Salud / 3 de febrero de 2016

Cómo mantener una dieta saludable en vacaciones

El doctor Cormillot enseña algunos trucos anti-derrape. La clave: controlar el 50% de las comidas.

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Disfrutar de un par de semanas de vacaciones en la playa, previas al trajín laboral de todo un año puede ayudar a empezar un periodo de exigencias y actividades bien descansado y con mucha pila. Pero también puede convertirse en un momento vital muy poco saludable en materia de alimentación.
“Una típica semana de vacaciones de un argentino, significa que deberá hacer veintiocho comidas importantes”, reflexiona el doctor Alberto Cormillot. Y agrega: “Por eso creo que la primera recomendación clave sería que al salir de vacaciones una persona trate de cuidarse y de comer en forma saludable al menos el 50% de las veces. De no ser así, lo más probable es que vuelva del viaje con varios kilos de más”.
El director de la reconocida clínica especializada en nutrición aceptó el convite de Noticias para proponer opciones saludables que puedan ser llevadas a la playa y volver en un aceptable estado físico.
“Si pensamos en viandas saludables, el tema clave pasa por preparar buenas ensaladas y llevarlas con nosotros en una heladerita. Y la base de estas ensaladas en sumar y combinar cuatro rubros de alimentos: vegetales, legumbres, hidratos de carbono y proteínas.
Por supuesto, la receta básica de toda ensalada “seria”, está en la combinación de verduras. Esta parte es relativamente fácil, porque todo el mundo las conoce: verduras -y frutas- frescas, de diversos tipos y colores, ricas en fibra y, preferiblemente, de estación.
Pero, según Cormillot, se suelen olvidar los otros componentes: “las legumbres son muy saludables. Pueden ser arvejas, lentejas o porotos, una opción que –lamentablemente- en los últimos tiempos está cada vez más dejada de lado, pese a que son una alternativa muy buena”, reflexionó el experto.
Y ¿qué hidratos de carbono? Las posibilidades más simples -y a mano en el verano- son dos: agregar algunos croutones de pan tostado, o fideos (al estilo tirabuzón) fríos.
Finalmente las proteínas, que pueden sumarse desde una porción de queso light, atún, rollitos de kanikama, pollo en trozos o tiritas de carne roja, pero siempre de cortes magros.
Aderezos. Un punto que no hay que olvidar, según Cormillot, es que la ensalada sea realmente sabrosa. Y para eso hay que recurrir a los aderezos.
“Lo óptimo pasa por usar aceite de oliva, pero cantidades limitadas, para no pasarse con su aporte de calorías. Y otra posibilidad muy recomendable es combinar un poco de mayonesa light con mostaza o queso blanco descremado”. También propone recurrir a la pimienta, a las especies y al aceto, de manera de poder generar una ensalada con buen gusto, pero siempre minimizando el consumo de la sal.
El médico nutricionista también propuso otros elementos que se comercializan en muchas dietéticas y que “ayudan tanto a darle color como un sabor diferencial: las combinaciones de semillas. En ese rubro destacan las de sésamo, chía y lino”.
Snacks. Para el entretiempo, o cuando despunta el hambre y “todavía no es hora de comer”, Cormillot menciona que “se puede recurrir a un excelente snack, saludable y –además- práctico para transportar, debido a que tiene su propio envase natural: las frutas secas. En ese sentido, el médico destacó las nueces, las almendras y las castañas de cajú.
Por supuesto que con un verano de agobiante calor, es ya innecesario repetir lo importante que resulta la hidratación.
En ese sentido, su opinión es clara: “todo sirve”, siempre que no tenga azúcar ni alcohol. “Para completar los dos litros diarios que debemos ingerir se puede tomar té, café, mate, aguas mineralizadas o saborizadas, y también gaseosas; aunque éstas solo en sus versiones light”. Y también recomienda mucha fruta por su alto contenido en agua.
Según recomienda, para tener un buen balance metabólico de líquido, las bebidas con azúcar no son buenas por su alto aporte en calorías “y tampoco se recomienda las que tienen alcohol, porque se comprobó -en diversos estudios recientes- que a partir de cierta cantidad diaria comienza a elevarse, en forma significativa, el riesgo de padecer varios tipos de cáncer”.
La picada. Realista y conocedor del gusto argentino por las picadas en algún barcito playero, Cormillot rescató este clásico del verano y propuso una vuelta de tuerca: “entiendo que las vacaciones son para relajarnos y también para darnos un gustito con la comida, pero ¿porqué siempre elegir lo menos saludable? En lugar de pedir un plato de pescado frito y –además- acompañarlo de una gran porción papas fritas, es mejor pedir un pincho de pulpo, de langostinos o de camarones cocidos al vapor”. Además, según el médico, es posible decir que no a la papa frita, y acompañar el pescado con un sabroso choclo playero. “Pero -eso sí- sin cubrirlo previamente con una gruesa capa de manteca y sal que lo único que logra es aportar grasas y ocultar el buen gusto del maíz”.
No son las únicas opciones para disfrutar una picada de mejor calidad nutricional y menor aporte calórico. En las guías de la Clínica Cormillot se detalla que es posible combinar una con seis daditos de queso tipo fymbo light, tres fetas de jamón cocido, y otras tantas de lomito ahumado o pastrón, una cucharada sopera repleta de maní, un puñado de croutones hechos en base pan integral tostado y una decena de aceitunas verdes. Y acompañarla con dos vasos de gaseosa light. O, si la cerveza es infaltable, se puede sumar un porrón de la variedad sin alcohol.
Finalmente, el médico también saca un as de la manga: ¿qué pasa si el cuerpo “pide” una golosina? Un cuadradito de dulce de leche light, o una moneda de chocolate, el famoso “paragüitas”, una barra de cereal, y hasta una bananita –chica- de las clásicas cubiertas con chocolate.

 

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