acostumbré. Si me la cortara no sería yo”, se defiende Iglesias.
El líder de Podemos es, también, la “materia gris” del espacio. Tiene 37 años y es licenciado en Derecho y doctor en Ciencias Políticas, premiado como el mejor de su promoción, en la Universidad Complutense de Madrid. Se mueve por Madrid en un Renault Clio y en una scooter. “Toda la imagen de Podemos tiene que ver con la creación de un relato. Inclusive, en su forma de crearlo, con rasgos similares a Venezuela o la Argentina de los últimos años”, asegura a NOTICIAS Cármen de Carlos, corresponsal de ABC. Y agrega: “La decisión de Bescansa con su bebé, la de Rodríguez con sus rastas y la de Iglesias con su coleta es la misma: provocar”.
Para de Carlos, la irrupción de Podemos y de Ciudadanos “agitó el avispero de la política tradicional”. “Les hizo abrir los ojos y despertar. Ahora saben que tienen que renovarse”.
Sin embargo, estos nuevos movimientos aún no pueden arrebatarle el poder a la política tradicional. “De momento, lo de Podemos es un conjunto de imágenes fuertes”, explica Cué. Y completa: “Para producir una verdadera revolución política, debería llegar a gobernar. La posibilidad de unirse al PSOE para mandar parece lejana. Es importante lo que lograron, entrando al Congreso con tantos diputados, pero para que no se diluya tienen que llegar a gobernar”.
Para algunos especialistas, la irrupción de estos movimientos ciudadanos juveniles podría provocar un nuevo destape español. Como aquel producido por el PSOE cuando llegó al poder y cerró la transición posfranquista. Sin embargo, de Carlos pone sus reparos: “Si bien hay rasgos comunes con aquel momento histórico, la transición no es tal. En aquel momento se pasó de un régimen dictatorial a uno democrático, con lo cual el salto aquí sería mucho menor”. Y concluye: “Sin embargo, para que sea equiparable aún le falta algo más importante a Podemos que sí lo tuvo PSOE en ese momento: llegar a ser gobierno”.
Por ahora, la reforma tiene más de forma que de fondo. La estética y los modos lograron la atención de los españoles. Habrá que ver hasta dónde soplan los vientos de cambio.

 

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