Danza / 12 de Febrero de 2016

Para buenos paladares

Club Capo Cabana. Caviar. Dirección general: Walter Soares. Intérpretes: Walter Soares, Marcelo Iglesias y elenco. En el Maipo Kabaret (Esmeralda 443, CABA), de miércoles a sábado a las 21.30.

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CAVIAR ASEGURADO. Vestuario e interpretaciones de lujocon mezcla de humor, transformismo, absurdo, cine mudo, teatro, music hall, mímica y danza.

★★★★ Hay proyectos tan personalistas que su estrella se apaga con la de sus creadores. No es el caso del grupo Caviar, que presentó el primer espectáculo luego de la muerte de su fundador Jean-François Casanovas, en abril de 2015.
El sello inconfundible de Casanovas está presente en todo momento: desde el espléndido vestuario –cuidado hasta el último detalle– hasta el característico maquillaje cercano al cómic, y sobre todo, esa estética que mezcla humor, transformismo, absurdo, cine mudo, teatro, music hall, mímica y danza. La palabra –ausente– es reemplazada por play back que los artistas siguen a la perfección, y que les permite convertirse en miles de personajes enlazando una treintena de números, cambios de ropa milimétricamente calculados mediante.
Anticipando la estética del espectáculo, los artistas de Caviar pasean entre los espectadores que entran a la sala, dejando admirar la excelente factura de los impresionantes trajes, pelucas y maquillaje. Lo lúdico está siempre presente en este ‘Club Capo Cabana’: no hay un hilo conductor, ni una historia a seguir, y es ese su mayor mérito. Y es lo que nos permite admirar al elenco femenino en una versión ‘oriental’ de Anything goes, descubrir los compases de la “Serenata del burrito” de Friml enmascarados en un impar trío de cantantes, o sumergirnos en la brumosa atmósfera berlinesa para encontrarnos con una Marlene Dietrich de brazos desmesurados que observa caer las bombas a su alrededor como si fueran frutos de un árbol, todo sin solución de continuidad.
Walter Soares, compañero de escena y de la vida de Casanovas desde la fundación del grupo en 1981, fue el encargado de mantener el espíritu de Caviar y poner en marcha una receta tantas veces probada en estos treinta y cinco años, pero que mantiene su originalidad. Cada escena tiene como nexo a esa mujer exuberante, disparatada y caricaturesca encarnada por Soares: Carmen, una condenada que implora piedad al juez, la cumpleañera agasajada por tres galanes que le cantan “La flor de la canela”, todas son distintas facetas de un afiatado actor que lleva con éxito la antorcha del espectáculo.
La otra pata de ‘Club Capo Cabana’ es Marcelo Iglesias, otro histórico del grupo. Iglesias es un consumado transformista que, en las antípodas físicas de Soares, se saca chispas con él en el desopilante combate de dos dactilógrafas al son de “La máquina de escribir” de Leroy Anderson. Luego, vapuleará a un diminuto compañero en “Andate”, reprochará aspaventosamente a su hija embarazada, y será la figura central objeto de celos de un trío de cantantes pop, todo con igual talento y estilo.
Los más jóvenes integrantes de la troupe responden adecuadamente a los lineamientos de la compañía, con lo cual (y por suerte) tendremos Caviar asegurado para rato.

 

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