Restaurante / 12 de febrero de 2016

Cool, panasiático y cosmopolita

El Quinto. Av. Del Libertador 6248, Belgrano. 4784-3205. Cocina asiática. Lunes a sábado, 8 a 1. Happy hour de 17 a 21. Reservas. Takeaway. Tarjetas. Precio promedio: $ 200.

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Ni tradicional japonés, ni nikkei, ni sushi bar. Así, por todo lo que no es, es como define Gonzalo Sacot (ex Sucre) su nuevo emprendimiento junto a Quique Yafuso (Haiku). Sin embargo El Quinto tiene un poco de todo lo anterior: se sirven dumplins chinos, Pad Thai tailandés, baos coreanos y sushi japonés. En el mundo este tipo de restaurantes se llaman panasiáticos y suelen ser grandes cadenas despersonalizadas, algo que no encaja con la identidad de El Quinto. Aquí la carta es corta, el producto fresco y la cocina artesanal. Además, la ambientación, industrial, despojada y cool, marca registrada del diseñador Horacio Gallo le da una impronta joven, moderna y de fuerte aire cosmopolita.
Su nombre hace referencia al quinto sabor: el umami. Es una figurita difícil comparado con los otros cuatro –dulce, salado, ácido y amargo– sobre todo porque se trata más de una sensación sutil provocada por el realce del sabor de determinados alimentos en la parte posterior de la boca. En El Quinto hacen referencia a su acepción más general: la experiencia de probar un alimento delicioso.
Lo mejor es comenzar con un trago y algo para picar. La coctelería, diseñada por Pablo Piñata (Mundo Bizarro) y recreada por Meli Manhattan (Verne Club) es un punto fuerte de El Quinto. Puede ser algo simple y refrescante como el Quintonic de gin, pepino, wasabi y agua tónica o un potente Muay Thai, de vodka infusionado en semillas de hinojo, Gran Marnier y bitterorange.
Sea al mediodía o de noche, no vaya con la idea tradicional de la entrada y el plato principal. Siga las costumbres alimenticias de los asiáticos y pida varias entradas y platos. Hay won tons de pescado blanco y salmón; bao (en realidad buns, ya que el pan está hecho al horno) con cerdo braseado con barbacoa, cebolla morada, pepino y cilantro; sabrosos dumplins de cerdo y langostino con salsa ponzu; ceviche con pesca fresca del día y mango verde; yakitoris (pinchos grillados de ojo de bife, pollo o cerdo). Excelente el Pad Thai (tradicional plato tailandés de fideos de arroz salteados, aquí con camarones, langostinos, chipirones y calamares), picante en su punto justo de tolerancia porteña.
Otra opción es complementar por el sushi. La barra está a cargo de Pablo Chiven, que propone volver a lo clásico pero utilizando variedad de pesca. No hace falta más para un buen sushi: anímese con el atún rojo, el pulpo, los langostinos, las huevas, el caviar, los pescados blancos y las ostras frescas. Descubrirá un mundo nuevo. También, según la inspiración Chiven, hay algunos especiales como el Okinawa roll con cerdo al miso y pepino, cubierto con mango y flambeado. Sorprenda a su geisha en el día de San Valentín.

Cocina ★★★★
Servicio ★★★★
Ambiente ★★★★★

 

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