Política / 6 de febrero de 2016

Máximo Okupa

La llegada de Máximo a su oficina en el Congreso y la primera reacción al conocer la ruptura del bloque del FPV.

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Sus lugartenientes se distribuyeron a lo largo del tercer piso. Tal vez porque desde el 2007 era territorio casi exclusivo del Frente para la Victoria cuando contaba con 120 diputados.

Como la oficina 340 tenía una faja de seguridad y se había cambiado la llave, los estrategas de Máximo Kirchner entraron por una puerta trasera y ocuparon en la madrugada el despacho que quería el jefe.

Andrés Larroque llegó a hablar de la violación de la soberanía del Frente para la Victoria. Había que recuperar la 340 por la fuerza y en beneficio del hijo del poder.

El diputado por Santa Cruz, que llegó a primerísima hora los días que estrenó su despacho, prácticamente no se enteró de la ruptura del ex ANSES Diego Bossio. Pero soltó una carcajada cuando le contaron que los camporistas hicieron público el número de celular de Bossio para que la militancia lo castigara.

Igual, Bossio ya trabaja con los gobernadores.

 

6 comentarios de “Máximo Okupa”

  1. Nunca tuvo un trabajo conocido, como el gordo Valor, tampoco creemos que lo tenga alguna vez, como el gordo Valor, ¿alguien se anima a encontrar las diferencias?

  2. La causa del pueblo exige nada más que hombres del pueblo que trabajan para el pueblo, no para ellos.
    En esto se distinguen los ambiciosos; en que trabajan para ellos; nada más que para ellos.
    Nunca buscan la felicidad del pueblo; siempre buscan más bien su propia vanidad y enriquecerse pronto.
    El dinero, el poder y los honores son las tres grandes “causas” los tres “ideales” de todos los ambiciosos.
    No he conocido ningún ambicioso que no buscase alguna de estas tres cosas…
    O las tres al mismo tiempo.
    Los pueblos deben cuidar a los hombres que eligen para hacer sus destinos…
    Y deben rechazarlos y destruirlos cuando los vean sedientos de riqueza, de poder o de honores.
    La sed de riquezas es fácil de ver.
    Es lo primero que aparece a la vista de todos.
    Sobre todo a los dirigentes sindicales hay que cuidarlos mucho.
    Se marean también ellos y no hay que olvidar que cuando un político se deja dominar por la ambición es nada más que un ambicioso; pero cuando un dirigente sindical se entrega al deseo de dinero, de poder o de honores, es un traidor y merece ser castigado como un traidor.
    El poder y los honores seducen también intensamente a los hombres y los hacen ambiciosos…
    Empiezan a trabajar para ellos y se olvidan del pueblo.
    Esta es la única manera de identificarlos… y el pueblo tiene que conocerlos y destruirlos.
    Solamente así, los pueblos serán libres… porque todo ambicioso es un prepotente capaz de convertirse en un tirano.
    ¡Hay que cuidarse de ellos como del diablo!

    EVA PERÓN

  3. Valientes en la lucha por Malvinas,digo,perdon me equivoque,por el despacho del primer trabajador Minimo,de Nuevo me equivoque,Maximo,Maximo,con la mejor exponente de nuestro partido a la cabeza, la griega Viky,con A.Fernandez llevando las banderas,todavia no se entero que perdio,adelante,adelante,votemos en contra de lo que proponga Macri,siempre en contra no importa el pais importamos nosotros y por supuesto el despacho que poseerlo es hacer patria.

    1. La causa del pueblo exige nada más que hombres del pueblo que trabajan para el pueblo, no para ellos.
      En esto se distinguen los ambiciosos; en que trabajan para ellos; nada más que para ellos.
      Nunca buscan la felicidad del pueblo; siempre buscan más bien su propia vanidad y enriquecerse pronto.
      El dinero, el poder y los honores son las tres grandes “causas” los tres “ideales” de todos los ambiciosos.
      No he conocido ningún ambicioso que no buscase alguna de estas tres cosas…
      O las tres al mismo tiempo.
      Los pueblos deben cuidar a los hombres que eligen para hacer sus destinos…
      Y deben rechazarlos y destruirlos cuando los vean sedientos de riqueza, de poder o de honores.
      La sed de riquezas es fácil de ver.
      Es lo primero que aparece a la vista de todos.
      Sobre todo a los dirigentes sindicales hay que cuidarlos mucho.
      Se marean también ellos y no hay que olvidar que cuando un político se deja dominar por la ambición es nada más que un ambicioso; pero cuando un dirigente sindical se entrega al deseo de dinero, de poder o de honores, es un traidor y merece ser castigado como un traidor.
      El poder y los honores seducen también intensamente a los hombres y los hacen ambiciosos…
      Empiezan a trabajar para ellos y se olvidan del pueblo.
      Esta es la única manera de identificarlos… y el pueblo tiene que conocerlos y destruirlos.
      Solamente así, los pueblos serán libres… porque todo ambicioso es un prepotente capaz de convertirse en un tirano.
      ¡Hay que cuidarse de ellos como del diablo!

      EVA PERÓN

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